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No me mires, no me mires

Será más difícil encontrar las caras de los candidatos por las calles. Haber defraudado al electorado con su incapacidad para formar gobierno es todo un obstáculo

11 jun 2016 / 19:36 h - Actualizado: 11 jun 2016 / 19:41 h.
"Elecciones Generales 2016","Mariano Rajoy","Pedro Sánchez","Pablo Iglesias","Albert Rivera","Alberto Garzón"
  • Versión catalana del cartel de C’s.
    Versión catalana del cartel de C’s.
  • El cartel secundario de Unidos Podemos.
    El cartel secundario de Unidos Podemos.
  • Captura del vídeo con el que arrancó la campaña del PSOE.
    Captura del vídeo con el que arrancó la campaña del PSOE.
  • El PP retira a Rajoy de sus argumentos gráficos en favor de sus eslóganes.
    El PP retira a Rajoy de sus argumentos gráficos en favor de sus eslóganes.

Ya no nos miran a los ojos. Los cuatro grandes candidatos han desaparecido casi por completo de la foto fija con la que arrancan las campañas electorales clásicas. Han caducado ya los fogonazos de flashes al dar las doce de la noche iluminando a los políticos mientras se remangan para pegar sus caras en las paredes de nuestras ciudades y pueblos. Ya no se llevan los chorreones de cola y a ningún periódico que se precie se le ocurre poner una foto tan anticuada en su portada.

Puede que sea eso, o puede que sea que los candidatos no se atreven a mirar a los ojos a aquellos que han defraudado tras haber sido incapaces de formar gobierno tras el 20D. Ya entonces Mariano Rajoy miraba a algún punto en el horizonte en su anterior cartel. En esta ocasión, está prácticamente inédito, tal vez porque sea difícil mirar aún más lejos o porque, realmente, el PP se está preparando al fin para el relevo generacional.

Pedro Sánchez continúa con su camisa blanca, esas que puso de moda el popular Esteban González Pons, aunque el socialista le da un toque goyesco con sus mangas remangadas («a trabajar»), una marca que ya lleva Pablo Iglesias en el carnet de identidad. Sánchez también ha dejado de mirar al espectador y ahora mira al tendido, casi con la mirada perdida, sonriente. Mira hacia la derecha, eso sí, pero suponemos que es un gesto de cara al porvenir, nada más.

Por su parte, Albert Rivera también ha retirado la mirada, aunque no demasiado, sólo unos cuantos grados para no evocar artificialidad, al fin y al cabo está saludando a una multitud.

En Unidos Podemos han optado directamente por eliminar personalismos en sus carteles. Es cierto que es muy complicado bregar con la competencia que podría surgirle a Iglesias con el rostro de Garzón, líder que le ha ganado de sobra en el CIS. La formación de izquierdas tiene básicamente dos tipos de cartel. El principal (que en realidad se forma juntando dos, uniendo el corazón que le sirve de leit motiv) hace lucir el nombre de la formación, que de por sí ya es un mensaje. Añaden además el lema «La sonrisa de un país», una declaración de intenciones de alejarse de una campaña bronca... especialmente en relación a los socialistas, a los que Iglesias continúa lanzando el guante del pacto.

El cartel secundario, más centrado en el mensaje de optimismo, contiene una colección de caras de los protagonistas de la coalición. Iglesias se mantiene en el centro de una diagonal que rematan Garzón y Errejón a izquierda y derecha, respectivamente, con otras caras como las de Ada Colau y Carolina Bescansa, esta última uno de los grandes activos de la formación morada, lanzada a la fama desde que llevó a su bebé al Congreso, pero bien consolidada a base de desarrollar contenidos y argumentos al mismo nivel que Errejón o Echenique. La pudimos ver el pasado jueves en el debate a cuatro contra Robles, Arrimadas y Levy, poniendo contra las cuerdas a la representante del PP. Por cierto, llama la atención que no se hayan renovado las fotografías de Iglesias y Garzón, son las mismas que las usadas en el 20D. La idea era ahorrar, pero, ¿tanto?

El concepto del pacto se muestra explícito en el lema de Ciudadanos: «Tiempo de acuerdo, tiempo de cambio», un mensaje que deja a las claras que los naranjas quieren seguir siendo compañeros de viaje de los rojos.

Los azules, el Partido Popular, han despojado a Rajoy de todo protagonismo. El gallego no funcionó nada bien en cuanto a imagen en la pasada campaña, manteniendo un perfil gris, aburrido y previsible, incluso jugando al futbolín con Osborne. El principal argumento gráfico del PP es la tipografía rotunda de su lema «A favor», un eslogan algo frío, que intenta trasladar la negación a sus ya principales oponentes: Podemos. Tal vez resulte demasiado simple y con poca llegada este gélido diseño, pero sí está bien desarrollado en soporte digital, en el que el partido de Rajoy ha mejorado ostensiblemente respecto a su parco trabajo de cara al 20D.

El mensaje positivo es también el sencillo argumento de los socialistas, en cuya cartelería luce, de manera redundante, un «Vota Sí» y «un Sí por el cambio». El cartel del PSOE da un paso atrás respecto a su anterior propuesta, en todos los sentidos, empezando porque se cae en un mensaje repetido hasta la saciedad y terminando por el poco cuidado puesto en el diseño, usando fuentes tipográficas casi tan antiguas como el propio partido.

En esta campaña veremos pocos carteles, pocas vallas, pocas marquesinas con las caras de los candidatos. Visto el escaso entusiasmo en la búsqueda de eslóganes impactantes, todo apunta a que la televisión y las redes sociales acapararán el protagonismo... Y también los factores decisivos. Los candidatos se ven abocados, de esta manera, a improvisar, a tener adaptarse con agilidad a un chiste de Pablo Motos o a responder con ingenio en Twitter a los lenguaraces más respetados. La batalla de la imagen la ganará el que más cintura tenga y el que sepa equilibrar su discurso entre la solidez de sus mensajes de ideario y la diplomacia -ahora sí- que les tiene que servir para pactar a partir del día 26.


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