lunes, 17 diciembre 2018
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Sacando los colores. 40 años de orgullo

la tribuna

12 ago 2018 / 19:28 h - Actualizado: 12 ago 2018 / 20:21 h.

Producida por el ICAS (Instituto de la Cultura y las Artes de Sevilla) y comisariada por David Rendo e Inma Otero, 25 artistas plásticos –24 pintores y un escultor– se reúnen hasta septiembre en el Espacio Turina para celebrar los 40 años de orgullo, especificando de una manera cronológica y didáctica (aunque hay que advertir que algo zigzagenante), los sucesivos hitos que se han ido produciendo desde 1978 –año de la Primera Manifestación LGTB en nuestra ciudad– hasta la actualidad.

No se especifican las fechas en las que están realizadas las obras, salvo las site specific que se han trazado a grafito y tinta sobre las paredes –y por tanto son actuales– de manera que no puede saberse si las demás están hechas en años anteriores o de cara a la muestra. Esto en principio cambiaría la perspectiva, porque hacerlo entonces presupone una valentía que roza o rebasa la heroicidad, y al cabo de 40 años aunque sigan teniendo sentido, se produce eso de lo que ahora se habla tanto y que es una distopía.

Sin discusión alguna, esta exposición era necesaria porque no se puede olvidar lo que ha ocurrido contra el colectivo y simplemente por eso, habría que incluirlo en una de las tantas que componen la Historia General de la Infamia, aunque hoy se contemple cualquier difamación entre los delitos de odio y exista también el derecho tanto al recuerdo como al olvido, sobre todo si se ha sufrido represión, el paso por psiquiátricos y cárceles, o tener que disimular de por vida el simple hecho de decidir con quien nos relacionamos, con o incluso sin sexo.

Abel Ippólito, Alejandro Rojas, Aurora Villaviejas, Ana Langeheldt, Ana Campos, Arturo Redondo Paz, Borja Galván, Cristina Martos Vela, Concha Jiménez Muñoz, Daniel Diosdado, Emilio Subirá, Inma Serrano, Israel Dias Iglesias, Gloria Garrastazul, José Luis Ágreda, Julio Serrano, Malandraki, Manuel Antonio Domínguez, Manuel Blanco, Neus Caamaño, Pablo Vallejo, Paola Vecchi, Pedro Delgado, Rosa Olea y Virginia Ogaña, a lo largo de la exposición, han hecho homenajes a personajes destacados en esta lucha por la igualdad, como La Esmeralda, La Veneno o el genial, excepcional y polifacético Ocaña, al tiempo que reflejan en sus obras con total libertad las opciones lésbicas, transexuales u homoeróticas, aunque se hagan en falta muchos más autores, revistas, asociaciones, en definitiva nombres que abrieron puertas desde todos los puntos de vista y por supuesto desde las artes.

A lo largo del recorrido y entre las obras, se van intercalando fechas significativas como las de 1978, año en que se despliega la bandera del arcoíris desde la Giralda o se da la noticia de la primera mujer trans en España; la de 1981, en que a partir del Primer Encuentro de Feministas Lesbianas del 80, estas ya se aceptan; la de 1983 en que la Ley de Peligrosidad Social se modifica para que la homosexualidad no sea escándalo público (proceso que se inicia en el 79); la de 1987 en el que tiene lugar (en Madrid) la primera Celebración del Orgullo y la inclusión de homosexuales en el Ejército; el paso atrás que supusieron los 90 por el VIH y el cierre de locales de ambiente; o las celebraciones a partir del 2000, devenidas de las Federaciones, el Europride o el World Pride.

Antes de pasar a otro análisis, destacaría la reproducción de la página del BOE del 6 de agosto de 1970, en que el Consejo de Ministros pasó a las Cortes, el Proyecto de Ley de Peligrosidad Social. Reforma de Vagos y Maleantes. Firmado por Franco en el Pazo de Meirás, dos días antes.

Hoy que los discursos de género están ya –o deberían estar– más que superados y sólo son un elemento más dentro de los programas electorales de los partidos políticos desde el momento en que empiezan las campañas y tratan de seducir a las ya paradójicamente mayorías minoritarias, el hacer una exposición del orgullo LGTB, lo que tiene ante todo es un sentido historicista.

El colectivo y sobre todo la sociedad –en la que incluyo a los heteros, pansexuales, axesuales, demisexuales, sapisexuales, skoliosexuales y antrosexuales– con o sin derecho a roce, hace tiempo que dejó de segregar a los humanos según su raza, credo, opción sexual, ideológica, etc. Por eso celebrar solo las opciones lésbicas, homoeróticas, bisexuales y transexuales, es como dejar atrás a otro montón de gente (hablando en términos coloquiales) que no tienen definido su interés por estos aspectos relacionados con la fisiología, la bioquímica, la endocrinología y la neurología humana (tampoco entremos en perversiones porque esto es muy serio), o que dejan atrás otras opciones que no sean las excluyentes como pueden ser los tríos (del mismo u opuestos géneros).

No voy a entrar con esto en la felicidad de las comunas hippies, en el amor libre, fou, promiscuo, idealista, etc. porque tampoco entendí el papel que estas desempeñaron antes, como por el contrario sí entiendo a las actuales dedicadas al arte, la artesanía, la ecología, la autogestión o la creatividad en general y se admita todo lo sugerido anteriormente sin ningún tipo de censura. La cuestión estaría en la integración de la sociedad hacia esas comunidades tan aparentemente utópicas –para nada lo fueron al final– como en su día fueron las de Tomás Moro o Proudhon.

Dicho esto, desde luego que no debe olvidarse jamás el sufrimiento, rechazo, marginación, burlas, internamientos en centros de salud mental, persecuciones policiales, ni todo tipo de vejaciones a las que fueron sometidos los pioneros que en una sociedad pacata, se atrevieron a proclamar públicamente lo que en verdad se sentían, y aunque aún queden algunos resquicios sobre todo con las lesbianas y los –o las– trans, porque entonces tendríamos que reivindicar lo que ha pasado –y pasa– en una sociedad patriarcal con las mujeres sin entrar ahora en cuotas, diferencias salariales, paridad, malos tratos o cualquier tipo de discriminación por leve que parezca.

Es por esto por lo que no me agradan las etiquetas, las cuestiones de género que nos clasifican, porque no comparto esa división entre heteros y homos, entre sevillistas y béticos, entre morantistas, padillistas o julistas... Son cuestiones muy serias que afectan a la sociología, a los sentimientos, al día a día de cada cual. Lo que me encantaría es que además de exposiciones como esta, existieran otras y organizadas por los mismos comisarios y en el mismo sitio, en que estuviéramos juntos e integrados definitivamente todos. Mujeres-mujeres, mujeres-lesbianas, mujeres-trans y hombres-hombres, etc.


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