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Cultura

Los dioses del metal también cumplen años

Judas Priest, matizados por el tiempo pero aún vigorosos, fueron capaces de levantar a su público.

el 18 may 2012 / 22:50 h.

Un momento del concierto.

Dejémoslo claro de entrada: asistir a un concierto de puro heavy metal a estas alturas del siglo XXI tiene algo de grave anacronismo, y al mismo tiempo puede resultar un ejercicio conmovedor. Anoche, los británicos Judas Priest, pioneros del género, defendieron en el Auditorio Rocío Jurado de Sevilla -que no llegó a llenarse del todo- un repertorio que llevan acumulando casi cuatro décadas, de ahí que toda su actuación tenga algo de arqueológico. Y, al mismo tiempo, no deja de emocionar que algunas de sus canciones conserven un destello de rabia, de rebeldía, que se antoja de lo más acorde con los tiempos que corren. Especial mención requiere la presencia sobre el escenario de Rob Halford, cantante de más de 60 años y cráneo mondo y tatuado que sigue estremeciendo a sus fans con agudos salvajes.

Tras las monótonas actuaciones de los teloneros U.D.O. y Blind Guardian aparecieron sobre las tablas con puntualidad británica Judas Priest rodeados por un escenario que representaba una serie de chimeneas industriales, guiño a la producción de British steel [acero británico] que dio título a uno de sus más célebres álbumes. Rapid fire dio paso al himno Metal gods, y casi sin transición llegaron a Heading out to the highway y Judas rising.

A esas alturas, entre llamaradas extemporáneas y proyecciones más bien pobres en pantalla gigante (pero tampoco tanto) quedaba patente que los incondicionales de los Judas disfrutaban como locos con sus guitarras agresivas y sus ritmos machacones, pero aquellos que no lo fueran tanto corrían el riesgo de deslizarse peligrosamente por la rampa del tedio.

Tuvo que llegar un clásico como Victim of changes para que el concierto cogiera el vuelo y la temperatura deseables, a pesar del atroz sonido que caracteriza al Auditorio. Pero ahí están los Judas matizados, vigorosos pero no aburridos, los que conquistaron la escena metalera en los 80.

Su versión del Diamonds & Rust de Joan Baez y su poderoso Nightcrawler enardecieron al respetable y lo pusieron en disposición de disfrutar de una óptima recta final, para la cual reservaban los británicos sus platos fuertes: Breaking the law, Painkiller, The Hellion, Electric eye o Hell bent for leather, auténticas divisas de una banda que, si bien se halla en el ocaso de su carrera (el nombre de la gira, Epitaph tour, no deja de ser una declaración de intenciones), demostró anoche que antes de ingresar para siempre en la leyenda es todavía capaz de poner a saltar a unas cuantas miles de almas. El abuelo Halford todavía no debería echar los papeles de la jubilación.

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