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In fraganti

Policía científica de Sevilla, eficacia contra los ‘malos’

A la memoria de José Arias Galán, primer Comisario-Jefe en Andalucía de la Policía Científica (1972-1979)

Juan-Carlos Arias jcdetective /
06 feb 2021 / 04:00 h - Actualizado: 06 feb 2021 / 04:00 h.
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  • Agentes de la Policía Científica. / El Correo
    Agentes de la Policía Científica. / El Correo

Con #Infraganti esta semana conoceremos más la Policía Científica (PC). Los ‘CSI’ sevillanos no envidian a sus colegas foráneos o de las series televisivas. Su vocación y espíritu de servicio absuelve o prueba delitos.

Adentrase en la sede de Brigada Provincial de la Policía Científica (PC) intriga. Lograr entrevista con los jefes y conocer de cerca su trabajo costó meses al periódico decano de Sevilla. La culpa fue de la situación creada por la pandemia del Covid-19.

El tópico del cine y televisivo crea estándares sobre lo que percibimos del mensaje audiovisual. La realidad norteamericana se dramatiza con actores y actrices, técnicas y medios que chirrían con un país donde más violencia y armas sin control registra sin estar en guerra. La criminalidad en los EEUU no baja ni ajusticiando reos, ni desplegando sinergias entre policías federales (NSA, DEA, FBI, ATF) o estatales. Estimados lectores, sigan tranquilos: ¡Spain is different! Nada que envidiar a los norteamericanos.

Ya sabíamos que, según el INE y año tras año, entre las instituciones más valoradas por los españoles está la Policía Nacional. El dato no es baladí; supera airosa el papel represor y censor que tuvo en tiempos pretéritos. El ojo ciudadano la escruta hoy más cercana y eficaz. Encontramos razones: rejuvenecieron sus cuadros, especializaron sus unidades y se incorporó el talento y valía femenina -desde 1979-

Un inspector, amable y con bata blanca, recibe a quien suscribe en el control de seguridad del complejo policial que antes albergaba a la Policía Armada. En el despacho de la Jefatura de PC sevillana esperan de uniforme el Inspector-Jefe Gabriel Romero –experto en Balística y destinado en la PC desde que es policía en 1982- y el segundo jefe. Lo presenta como ’Pepe’ y es experto en informática. Las medidas de seguridad, por el maldito virus, son enormes. Limitaron este reportaje, que pretendía meter el ojo en los microscopios buscando verdades.

Algo de historia

Policía científica de Sevilla, eficacia contra los ‘malos’
Laboratorio de la científica.

La que hoy es Policía Científica nació en España como Servicio de Identificación Dactilar en junio de 1911. Entre el galo Bertillon y el argentino Vucetich se corroboró antes que la huellas que dejan las papilas de cada dedo humano son individuales. No hay dos iguales. Para expertos policiales fue una mina identificar así a los trasgresores de las normas.

Las yemas de los dedos que alojan las crestas papilares se crean durante el sexto mes de la vida intrauterina. Tienen más características singulares.

Son perennes, inmutables (no pueden modificarse fisiológicamente), se regeneran, son diversiformes y originales. Es decir, las huellas pueden revelarse y formularse por agentes policiales desde la placenta hasta el féretro, cuando ya los tejidos se destruyen con la putrefacción humana.

Fue durante la IIª República (1931-39) cuando se nutrió de agentes y medios este Servicio que impulsó el Cuerpo de Investigación y Vigilancia. En la época del franquismo (1939-1975) el Cuerpo General, después Superior, de Policía habilitó los Gabinetes de Identificación en las principales Jefaturas españolas. Se dotaron de laboratorios fotográficos, reseña y archivos de huellas de los ‘fichados’. En aquellos tiempos tocar el piano era sinónimo de integrar otra clase social, la de los detenidos –delincuentes o no- que al cabo frecuentaban los calabozos policiales.

En Sevilla, el primer Gabinete se estableció en la Jefatura que estuvo inicialmente en calle Monsalves. Se trasladó, ampliado, a la Plaza de la Gavidia. Una sede auxiliar estuvo en la antigua cárcel de La Ranilla; entonces la plantilla oscilaba entre tres y cinco agentes, incluido Comisario. Después, ya en la década de los ochenta del pasado siglo, en la nueva Jefatura de Avenida Blas Infante se ubicaron las vanguardistas dependencias de PC. Desde 2005 están en su sede actual, un remozado pabellón del cuartel de la Policía Armada, también en Blas Infante.

Decíamos que estar fichado entrañaba ser de un submundo; los ‘antecedentes’ policiales estigmatizaban para los certificados de ‘buena conducta’. Muchos malos se quemaban las yemas de los dedos para no ser fichados. Pero la policía, ni entonces ni nunca, era tonta. Tomaba huellas palmares o de los pies. Como hacía con cadáveres amputados, anónimos o quemados para ponerles nombre. La identificación policial alcanza hasta a fetos, bebés y a difuntos inocentes, cuando nadie los reclama en la morgue.

Policía científica de Sevilla, eficacia contra los ‘malos’
Logo de la Policía Científica.

¿Qué es Policía Científica?

Preguntamos al Inspector Romero para que defina el trabajo de la Brigada que dirige. Responde que es una unidad especializada en procesar escenarios criminales, pruebas, indicios y aplicar analítica. Sus palabras son didácticas sin obviar el secreto policial que -se ve- guarda con celo.

Poco a poco sus palabras desmienten a Daugherty cuando escribió ‘Ten cuidado con lo que investigas, quizá lo descubras’. Insiste en la preparación de los agentes y técnicos a su cargo, la base empírica de sus dictámenes y las vanguardistas técnicas que usan en PC. Romero también es profesor en la ESPA, -centro que forma bomberos y policías locales andaluces- y en UPO (Máster de Criminología). Sus palabras tienen tablas.

Orgullosos de su trabajo, Gabriel y Pepe, recalcan que esa Brigada policial es independiente de otras unidades policiales. La de Sevilla alberga todos los servicios de PC. No todas las provincias españolas los tienen. La cúspide de la misma está en la Comisaría General en Madrid. Allí está el Laboratorio Central. Sus servicios consisten en analizar evidencias de Criminalística, las obtenidas en Inspecciones Oculares & reseñas de huellas (SAID-Sistema Automático de Identificación Dactilar) y ADN (Incluida su Biología), Balística, Documentoscopia, Informática Forense y Laboratorio Químico.

La Policía Científica, insisten sus responsables sevillanos, es un servicio transversal. Atiende a todas las unidades policiales que requieren sus pericias. En Sevilla la Brigada de PC la integran 76 funcionarios, oficiales e inspectores, con paridad entre hombres y mujeres. Hay en la plantilla informáticos, ingenieros, biólogos, farmacéuticos, químicos, físicos, médicos.... El talento policial tiene equidad: marida habilidades y sexos.

Los antropólogos de las películas no están en ésta Brigada de la Policía. Trabajan para los juzgados y son forenses. Las 24 horas durante 365 días hay un mínimo de 7 inspectores de la PC de guardia para atender los servicios. Las más de las veces son urgentes. Y tienen la misma prisa para cualquier persona, familia, empresa u hogar. Van allá donde deban procesar algo. La científica sevillana, en legítima reivindicación del sus Jefes, está al día de los encargos que recibe hasta donde pueden sus medios. Los dictámenes que emiten se repasan antes para evitar contra-peritajes. Se verifican -en todos sus eslabones- la cadena de custodia, la trazabilidad y la seguridad que debe avalar la objetividad de este servicio policial.

La interconexión entre las distintas policías de UE-Unión Europea, EUROPOL, más las bases de datos en los cinco continentes de INTERPOL añade más eficacia a la PC sevillana. Los bancos de ADN, por ejemplo, se consultan ya ‘online’ desde cualquier punto de Europa. BINCIPOL es la base de Datos de Inteligencia, exclusivo de Policía Nacional. Es un arma que avala la credibilidad de estos policías que usan como herramienta laboral la bata blanca y están amparados por la ciencia, no por las consabidas pistola y esposas que centran el tópico policial.

Desde finales de 2018 BINCIPOL concreta, desde cualquier brigada española, la trazabilidad de las muestras: quién, cómo, dónde y por qué se ha recogido. Todo lo que alberga esta aplicación tiene un número de identificación asignado. El error aquí no tiene hueco. La contaminación de las evidencias es difícil.

Los escenarios del crimen no obstante son vulnerados por personas o circunstancias ajenas a la Policía. Esta es una de las asignaturas pendientes de la ciudadanía. Recordemos lo que pasó en el Caso Los Galindos. La impunidad del asunto se debe en parte a los movimientos postmortem que hicieron de los cadáveres sin adoptarse las debidas cautelas investigadoras.

Policía científica de Sevilla, eficacia contra los ‘malos’
Agentes de la científica.

Laboratorio de certezas

El ADN merece un paréntesis. Si las técnicas foto-dactilográficas sobre la criminalidad sumaron a la identificación policial, el ADN, la inteligencia artificial e informática se suman a esa policía que desmonta las dudas de Daugherty sobre lo que se investiga. Ya abordamos en #Infraganti cómo la Policía Nacional descubre denuncias falsas vía VERIPOL.

La investigación de delitos de internet y en redes sociales o desbloquear móviles incautados, o a sospechosos, integra parte del cotidiano de estos policías. Las herramientas forenses para desencriptar ordenadores y móviles que usan son de vanguardia. Los agentes de la PC distribuyen sus informes a otras unidades para su posterior análisis y dictamen sobre la carga criminal de cada dispositivo. Es decir, ellos abren con maña y los compañeros investigan. O sea, los malos cada vez lo tienen más crudo.

Según Romero en su departamento no hay lugar al error, siendo la certeza más rigurosa el norte operativo. Seamos coloquiales, en La Científica no hay matices, ni adjetivos o interpretaciones: sólo blanco o negro. Preguntamos por la credibilidad de sus informes en juzgados. Donde las garantías procesales suelen ser plenas, pero donde se dilata todo demasiado. Aquí la ‘Justicia lenta no es Justicia’, pero se hace lo que se puede.

Tanto Romero como otras fuentes confirman la buena fama, entre magistrados, acusadores y fedatarios judiciales, de estos policías sevillanos durante décadas. Además, no son discutidos sus dictámenes por criminólogos o defensas de acusados.

Es el Ministerio Público quien usa, en el buen sentido del verbo, la presencia -en pasillos y estrados judiciales- de la científica para lograr sentencias de conformidad. La Fiscalía sabe que las estas balas no fallan casi nunca. Saben bien que la verdad es la verdad.

La infalibilidad del ADN procesado policialmente se discutió hace lustros. Hay hasta jurisprudencia del Tribunal Supremo que lo cuestiona. Pero BINCIPOL y el rigor de estos policías entregados esfumaron más reclamos, casi siempre de reos de banquillo o de alguien señalado por algún sumario penal. Las únicas razones, ya subsanadas, se debieron antaño a incidencias en la cadena de custodia de las muestras biológicas procesadas.

Un dato de la eficacia de la PC sevillana se liga a identificar sospechosos. Por ADN o huellas entre 2018 y 2019 identificaron a casi 1.500 personas. En la Policía Científica sevillana llevan muchos años haciendo los PCR ahora tan en boga con la pandemia.

Como decíamos y desde 2005, gracias al Tratado de Prüm (Alemania), las policías europeas no sólo intercambian ADN y huellas, también matrículas de autos y datos personales. Esa colaboración paneuropea permite que un delito cometido, por ejemplo, en Francia pueda ser aclarado en España identificando la autoría. La detención es, pues, cuestión de horas. La impunidad trasfronteriza comenzó a ser historia.

Retos sobre el crimen perfecto

Dice un viejo aforismo que ‘no hay crimen perfecto, hay investigaciones imperfectas’. El Comisario Arias, padre del autor, repetía en vida al respecto ’el crimen perfecto exige disfrazar el móvil, algo de inteligencia y mucha naturalidad’. Sin embargo, hay paradojas.

El crimen perfecto es el gran desafío de nuestras policías. El laboratorio y la bata blanca son aliados. La Guardia Civil se creó en 1844 para laminar la impunidad de los bandoleros. Hoy dispone, en su SECRIM, del mejor microscopio español que persigue el delito por muy escurridizo que sea.

La Policía Nacional está en tal empeño. Pero entre el fin, los medios y la realidad que muchos entran y salen de juzgados tal cual, hay trechos. Y esa crudeza del dato afecta a quienes combaten el delito. Esa es la realidad.

El Caso Torreblanca supera los 35 años de impunidad al sevillano modo, es decir, heredó al sumario de Los Galindos que databa de 1975. En dicho caso, el titánico trabajo policial evidenció que un niño fue asesinado tras ser violado, probó indicios para detener, pero jamás se calentó el banquillo. ¿La Justicia desde 1984 hizo lo que pudo?. La científica sevillana, madrileña y foránea trabajó muy duro en este triste caso. 2

Algo parecido sucedió con 100 kilos de coca que ‘desaparecieron’ de sótanos policiales cuando allí se custodiaban tras ser incautados en 2008. A distintas Sentencias de la Audiencia Provincial le faltan kilos en sucesivas condenas. El misterio de este alijo añade talco al cambiazo. Las interrogantes perduran.

Muchos más nos preguntamos aún dónde está Marta del Castillo. Ríos de tinta corrieron y miles de páginas se escribieron, dentro y fuera de los juzgados. Pero ni el cuerpo aparece; ni son los que están, ni están los que serían.

Con Marta del Castillo retumba una especie de coro que repite una canción. La de las cubanísimas Hermanas Márquez: ‘...Yo no sé nada, acabo de llegar, si algo pasó, yo no estaba allí....’. Bien conocen esas palabras policías de comisaría y jueces de guardia.

La popularidad de las series televisivas sobre policías científicos aclaró un crimen en el Parque de María Luisa. Carmen, operaria de LIPASAM recogió, en febrero de 2016, pañuelos de papel y un salva-slip con un pincho imitando a las forenses de la TV compilando muestras en el escenario criminal. Una joven, aparentemente, se había suicidado intoxicada por fármacos que ingirió. La heroicidad no reconocida de la limpiadora maridó con la evidencia científica policial. Gracias a ello se juzgó a un desalmado por homicidio y abusos sexuales. La historia de este suicidio cambió por el tesón de una dama que, repetimos, merece medalla. Se evitó así el ‘crimen perfecto’.

Algo parecido ocurrió en 1983. El capellán de un cuartel apareció sin vida, parcialmente calcinado en su vivienda. Autoridades judiciales militares decretaron el suicidio del sacerdote. Pero un impecable informe de la Policía Científica reveló un cadáver cosido a puñaladas premortem, antes del fuego que intentó tapar las huellas asesinas. Un soldado fue condenado por el crimen.

Es verdad que nos hacemos preguntas. Tras visitar las dependencias de la Policía Científica de Sevilla tras 30 años [un reportaje de quien suscribe en este periódico se publicó en 1991 en Criminología, serie dominical pionera de tal ciencia en la prensa española] y hablar con sus responsables un buen rato sale con la sensación de obtener muchas respuestas.

Lo empírico, la bata blanca, la asepsia y el alma vocacional de sus agentes hace que cualquiera pueda dormir tranquilo con estos servidores públicos. Es la misma sensación que ya se obtuvo del Registro Civil de Sevilla, un órgano de la Justicia que emite certificados ipso-facto, gratis y aloja un servicial funcionariado. Entraña así la paradoja de juzgados lentos y burócratas. Nuestros impuestos, indudablemente, revierten al ciudadano en ciertos organismos públicos. Y quien suscribe lo relata con acento de aplauso los policías científicos. Tienen quien les escriba.


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