sábado, 25 enero 2020
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«Mejor la ausencia»: El cataclismo de crecer sin futuro

Interesante novela de Edurne Portela que consigue un retrato descarnado de la sociedad vasca de los años 80 y 90 del siglo XX. El País Vasco desde dentro como pocas veces lo hemos podido mirar

14 ene 2020 / 08:51 h - Actualizado: 14 ene 2020 / 09:07 h.
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  • Edurne Portela. / Fotografía: https://edurneportela.com/
    Edurne Portela. / Fotografía: https://edurneportela.com/

Durante muchos años, vivir en el País Vasco no fue fácil para algunos; en realidad, no lo fue para casi nadie. La violencia mandaba en las calles, una ideología radical que no permitía otras alternativas se imponía en centros de trabajo, escuelas, institutos y tabernas. Todo giraba alrededor de la política y del terrorismo de ETA. Y algunas familias pagaron un precio muy alto.

Edurne Portela sorprendió al publicar «Mejor la ausencia» porque su capacidad autocrítica desde la ficción era, todavía, una rareza. Tal vez, hoy siga siéndolo. Tal vez, nunca deje de serlo. Por más tiempo que pase la herida de ETA seguirá siendo profunda. Pero Portela, seguramente dejando pistas propias en algún que otro párrafo, diseñó un universo en el que una familia se desintegra sin entender nada, ni poder remediarlo. Un padre brutal que se dedica a asuntos turbios que arrastran a toda la familia; una madre que bebe más de la cuenta y claudica ante el marido sea lo que sea que pase; Anibal, el hijo mayor, convertido en el estereotipo de lo que fue una parte de la juventud de los años 80 o principios de los 90 que quedaba liquidada por las drogas; Kepa, otro de los hermanos, perfilándose como candidato a sucumbir ante ideologías malsanas; Aitor, el hijo listo que huye lejos; y Amaia, la pequeña, que narra la historia aunque los puntos de vista parezcan variar en la segunda parte de la novela gracias a un ‘truco’ narrativo de la autora que funciona más que bien.

«Mejor la ausencia»: El cataclismo de crecer sin futuro

La voz narrativa de Amaia se construye a base de capas, de los estratos que forma la experiencia de una niña que, como todos los demás, no entiende gran cosa y quiere escapar de un mundo hostil y desagradable. Edurne Portela va modificando el registro a medida que la edad de la niña va en aumento y el resultado es, francamente, agradable. En cualquier caso, Amaia siempre es una niña, una joven o una adulta que no puede agarrarse a nada para salvarse y le toca nadar sin saber hacia dónde va.

Los escenarios no se describen con detalle aunque sí se construyen con solvencia. Pesa más el personaje aunque esos escenarios soportan muy bien la trama.

Y los diálogos, aunque sin grandes profundidades, sirven de pilar para que la trama vaya avanzando sin dificultades.

La mujer tiene una importancia notable en la narración. Cómo cada una de ellas afronta la misma realidad y cómo todas ellas quedan aplastadas por ese mismo universo va dejando al lector sin aire a medida que avanza el relato. La imposibilidad de entender, las explicaciones que nunca llegan, la huida como único mecanismo con el que enfrentar un mundo hostil o la familia como núcleo fundamental que también puede saltar por los aires, son ingredientes que van modelando una novela tan dura como deliciosa al leer.

Edurne Portela es una autora a la que hay que leer porque intenta hacer literatura y eso, en los tiempos que corren, no es poca cosa. Y porque, sobre todo, es honesta al escribir.

Calificación: Interesante.

Tipo de lectura: Amena aunque dura a causa de lo que se cuenta.

Tipo de lector: Si quieres conocer qué y cómo se vivió en el País Vasco en una época no tan lejana, este es tu libro.

Argumento: No hay escapatoria si los recuerdos te persiguen. Tampoco se puede escapar de la realidad.

Personajes: Bien dibujados. Van lo entrañable a lo vomitivo pasando por lo inexplicable.

¿Dónde puede leerse?: Tomando un vino en un caserío.


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