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Una Semana Santa brillante aunque necesitada de reformas

Balance de la Semana Santa de los reencuentros, donde la nota positiva estuvo en la alta participación, el progresivo enriquecimiento del patrimonio material y humano y el esfuerzo de miles de profesionales, y la negativa en los desfases horarios y la falta de servicios básicos, especialmente durante la Madrugá

17 abr 2022 / 13:30 h - Actualizado: 17 abr 2022 / 13:40 h.
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  • Foto Jesús Barrera
    Foto Jesús Barrera

Tardaremos años en olvidar la recién concluida Semana Santa. La que tanto anhelamos durante el encierro de 2020, la que acariciamos con las veneraciones de 2021, y la que por fin se hizo realidad este 2022 para el disfrute del pueblo. Una celebración repleta de novedades sobre la que planeaban muchas dudas respecto a las cifras y el comportamiento del público, pero a la que debíamos medir con un rasero diferente, por eso de la pandemia.

En el apartado estético, la fiesta continuó con su racha positiva, estrenando un buen número de enseres, recuperando piezas de gran valor y ampliando el patrimonio de sus respectivas hermandades, que al fin y al cabo es el patrimonio de nuestra ciudad. En cuanto al humano, los cortejos se vieron ampliados, aunque no tanto como se temía, sobresaliendo una importante presencia femenina, especialmente entre los cuerpos de acólitos, lo cual es de agradecer. También asistimos a un emotivo reencuentro entre los ‘hombres de abajo’ y sus capataces —genuino motor de nuestros pasos—, entre los músicos y sus repertorios —este año con un sinfín de nuevas piezas—, o entre los floristas y sus exornos —probablemente, la de 2022, haya sido la Semana Santa más ecléctica de la historia a nivel floral—.

De lo divino y lo humano

Más allá de los episodios del Lunes Santo —con varias hermandades ‘mojadas’ y un par sin realizar su estación de penitencia—, y el Martes Santo —con la jornada completa en blanco—, la semana fue excelente en lo meteorológico, con un excesivo calor en determinadas franjas horarias y maravillosos cielos azules que nos devolvieron estampas de los años ochenta y noventa. En este sentido, hemos de agradecer la labor de los profesionales de Emasesa, que aliviaron notablemente a los cortejos con sus «puntos de agua», así como a los sanitarios, que atendieron a numerosas personas durante todos los días de celebración —la mayoría con lipotimias—.

En cuanto a la limpieza, si bien los operarios de Lipasam trabajaron a destajo como cada Semana Santa —la entrega de bolsas de plástico para los desperdicios, y de papel para las ‘cáscaras’, continúa siendo un acierto—, hubo momentos en que los profesionales se vieron superados por las circunstancias, con papeleras desbordadas y basura acumulada en numerosos rincones; eso por no hablar de la falta de urinarios, que provocó que muchos espectadores se ‘desahogasen’ en la vía pública —especialmente durante la Madrugá—. No hace falta decir que este es uno de los puntos a mejorar por el Ayuntamiento de Sevilla, como también el de favorecer que en la noche más larga del año —la del Jueves al Viernes Santo— la ‘ley seca’ no impida que sevillanos y foráneos puedan adquirir agua, refrescos y café con relativa facilidad —las colas para acceder a estos productos básicos fueron interminables—.

Seguridad y medios de comunicación

Los controles de acceso y los aforamientos de las calles por parte de los agentes del orden han dado para muchos debates —de los tan cacareados drones no hemos tenido noticia—. En algunos casos, la medida ha mejorado la fluidez de los cortejos y el tránsito de los espectadores, pero en otros han desvirtuado la fiesta hasta extremos incomprensibles. Las intenciones son buenas —eso por descontado—, pero sería necesario perfilar el asunto de cara a 2023.

También estaría bien que las hermandades estableciesen un protocolo único de cara a los medios de comunicación. Cuesta entender que existan juntas de gobierno que impidan desarrollar su trabajo a los profesionales gráficos, de la radio o la televisión, cuando estos pretenden llevar imágenes o sonidos a miles de enfermos, impedidos y sevillanos ‘exiliados’, cuyo único contacto con sus Sagrados Titulares es a través de la tecnología. Obviamente es un terreno difícil, pero estamos seguros de que, con sensibilidad y diálogo, es posible llegar a un acuerdo.

¿Y ahora qué?

Por último, es necesario abordar el tan manido asunto de los horarios, de la reforma de la Carrera Oficial y de las posibles soluciones a una Semana Santa cuyo escenario sigue siendo el mismo que en el siglo XX, pero cuyos integrantes se han multiplicado hasta unos límites difíciles de asimilar en pleno siglo XXI. Dicho debate debe llevarse a cabo sin recelo, con apertura de miras y poniendo sobre la mesa todas las propuestas posibles; y sobre todo, tiene que realizarse cuanto antes. La Semana Santa de Sevilla es lo suficientemente importante como para trabajar por ella y para ella todos los días del año, y al igual que escultores, tallistas, bordadores, priostes o cereros la van configurando a lo largo de doce meses, es obligación del Consejo, el Ayuntamiento y demás organismos públicos y privados —porque en una fiesta tan grande todos debemos ir juntos de la mano—, ir dándole forma y adaptarla a nuestros tiempos. Confiemos en que así sea.

Crónicas de la Semana Santa 2022

Viernes de Dolores

Sábado de Pasión

Domingo de Ramos

Lunes Santo

Martes Santo

Miércoles Santo

Jueves Santo

La Madrugá

Viernes Santo

Sábado Santo


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