jueves, 19 enero 2017

Cuando los buenos se juntan... (2-0)

LA CRÓNICA. El Betis abre 2017 con una importante y necesaria victoria ante el Leganés con un juego que sólo fue convincente en el segundo tiempo. Marcaron Rubén y Piccini, pero el mejor, otra vez, fue Dani Ceballos

08 ene 2017 / 18:22 h - Actualizado: 08 ene 2017 / 22:49 h.
  • Cuando los buenos se juntan... (2-0)
    Rubén Castro marcó el 1-0. Es su octavo gol esta temporada.

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El Betis inauguró 2017 con una victoria sobre el Leganés que le sirve para ganar un amplio margen sobre la zona de peligro, nueve puntos. Su fútbol sólo sigue siendo convincente a medias y su posición en la tabla sólo sigue siendo la decimocuarta, así que un buen resultado jamás de los jamases debe derivar en un análisis triunfalista. Otra cosa es que los tres primeros puntos del año y esa ventaja sobre el abismo sean un punto de inflexión que permita al Betis, desde la tranquilidad clasificatoria, mejorar su nivel de juego, corregir sus muchos defectos y aprovechar de una vez por todas el talento que tiene, que lo tiene aunque aparezca de pascuas a ramos. Es la misma reflexión que genera cada victoria verdiblanca. El problema es que hasta ahora no ha habido manera humana de que el equipo avive esa esperanza porque cada resultado positivo siempre fue el prólogo de una derrota, de una desilusión. Y el sábado visita al Atlético de Madrid...

El conjunto de Víctor Sánchez del Amo venció al Leganés y corroboró su magnífica trayectoria en el Villamarín gracias a una segunda parte notable que compensó el horror que había sido la primera. Si algún aficionado pensaba que los suyos dominarían y serían claramente superiores por ser el rival quien era, se equivocó. El conjunto madrileño se plantó en el partido con más ganas de tratar bien la pelota y los verdiblancos, fieles a la filosofía que Víctor estableció desde su fichaje, se dejaron querer. Hasta el descanso fue un Betis titubeante, inseguro con el balón en los pies y anodino. Es decir, como el de casi toda la temporada. Champagne, un portero argentino de espumoso apellido recién fichado por los pepineros, no sufrió en la primera mitad porque su enemigo no chutó entre los tres palos ni una sola vez. En el mejor de los casos lo intentaron Durmisi y Dani Ceballos, con remates altos como denominador en común, y Rubén Castro sólo tuvo una opción medio potable, tras un centro de Rafa Navarro que cabeceó fuera (23’). Para colmo de males, Sanabria se lesionó cuando parecía el único empeñado en hacer algo diferente para romper la tónica de aburrimiento generalizado. Por suerte para los verdiblancos, el Leganés se comportó como un grupo ordenado y con buenas intenciones pero con cero punch ofensivo.

El Betis se marchó al vestuario entre las protestas de sus fieles, que ya tiene mérito esa lealtad a quien tan poco les da a cambio. En la segunda parte, sin embargo, su paciencia tuvo premio porque se encontraron con un equipo muy diferente al del primer tiempo. Y no hay que ser Premio Nobel de nada para explicarlo o entenderlo: simplemente apareció Dani Ceballos. En cuanto el canterano se plantó en el círculo central y dijo ‘aquí estoy yo’, el partido fue otro. Antes había estado bien tapado, pero su talento es tan grande que era cuestión de tiempo que desequilibrase la contienda. Y además tuvo el mejor aliado posible para empezar a inclinar la batalla a su favor: Rubén Castro. Ocurrió en el 51’: el 10 controló el balón en la línea divisoria, oteó el horizonte, vio el hueco por donde el 24 se disponía a coger la espalda al lateral y le mandó el pase preciso al sitio exacto. La definición del pichichi estuvo a la altura de la asistencia, dicho sea de paso.

A partir del 1-0, el encuentro sólo tuvo un dueño. El Leganés inquietó a Adán en una falta que Timor envió junto al poste (55’) y un remate de Unai que Pezzella desvió levemente (63’), es verdad, pero en realidad no hubo más color que el del equipo de Víctor. Primero aguantó la lógica pero inofensiva reacción del adversario pertrechándose detrás y después se encomendó de nuevo a Dani Ceballos, cuyo liderazgo, el que algún entrenador descerebrado tuvo a bien quitarle, ya es innegable. Y si el jugador más talentoso de la plantilla, que lo mismo organiza a sus compañeros que corre 50 metros hacia atrás para tapar una peligrosa internada de Machís, se junta con el delantero más goleador de la historia del club o un buen lateral zurdo (y faltaba Joaquín...), la consecuencia es que hasta los demás son mejores de lo que parecían. Fueron minutos de buen juego colectivo en los que Jonas Martin rozó el 2-0, pero el que lo marcó fue Piccini tras una asistencia de Álex Alegría, que por cierto hizo bien casi todo lo que hizo. El italiano no lo celebró. Había sido pitado cuando sustituyó a Rafa Navarro y también al cometer una pérdida en el centro del campo, así que lanzó cierta mirada desafiante a los aficionados. Una parte se lo recriminó, pero ante la otra, la mayoritaria, se redimió. A ver si el Betis también se redime de todo lo malo que ha hecho y hace bueno eso de ‘año nuevo, vida nueva’.

REAL BETIS: Adán; Rafa Navarro (Piccini, m. 69), Bruno, Pezzella, José Carlos, Durmisi; Jonas Martin, Petros (Brasanac, m. 65), Dani Ceballos; Sanabria (Álex Alegría, m. 36) y Rubén Castro.

CD LEGANÉS: Champagne; Víctor Díaz (Gabriel, m. 58), Bustinza, Mantovani, Insúa, Adrián; Unai López (Rubén Pérez, m. 77), Alberto Martín (Omar Ramos, m. 52), Timor, Machís; y Guerrero.

Goles: 1-0, m. 51: Rubén Castro. 2-0, m. 84: Piccini.

Árbitro: Estrada Fernández (Comité Catalán). Amonestó a Mantovani (14’), Petros (29’), Alberto Martín (37’), Bruno (58’), Unai López (60’), Omar Ramos (73’), Bustinza (78’) y Gabriel (82’).

Incidencias: partido de la 17ª jornada, disputado en el estadio Benito Villamarín ante 36.328 espectadores.


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