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Primavera feraz

La poeta Viky Frías Ruiz ha presentado su nuevo poemario que trata la experiencia íntima y personal, directa y desnuda del cáncer. Un buen libro, muy bien editado y muy recomendable

01 abr 2017 / 12:31 h - Actualizado: 30 mar 2017 / 12:42 h.
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  • Portada del poemario ‘Primavera feraz’. / El Correo
    Portada del poemario ‘Primavera feraz’. / El Correo

Por ocultas razones que desconozco, se viene repitiendo el hecho de adquirir un libro y dejarlo reposar un tiempo indeterminado, sine die, como si tuviera que dejarle reposar entre otros libros y otros quehaceres. Necesita encontrar su hueco, su brecha en la que colarse significativamente. Es lo que ha ocurrido con Primavera feraz, han pasado casi tres meses desde que comenzó a habitar entre nuestras cosas. Kairós, ese dios desconocido del tiempo, frente a Cronos, ha encontrado su momento adecuado. Es como si ya hubiera demostrado lo que vale, en el silencio entre las cosas; como los buenos vinos parece haber reivindicado su solera, una vez maduro, hecho y vigoroso se presenta vestido y arropado con un mensaje que transmitir. Poemas. La «madre de la criatura», todo entendido en vinos querría diferenciar entre «Madre» y «solera»; el elemento esencial de este libro de poemas, la madre en la crianza de esta existencia viva que es toda obra artística, la causa y raíz de donde proviene algo, la uva y la levadura de «este vino» es ese trabajo silencioso con las palabras, ese sacrificio lento y laborioso, que sin darse cuenta va trasformando el azúcar y resistiendo al pH, así aparece ahora ante nosotros, este es su escenario, una voz narrativa que desvela su argumento.

Se mueve entre lo sublime que es la poesía y lo horrible que es el cáncer, como si nos tocara beber a veces un Pedro Ximénez y otras un sorbito de vinagre. Desde la portada ya transita este dispar mensaje, desde una visión más general hasta analizando sus átomos más elementales, la obra se sumerge en lo más lúgubre y se eleva a lo luminoso. Como «la gravedad y la gracia», título del libro de S. W. del que está extraída la cita que abre el poemario; el índice viene al final, los títulos expuestos con minúscula, cuarenta y seis poemas (46) encerrados en sesenta y cuatro páginas (64). ¿Capicúa? ¿Azar? Matemática en estado puro, como la música... como la poesía... como el poema «A mi edad».

Por cierto, cómo me ha gustado ese pulcro y humilde detalle de los títulos de los poemas al final y entre paréntesis; denota esa maestría del decir sin nombrar, de la contención que alumbra la esencia, de cómo se impone lo mínimo, por serlo. Como toda obra poética desafía reglas y normas existentes, el mismo propósito del libro lo hace: tratar la experiencia íntima y personal, directa y desnuda del cáncer. El punto de partida del que arrancan estos poemas es el de una personal experiencia, ésta es su naturaleza y, a partir de ahí, profundizan en el pensamiento, como una onda expansiva hasta alcanzar el silencio. La obra de Viky Frías Ruiz es una, concreta, pero despierta un pensar sobre lo universal, parte de lo concreto y se va alejando a otras cuestiones más elevadas. Es un ponerle voz a toda experiencia de desgarro, es el grito que suena al enfrentarse al vacío.

El dios Cronos, representando lo cualitativo y conocido, va cediendo terreno al dios Kairós al que se le identifica con lo cualitativo y, por tanto, más escondido. Ha llegado su oportunidad, si la obra aquí comentada puede hablar por sí misma, ¡qué así sea! Recomiendo su lectura.

Calificación: Bueno.

Tipo de lectura: Intensa.

Tipo de lector: Buscadores de explicaciones necesarias.

¿Dónde puede leerse?: Disfrutando de la belleza de un parque, de una calle cualquiera...


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