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Cultura

"De Sevilla echo de menos la alegría; y de más, esas aceras tan estrechas"

El autor jiennense volverá el mes próximo a la capital hispalense, donde residió muchos años, para pregonar la Feria del Libro y presentar su última novela.

el 05 abr 2012 / 19:15 h.

  • -Su pregón este año en la Feria del Libro de Sevilla es de los más esperados que se recuerdan. El público de aquí va a recibirle como al hijo pródigo...
    -La verdad es que estoy encantado. En realidad nunca me he ido del todo, pero me hace ilusión, obviamente, pregonar la feria del libro más bonita de España, en un marco como el de la Plaza Nueva.


    -¿Cómo ha cambiado su idea de Sevilla desde que se instaló en Barcelona?
    -Siempre con otra perspectiva se ven las cosas de un modo diferente, saltan a la vista virtudes y defectos ocultos...


    -Por ejemplo, ¿extraña algo, especialmente?
    -La cordialidad, la alegría, esa vida que si quieres es provinciana, pero que resulta enormemente hospitalaria.


    -¿Y echa algo de más?
    -Bueno, yo soy un enamorado de toda Sevilla, pero curiosamente me he dado cuenta de un defecto que no hay en otros lugares: esas aceras tan estrechas del centro, que no te permiten ir conversando con nadie al mismo paso. Pero es evidente que priman sus aspectos positivos.


    -En su última novela, Últimas pasiones del caballero Almafiera (Planeta), hay un apéndice histórico, de los que parecen haberse puesto de moda. ¿No basta la ficción?
    -El lector moderno lo agradece: además de divertirse, quiere saber. Quiere descubrir si algunas cosas que parecen exageradas sucedieron así. Nunca ha habido tan buenos historiadores, pero los políticos falsean la historia, por eso tenemos tantas historias de España como autonomías.


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    ¿Cómo se las apaña uno para hablar como un señor del siglo XIII?
    -Siempre trato de rebajar un poco el idioma, como hice en El unicornio. Creo que el ambiente tiene que ser verdadero, pero el lenguaje no puede ser un impedimento, debe entenderse.


    -Precisamente van a cumplirse 25 años del premio Planeta de En busca del unicornio. ¿Cómo recuerda aquello?
    -Para mí hay, desde luego, un antes y un después de aquella novela. Me cambió la vida, me hizo escritor. Desde entonces, creo que he seguido un camino de cierta coherencia, haciendo lo que le gusta leer al lector, y también lo que me gusta escribir a mí. Al Planeta le estoy profundamente agradecido, aunque esta sea una profesión menos glamourosa de lo que parece, que exige también su rigor y sus horarios.


    -¿Volverá a aparecer la capital hispalense en sus novelas?
    -A Sevilla le he dedicado ya varios libros, abordé su siglo XVI en El comedido hidalgo, la Guerra Civil en Señorita, y la actual en Statio Orbis... Sí, me gustaría escribir otra novela sevillana, pero que esta vez fuera una novela coral. Me apetece una historia que contenga muchas historias, con muchos personajes.


    -Bueno, no vamos a meterle prisa, ahora que acaba de publicar su Almafiera...

    -No, no, tengo por costumbre que el mismo día que acabo un libro, empiezo el siguiente. Pero en este momento lo que tengo entre manos es la documentación para un ensayo sobre la Historia del mundo, contada para todos...


    -Volviendo a En busca del Unicornio, la novela en cierto modo abrió la puerta a la novela histórica en España. ¿se considera un precursor?
    -No, en absoluto. Sólo tuve la suerte de aparecer en un momento en el que, efectivamente, empezaba a haber un espacio importante en el mercado para este tipo de narrativa. El que abrió el camino, un año antes, fue Umberto Eco con El nombre de la rosa. Eso de recrear episodios históricos en la novela siempre se había hecho, pero nosotros empezamos a ponerlo en práctica sistemáticamente, y a fidelizar a un público.


    -Lo cierto es que todos los best-sellers actuales le consideran un maestro.
    -No, es una cuestión generacional. No soy mejor que nadie, a lo sumo empecé antes, tengo más recorrido, es lógico que me tengan consideración. Pero somos todos maestros y todos discípulos. Todos somos colegas.


    -¿Qué opina del desprestigio en que parece haber caído el género?
    -Como en toda literatura, no se puede descalificar a todo un género. Acordémonos del desprestigio que sufrió la novela policíaca, que goza de una salud excelente. Lo único que hay son obras conseguidas y obras fallidas.

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