Las mentiras autonómicas

El Estado de las Autonomías ha acabado con el Estado como nación. Ahora mismo hay diecisiete mini Españas, solidarias a la fuerza, que han creado el mito inexistente de la unidad territorial de la patria

22 dic 2017 / 06:58 h - Actualizado: 22 dic 2017 / 06:58 h.
"Andalucía eterna"
  • Las mentiras autonómicas

La situación política, social, económica, fiscal y educativa de España después del cambio de régimen de 1977 ha finiquitado en el llamado Estado de las comunidades autónomas, que confirman la desintegración del Estado como nación única, España, la más antigua de Occidente. Las comunidades cutónomas suman diecisiete mini Españas, donde se repiten todos los conceptos básicos de la organización administrativa, política y judicial, sin respeto a la igualdad territorial nacional, donde no existe la solidaridad verdadera, sino que al contrario se repiten las acciones insolidarias entre las regiones históricas, ahora llamadas comunidades autónomas. Puede decirse que España ha muerto como nación única y, por supuesto, hay que denunciar que la llamada unidad de la patria no existe de hecho, aunque se mantenga como mito en el texto constitucional. La prueba de cuanto decimos es que no existe de hecho ni de derecho la unidad de mercado... España tiene diecisiete mercados distintos...

Hemos llegado a la conclusión de que la situación creada y consolidada, ya no tiene vuelta atrás. Ya no es posible desenredar la madeja nacional. Lo que Pedro Sánchez quiere imponer, la pluralidad territorial, ya existe de hecho. Es decir, ya hemos liquidado todos los valores que hacían de España una nación. El Estado central se ha quedado vacío.

No somos una sola nación como mercado, luego no hay unidad territorial... No tenemos una sola fiscalidad para toda España... No tenemos una sola educación para toda España... No tenemos una sola Justicia para toda España... No tenemos una sola sanidad para toda España...

Tenemos como patrimonio común unos pocos valores únicos, como la moneda, como las Fuerzas Armadas, como las Fuerzan de Orden Público, aunque con limitaciones territoriales; como la Hacienda, aunque también con limitaciones territoriales, y poco más, residuales.

El Estado ya no existe. Se ha vaciado a favor de las comunidades autónomas, que cada vez quieren más poder, más dinero... Las deudas de las comunidades autónomas son una locura...

Y no se ven esperanzas políticas que aventuren cambios sustanciales, sino todo lo contrario. Valoren lo que significa que el dirigente socialista de Cataluña, señor Iceta, haya pedido que España, todos los españoles, perdonen a los catalanes la deuda que tienen con el Estado, unos setenta mil millones de euros... Casi la mitad de las deudas totales acumuladas por todas las comunidades... Y encima, después del daño infligido a España por el separatismo catalán, el señor Iceta pide todavía más. Pide que se indulten a los políticos que resulten sentenciados... O sea, que tantos despropósitos parecen mentira, irreales... Para algunos políticos todo vale y el llamado pueblo soberano solo debe callar y obedecer.

¿Hasta cuándo podrán los españoles soportar esta situación?

Parece que los políticos nacionales y autonómicos piensan que el pueblo español lo soporta todo... Es una idea bastante admitida que los españoles son pacientes hasta el auto desprecio... Votan y votan a los mismos que los explotan, que les engañan... ¿Pero será siempre así?

Un poco de historia

En El Correo de Andalucía del 17 de septiembre de 1978 publicó José María Gil-Robles, veterano dirigente político de la CEDA, un artículo exculpando al Opus Dei del entramado del caso Matesa. Fue un escándalo limitado al semanario SP y poco más. Pero el caso Matesa tuvo para Andalucía una experiencia excepcional, única en la España del llamado segundo franquismo (1959-1975) y fue la siguiente. Matesa había obtenido del Banco de Crédito Oficial más ayudas económicas que todas las empresas andaluzas de las ocho provincias juntas...

El señor Vilá Reyes, máximo responsable de Matesa, fue indultado por el general Franco del primer juicio, y por el rey Juan Carlos I, del segundo juicio. Y además fue nombrado director general de la nueva empresa que compró Matesa.

El proceso supuso al señor Vilá Reyes las siguientes condenas:

Multa de 21.000.000 de pesetas impuesta por el Tribunal Especial de Delitos Monetarios en octubre de 1967 por un delito de evasión probada de 103,5 millones de pesetas (el equivalente a 14,7 millones de euros del 2013).

Multa de 1.658 millones y tres años de prisión impuesta por el mismo Tribunal en mayo de 1970 y confirmada por el Tribunal Económico Administrativo Central en enero de 1972. En virtud de indulto de septiembre de 1971, concedido por el general Franco, se le condonó el pago de la multa y el cumplimiento de una cuarta parte de la pena de prisión. El indulto le fue concedido antes incluso de la confirmación de la sentencia.

En mayo de 1975 la Audiencia Provincial de Madrid lo volvió a condenar por dos delitos de estafa de 8.933 y 590 millones de pesetas, respectivamente (el equivalente a 1.263 millones de euros del año 2013); 1 por 417 delitos de falsedad en documento mercantil y cuatro de cohecho activo. Se le impuso una pena de más de 223 años de prisión y 9.600 millones de pesetas de indemnizaciones o multas. La condena fue confirmada por el Tribunal Supremo en febrero de 1976. Pero nada de esto tuvo consecuencias ya que el señor Vilá Reyes fue indultado por el recién proclamado rey Juan Carlos I, saliendo de la cárcel el 2 de diciembre de 1975, tras estar seis años y medio en prisión preventiva.

Conviene mirar hacia atrás de vez en cuando... La hemeroteca nos enseña mucho del pasado, que puede ser útil para el presente.


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