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Pasa la vida

La rojigualda y europeísta España de los Rubalcaba

Juan Luis Pavón juanluispavon1 /
12 may 2019 / 12:14 h - Actualizado: 12 may 2019 / 12:28 h.
  • La rojigualda y europeísta España de los Rubalcaba

El mismo día del fallecimiento de Alfredo Pérez Rubalcaba, el Rey Felipe VI primero sufrió en Barcelona el plantón de la alcaldesa, Ada Colau, y después acudió en Madrid al Congreso de los Diputados para rendir tributo de homenaje, admiración y respeto ante el féretro con los restos mortales del político socialista. Flanqueado por las banderas de España y de la Unión Europea. Al día siguiente, en la sede de la soberanía nacional, el anterior monarca, Juan Carlos I, lloraba la muerte de un ex ministro que, como secretario general del PSOE, encauzó su abandono de la jefatura del Estado. Y cuyo cortejo fúnebre, con el ataúd envuelto por la bandera rojigualda de la España constitucional, salió por la puerta grande del Parlamento a hombros de agentes de la Policía Nacional y de la Guardia Civil. Mientras le dedicaba una gran ovación un gentío en el que numerosas personas no tenían miedo a la libertad de responder ante los reporteros y cámaras de televisión sobre su particular identificación con un partido ideológicamente de izquierda, o de centro, o de derecha. Esa escena en la Carrera de San Jerónimo representa a las claras la impronta republicana de nuestro sistema democrático. Donde es más trascendental servir al Estado de Derecho que ser Borbón.

Es muchísimo más republicano el PP de Ana Pastor ejerciendo de presidenta del Congreso para honrar a un rival tan emblemático del PSOE, que el pertinaz postureo antimonárquico de Colau desmarcándose de la inauguración del Salón del Automóvil de Barcelona, que cumple 100 años, porque acudía el Rey. La inmadura edil que maneja la vara de mando en la ciudad donde personas como ella no quieren darse cuenta de lo que sucedería si Volkswagen dejara de invertir en Seat, es tan poco republicana que nunca tiene tiempo de apoyar a los habitantes de Barcelona perjudicados por los secesionistas. En su concepto de la 'res publica' hay lugar y tiempo para vincularse a todas las causas del mundo, pero no tiene cabida lo que de verdad le compete: defender desde el Ayuntamiento, y como ciudadana, a los vecinos y vecinas que son objeto de vetos, o acosos, o insultos, o vejaciones, o agresiones, o amenazas. Ya sean profesores universitarios, comerciantes, periodistas, policías, o representantes de partidos políticos. Para conservar el poder, su modelo de democracia es más reaccionario que la monarquía de Fernando VII: unos tienen impunidad para conculcar las leyes y ofender la dignidad del prójimo escenificando el uso de lejía a su paso, y los demás tienen que avenirse a tragar con todo, incluida la corrupción de la casta pujolista.

La resignificación de la bandera de España, como estandarte de un país cuya transición de la dictadura franquista a la democracia plena en el seno de las instituciones europeas fue considerada ejemplo a seguir en otras latitudes, va de suyo para autoridades republicanas como el primer ministro de Portugal, Antonio Costa, que viajó expresamente a Madrid con el fin de acudir a las honras fúnebres por Rubalcaba y valorar su contribución, tanto desde el Gobierno como desde la oposición, para erradicar el terrorismo de ETA. La rojigualda no es solo la bandera con la que celebrar los trofeos alzados por Íker Casillas, Pau Gasol, Rafael Nadal o Carolina Marín. Es la enseña de derechos y libertades antes inimaginables, como los certificados de matrimonios entre personas del mismo sexo. De juicios antes imposibles, como los que han llevado a prisión a Urdangarín, Rato y Barrionuevo. La bandera que hoy en día está tiznada de atributos despóticos es la estelada, esgrimida con ínfulas de liberación que en realidad encubren la sistemática represión a los catalanes que naturalmente son y se sienten españoles.

La muerte de Rubalcaba acrecienta la general convicción, expresada múltiples veces durante los últimos años, sobre la preocupante carencia, en la cúpula de los partidos, de políticos maduros con sentido de Estado y cultura de pacto con sus antagonistas. Acontece en puertas de elecciones municipales, autonómicas y europeas donde lo más importante no es lo que el escrutinio pueda influir en la carrera política de Sánchez, Casado, Rivera, Iglesias, Errejón, Colau, García Page, Gabilondo, De la Torre, Espadas, García Egea, Valls,... Los comicios municipales de ciudades catalanas como Barcelona, y sobre todo Barcelona, son las auténticas elecciones europeas del 26 de Mayo español. En el uso que se haga de sus ayuntamientos nos jugamos ser plenamente un país protagonista de la Europa líder de las libertades, o estar crecientemente lastrados por la involución que supone utilizar las instituciones de todos como ariete contra amplios sectores de la población.

La república que ahora toca vertebrar en este momento de la Historia es la de los Estados Unidos de Europa. Y lo crucial no es si en Suecia, en Italia, en España o en Alemania la jefatura del Estado nacional, que cada vez tiene menos funciones ejecutivas, es votada o es heredada. Es muchísimo más importante profundizar en un modelo de sociedad integradora donde nadie esté por encima de la ley, y donde nadie pueda convertir los votos en coartada para emular desde las instituciones los nuevos modelos de tiranía que afloran en el mundo de hoy.


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