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Adiós a Manuel Herrera, eterno maestro del Flamenco

El que fuera uno de los padres de la Bienal de Sevilla, y su último pregonero, no ha podido superar un cáncer en la víspera de otro festival que alentó, el de La Mistela de su pueblo adoptivo, Los Palacios y Villafranca

Álvaro Romero @aromerobernal1 /
14 oct 2020 / 07:55 h - Actualizado: 14 oct 2020 / 07:56 h.
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  • Adiós a Manuel Herrera, eterno maestro del Flamenco

Manuel Herrera Rodas (Casariche, 1937) ha sido probablemente el último intelectual del Flamenco, el último maestro con todas las letras, pues lo era, de escuela de los de toda la vida, aunque ello no le impidió, sino al contrario, llegar a dirigir no solo colegios como el Miguel de Cervantes de su pueblo adoptivo, Los Palacios y Villafranca, sino la mismísima Bienal de Flamenco de Sevilla que contribuyó a crear, y no una vez, sino tres: en los años 1998, 2000 y 2002, probablemente las mejores ediciones hasta ahora. Se ha ido con el regalo de haberla pregonado como solo él podía hacerlo hace poco más de un mes.

Anoche murió, víctima de un cáncer que no ha podido superar a sus 83 años, y justo en la víspera de la inauguración de otro de los festivales flamencos que alentó de un modo fundamental desde la peña palaciega El Pozo de las Penas, la más antigua del mundo: el de La Mistela, que se abre precisamente esta noche con la presentación de un libro de entrevistas con los cuatro cantaores locales que grabaron hace 40 años un disco que ha quedado como verdadero símbolo de los manantiales que de ese pozo a los que precisamente Herrera acompañó hasta el estudio de grabación en Málaga. Su pérdida está siendo llorada en su pueblo natal, Casariche; en Los Palacios y Villafranca y, por supuesto, en toda Sevilla. Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace, un andaluz tan claro, tan rico de aventura. El verso lorquiano le viene que ni pintado. Y no es exageración, porque Manuel Herrera no solo amaba tanto el flamenco -al que reconocía profundamente como la manifestación más genuina de nuestra tierra- que se desvivió siempre por él, buscando sin conseguirlo que la Bienal dependiera de su propio Patronato y no de los políticos de turno, sino que fundó un organismo, la Iteaf, que pretendía amparar en su jubilación a los grandes artistas flamencos que, pese a tanto trabajo, no habían podido cotizar laboralmente.

Manuel –eternamente sonriente- conocía a todos los grandes flamencos de Andalucía, a muchos de los cuales había ayudado, como a los jóvenes, desde cuantas instituciones llegó a liderar: los Jueves Flamencos de Cajasol, las peñas en las que se integró e impulsó o ese acercamiento del flamenco a las escuelas e institutos para el que incluso llegó a redactar un libro de texto junto a grandes entendidos del género como su colega en la docencia Calixto Sánchez.

Herrera era un verdadero enamorado del flamenco en todas sus manifestaciones. Podía estar hablando o debatiendo sobre cuestiones del flamenco –de su esencia, de su historia, de su anecdotario o de sus artistas- durante horas o días. Quienes lo conocieron de verdad lo saben. Hace solo cuatro días, pedía perdón en Facebook “porque no se me dan bien las redes sociales”, decía, “y he comprobado todas las cosas bonitas que me habéis dicho sin que yo haya leído y mucho menos respondido. Por eso me avergüenzo y os pido perdón a todos”. Así era Manolo: exquisito, generoso y sabio hasta el extremo. Descanse en paz.


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