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Paco Pérez Valencia: El MOMA espera al hombre más solo en la caja china

25 nov 2018 / 21:57 h - Actualizado: 25 nov 2018 / 22:00 h.

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He escogido esta “parafrase” que Miguel Ángel Robles le dedica a PACO PÉREZ VALENCIA, porque comparto lo que dice en el extraordinario texto que le dedica en su blog, en relación a un comentario en una conversación con él y porque me parece una de las claves que mueven la pintura y en general todo lo que hace este dinamizador del arte que es el ya consolidado artista sanluqueño-sevillano.

Que se vaya preparando pues Mr. Glenn D. Lowrry y todos los directivos y asesores del MOMA porque está claro que más pronto que tarde las obras de PPV (a partir de ahora) aterrizarán por allí, fuesen las últimas que haya hecho o cualquiera que pusiese de manifiesto todo lo que ha podido ir siendo como como pintor y significando como persona, desde que comenzó en la vida pública como museógrafo y como autor después, sin descartar sus otras facetas de profesor universitario, pedagogo, promotor, divulgador, comunicador, mecenas en cuanto a organizador de eventos relacionados con el arte y la solidaridad, con sus alumnos, con las instituciones en las que ha colaborado o colabora, “telepredicador” (vídeos por internet), articulista, conferenciante, speacker, misionero del arte,... ya que para él esto es como una fe, algo demasiado profundo que hay que compartir para un goce que no sólo es de los sentidos, sino mental, intelectual, espiritual, que parta y llegue a las emociones y a los afectos, pues es así como entiendo que funciona Paco además de destacar como sabemos todos lo que hemos tenido la suerte de tratarlo, sus muchas otras cualidades humanas.

Si yo dijera que es un apóstol de esta manera de cambiar el mundo a través del arte, él lo consideraría un elogio excesivo para su altruismo crónico, pero esto es lo que hace y en lo que cree, porque para él y todos los que estamos en esta escuela de la alegría compartida que es el arte, si este fuera capaz de cambiar la manera de entender las cosas o sólo una persona, se produciría una sinergia en gran parte de una sociedad cada vez más carente de valores que no sean los de intrascendentes o materialistas. Por esto, siguiendo con lo que entiendo que es su persona o su pintura -que son indivisibles- valoro ese algo que tiene que ver con esas otras cuestiones inmateriales, el pensamiento, las creencias, lo que no se ve y será lo que nos defina, y constituya su legado.

Paco Pérez Valencia crea desde el placer de vivir, de la gratitud por todo lo recibido, y por eso cada exposición es un acto de amor, de esa belleza interior que quiere compartir en la parte sensible de nuestro ser y que tanto pudor da el mostrarla porque podría poner de manifiesto una cierta vulnerabilidad no bien comprendida, porque lo que significa es todo lo contrario. Él no lo teme porque ha llegado -a cada paso que da en este camino de soledad y creación- a la esencia, que es ausencia de lo superfluo. La Exposición, lleva por título “El hombre más sólo” y ciertamente así es cuando se enfrenta a un lienzo, un papel en blanco, una pantalla, cualquier material que quiere convertir en forma, gestos, gritos, susurros, silencios, en todo aquello que nos llegue al corazón, al espíritu, y nos traspase.

Sí, Paco, viendo esta exposición, también yo quiero ponerme a la cola del MOMA porque esa es la ilusión de cada día, la esperanza de afrontarlo desde la responsabilidad y el humanismo, desde la suerte de residir en la vida misma. Para ello, debo ponerme también a la cola de la Caja China, la galería donde estará abierta su expo hasta el 15 de diciembre.

Paco Pérez Valencia: El MOMA espera al hombre más solo en la caja china

“EL HOMBRE MÁS SÓLO”

El Hombre más sólo -título que ha elegido PACO PÉREZ VALENCIA para su nueva exposición en La Caja China- no significa una renuncia al mundo ni a sus vagas ilusiones, sino un aislamiento voluntario que ha necesitado para ser él mismo y para trasladar a la obra todo eso otro que se deja atrás al cerrar la puerta del estudio. Alejarnos del ruido de la calle, las cuestiones de índole política, económicas, en definitiva de los otros (aunque también nos condicione), para situarnos frente a frente ante el espejo del lienzo y la representación.

Desde el punto de vista artístico, para PPV esta exposición significa un regreso a la pintura, al ruedo, después de haber ido y vuelto muchas veces desde tantos caminos en “el mundo” del arte. Con ella, una vuelta a la figuración y al expresionismo, movimiento al que siempre se ha acercado pero desde la abstracción.

Para llegar a esta síntesis, ha debido dejar atrás algunas de las clases que daba en Barcelona dentro del contexto de la Universidad Emocional, ese maravilloso invento suyo que afortunadamente todavía continúa y en el que todos hubiésemos debido inscribirnos -o seguir sus enseñanzas diferidas- esas que andan posándose en cualquier receptor lo suficientemente perceptivo para darse cuenta de que el arte es emoción o como la belleza convulsa de Bretón, no existirá jamás.

“El hombre más” sólo tiene dos lecturas: la que tiene que ver con la no integración circunstancial de cualquier ser vivo en una sociedad determinada, y la que necesita la soledad como elección aunque para ello deba renunciar a situaciones devenidas precisamente de la sociedad, que distraen de ese interior que se quiere volcar. Esta es la que ha elegido PPV como una devolución de todo lo recibido a través de su familia, colegio, facultad de Bellas Artes, ambientes profesionales, etc. Ocurre que este hombre tiene muchísimos amigos, una familia maravillosa ascendente y descendente, unos trabajos que le han satisfecho inmensamente, ...Ahora bien, a todos debe abandonar si pretende como ahora, mostrarnos el fruto de ese tiempo que nos ha privado de su presencia para convertirse en un monje que a partir del arte va a verificar la transformación del pensamiento en materia, vaciarse, volcarse, darse por entero. Y he aquí el resultado.

A rasgos generales, la exposición aunque unitaria, es susceptible de dividirse en 4 partes en lo que respecta a las ideas que las sustentan: las 18 de “El Hombre más solo”, los 27 “Dibujos salvajes”, el inmenso -desde muchos puntos de vista- lienzo de “La Gran Ola”, el también gran formato que puede considerarse punto de inflexión o transición “Capaz de cualquier cosa” y su “Mapa Emocional”. En o entre ellos plasma sus numerosos homenajes a sus referentes culturales y vitales, explícitos e implícitos en las obras: Pasolini, Camus y el tantas veces genial Paco Molina, y también Greta Garbo, Giacometti, Debussy, Gould, Rothko, Bolaños, Ford, Wayne, Turner, Goya, Cavafis, Primo Levy, Warburg, Shakelton, Cimino, Peckimpah, Chatwin, Homero, ... Enfín: la materia de los sueños. El eclecticismo que somos.

DIBUJOS SALVAJES, LA GRAN OLA, EL MAPA EMOCIONAL Y HOMENAJES.

Entrando en harina: Una exposición como esta no es nada fácil porque encierra muchas claves personales de un autor que para llegar hasta ellas ha debido purgarse, depurarse, desprenderse de sí mismo, hacer un viaje hasta las últimas razones de su arte, una especie de revolución interior de modo que esta sea la única vía de volcar esta catarsis o regeneración.

Cualquiera que conozca a PPV sabe de su buen carácter, de su delicadeza en el trato, de su alegría de vivir. Entonces ¿a qué vienen estas obras tan densas, oscuras, cargadas de dramatismo y negatividad?

Quien se cuestione esto, no está teniendo en cuenta que el arte -o uno de sus caminos más auténticos y por eso mismo descarnados- es una indagación diría que abismal, en los pensamientos y creencias de cada quien que se atreva a penetrar por estos senderos, que se van iluminando en la misma medida que se avanza, pero que suponen una caída sin red ni flotadores hacia las profundidades existenciales, porque el pintar o crear como es en su caso, supone interrogarse hasta dónde puede llegar expresando con manchas, trazos, líneas, imágenes y tipografía o lo que es lo mismo, quién es como artista.

También ocurre que parece que toda pintura (y todo arte en general) debe aludir a la belleza, a lo decorativo, y en consecuencia emplear unos colores y formas (aunque sean abstractas) que sean cálidos y por ende atractivos, y que las tonalidades oscuras y el expresionismo que estas evocan, o los otros estilos inclasificables porque definen a las creaciones personales -el feísmo incluso- no fueran también cualidades de la estética, cuando la mayoría de las veces es precisamente lo “bonito” lo que nos aleja del arte.

Siguiendo con esta serie de cuestiones ajenas por completo al hecho mismo de la creación, no parece como si la persona del artista, debiera ser idéntica a su obra (un autor alegre igual a obra alegre, etc.), cuando nada tienen que ver y en la mayor de las veces lo que sucede es justo lo contrario puesto que el arte supone un desdoblamiento, un transformismo, ese camino iniciático a los orígenes de lo que se es como persona y como artista.

La muestra actual de PPV supone una desmitificación de estos tres prejuicios para cuestionarnos con él, todo lo que han podido significarle estos años de encierro voluntario -fundamentalmente los dos últimos, aunque comenzara a plantearse este regreso a tantas cosas, en 2005- como una inmersión o reversión (mejor que revisión) de lo que ha querido ser desde que decidió optar por el arte o se dejara seducir o secuestrar por él. Un punto cero, un empezar de nuevo, para lo que es necesario ir hasta el principio, romper con todo mientras se va reconstruyendo.


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