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Ciencia

El enigma de los milagros

17 mar 2021 / 10:43 h - Actualizado: 17 mar 2021 / 10:44 h.
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Se denomina milagro a todo acontecimiento en el cual se ha logrado por medio de la intervención divina. Si miramos en cualquier diccionario su definición encontraremos: « Hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino».

Los acontecimientos más significativos pueden ser los hechos milagrosos, en los cuales la Ciencia se ha mostrado ineficaz, y que conlleva una sanación de un enfermo incurable, la recuperación de un miembro perdido e incluso la manifestación pública ante miles de personas...

Dentro del cristianismo el milagro sería un suceso de orden divino, paranormal, en el cual Dios manifestaría su amor hacia las personas. El mismo apóstol San Pablo decía con respecto a ello: “En cuanto a los dones espirituales, no quiero, hermanos, que estéis en la ignorancia. (...) A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común. Porque a uno se le da por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro fe, en el mismo Espíritu; a otro carisma de curaciones, en el único Espíritu; a otro, poder de milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversidad de lenguas; a otro, el don de interpretarlas. Pero todas estas cosas las obra un mismo y único Espíritu, distribuyéndolas a cada uno en particular según su voluntad”. (I Corintios 12, 1.7-11; Biblia de Jerusalén).

Agustín de Hipona definía así este tipo de sucesos: «Milagro llamo a lo que, siendo arduo e insólito, parece rebasar las esperanzas posibles y la capacidad del que lo contempla» (De utilitate credendi, 16,34).

El enigma de los milagros

Para otros el milagro no sería más que el efecto de la sugestión, un tipo de efecto placebo amparado en la fe, las creencias y la religiosidad que llevaría a cabo la curación pues desconocemos aún los “poderes” de la mente sobre el organismo.

En "Le Bureau des Constatations Médicales" y de "Le Comité Médical International" de Lourdes, órganos que dirigen el análisis científico de las curaciones producidas en Lourdes, lo hacen bajo estrictos protocolos y para que una curación se considere "inexplicable" para la ciencia se deben cumplimentar una serie de requisitos, entre los que se cuentan:

1.-Que la dolencia sea incurable.

2.-Que que se haya puesto de manifiesto la total ineficacia de los medicamentos o protocolos empleados en el tratamiento de dicha dolencia.

3.-Que la curación haya sobrevenido de manera instantánea o casi instantánea.

4.-Que la curación haya sido absoluta.

5.-Que la curación no sea resultante de una interpretación derivada del estado psíquico de la persona.

De 7000 casos de curaciones “milagrosas” en expedientes tan sólo 67 de ellos han sido clasificados como "milagros".

Fue David Hume quién demostró que nuestras percepciones pueden engañarnos, los "testimonios" carecen para algunos de credibilidad en el mundo académico. Desde el punto de vista médico, el milagro no es considerado por muchos una contradicción de las leyes de la naturaleza, sino una aceleración inexplicable del proceso normal de curación".

Fue Santo Tomás de Aquino quién en el siglo XIII, dio su definición de milagro como algo hecho por Dios más allá de las causas conocidas por los hombres (cf. Suma TeológicaI parte, q. 105, a. 7).

En la actualidad, Concilio Vaticano II, concilió Ciencia y Religión en este tema:

“[...] por la propia naturaleza de la creación, todas las cosas están dotadas de consistencia, verdad y bondad propias y de un propio orden regulado, que el hombre debe respetar con el reconocimiento de la metodología particular de cada ciencia o arte. Por ello, la investigación metódica en todos los campos del saber, si está realizada de una forma auténticamente científica y conforme a las normas morales, nunca será en realidad contraria a la fe, porque las realidades profanas y las de la fe tienen su origen en un mismo Dios. Más aún, quien con perseverancia y humildad se esfuerza por penetrar en los secretos de la realidad, está llevado, aun sin saberlo, como por la mano de Dios, quien, sosteniendo todas las cosas, da a todas ellas el ser. Son, a este respecto, de deplorar ciertas actitudes que, por no comprender bien el sentido de la legítima autonomía de la ciencia, se han dado algunas veces entre los propios cristianos; actitudes que, seguidas de agrias polémicas, indujeron a muchos a establecer una oposición entre la ciencia y la fe” (Gaudium et Spes 36, 2 – Concilio Vaticano II).

Así pues hay sucesos que son catalogados de “Milagros” y que concilian a Ciencia y Religión, si bien es verdad que a veces los criterios no son compartidos.

Sea como fuere cuando se produce uno de ellos hay un nexo, un punto en común: escapa a la comprensión humana.


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