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La autoridad de Halffter

Programar juntos a Chaikovsky y Rachmaninov potencia la desafortunada teoría que algún geniecillo lanzó antaño.

el 25 may 2013 / 10:58 h.

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15º concierto XXIII temporada de abono de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Fecha: Viernes 24 de mayo de 2013. Akiko Suwanai, violín. Pedro Halffter, director. Programa: Concierto para violín en Re mayor Op.35 de Chaikovsky; Sinfonía nº 3 Op. 44 de Rachmaninov. Teatro de la Maestranza. Si en marzo una violinista japonesa nos deleitaba con el Concierto nº 2 de Prokofiev y Halffter dirigía La isla de los muertos de Rachmaninov, de nuevo una acróbata del violín y la maestría de Halffter con el compositor ruso protagonizaron el penúltimo concierto de esta temporada. Programar juntos a Chaikovsky y Rachmaninov potencia la desafortunada teoría que algún geniecillo lanzó antaño y hoy se ha convertido en dogma de fe de que el segundo es una mera proyección del primero, despreciando la influencia que Rachmaninov tuvo entre quienes cultivaron su estilo rapsódico; pero también brinda la oportunidad de compararlos y desmentirla. Esta Sinfonía por ejemplo parece ser el modelo escogido por el también ruso Dimitri Tiomkin en sus bandas sonoras evocadoras de ambientes irreales, fantásticos y evocadores. La versión de Halffter es inmejorable, enérgica y apabullante, siempre atento a la transparencia y el detalle, evidenciando una autoridad inatacable en la materia. Si Halffter grabara más, sus discos de Rachmaninov serían de referencia. Curiosamente las dos partituras seleccionadas en este concierto se gestaron a orillas de los lagos suizos, pero la de Chaikovsky se limita a un virtuosismo propio de gimnastas, lo único a lo que pudo aspirar Akiko Suwanai, de sonido ni aterciopelado ni áspero, sino intermedio entre bucólico y sobrenatural. A destacar el estupendo trabajo del flautista Vicent Morelló en ambas piezas. Por cierto, siguiendo con la música de cine, les invito a comparar el primer movimiento del concierto de Chaikovsky con la oscarizada música de Elegidos para la gloria de Bill Conti, todo un plagio.

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