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«El llanto a veces tiene algo de teatro»

Aroa Fernández inicia su carrera en solitario con el disco ‘Mi alma no está en venta’

19 nov 2015 / 11:59 h - Actualizado: 20 nov 2015 / 08:33 h.
  • La cantante madrileña Aroa Fernández estrena su disco Mi alma no está en venta. / El Correo
    La cantante madrileña Aroa Fernández estrena su disco Mi alma no está en venta. / El Correo

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Más allá de cualquier consideración sobre su persona, Aroa Fernández es, musicalmente, pura seducción hasta las raíces. El fuego de su pasión artística se avivó durante su mocedad en las mejores fraguas: el soul, el flamenco, todos esos géneros empapados de verdad y cuyo sistema nervioso llega hasta el centro de la Tierra. Y esas influencias tremendas, en la voz de la madrileña, se convierten en notas de color para un estilo propio que se manifiesta ahora en su primer disco, Mi alma no está en venta, y que no pretende ser fusión ni variante de nada, sino sencillamente un camino propio que, de momento, ofrece bellos y prometedores paisajes. «Estoy luchando por intentar llegar, que la gente me conozca y que al menos disfrute de la música que hago. Eso es lo que quiero, nada más. Que le llegue la intención con que lo hago», explica ella.

«Desde siempre tuve claro que esto era lo que yo quería», confiesa. «Siempre, desde chica, he cantado en cualquier lado; luego, hará como unos seis años, me dediqué ya de forma más profesional en coros góspel, me metí más en el mundo del flamenco, iba de corista con varios artistas... y, la verdad, al mundo de la música le estoy agradecida porque nunca me ha dado la espalda, de momento; ahora tengo ganas de volar y de demostrar lo que soy».

El contacto continuado con esas músicas de tan intensa espiritualidad u hondura marca el carácter. Aroa es una mujer de apariencia serena pero de genio latente; al mirarla uno ve los ojos entusiastas de una niña, pero ella, con esos mismos ojos, mira con la mirada sabia de la anciana. Si fuese un parque, en sus entrañas se estaría fraguando un terremoto. Y esa Aroa hipodérmica es de una valentía arrolladora. «Me gusta la música de raíz», dice, «la que viene de la pureza, la que no está manchada, aunque yo luego la tome como referente para hacer otra cosa. Realmente yo no mezclo flamenco con góspel, pero sí me gusta la música que viene de un sufrimiento. Porque yo creo que cuando una persona llora es cuando más tiene que contar. También cuando está alegre, por supuesto, pero ya es otra manera de transmitir, otro tipo de canción, de sentimiento. Pero cuando una persona compone es porque tiene pupa. Y cuando la quiere transmitir como ella quiere es porque tiene pupa. Y eso se consigue a través de la música de raíz».

No obstante, la artista admite que tal vez el llanto esté sobrevalorado en este mundo en el que a la apariencia se le otorga rango de verdad. El llanto le importa al mundo más que el dolor que hay detrás. Solo se le da importancia a la manifestación del dolor, no al dolor. Como si no quisiéramos saberlo. «Sí, a veces tiene un poco de teatro el llanto. Se necesita una lágrima para ser creído, ¿no es así? Cada uno lleva su dolor; yo creo que la mayor pena es la que se lleva día a día y la llevas a la espalda y la superas, y luego, cuando la has superado, la cuentas para transmitir algo. No hace falta llorar; solo hace falta ponerte en situación de lo que has vivido y, junto con algo que has compuesto, decir esta soy yo, esto es lo que me ha pasado, y como sé que no soy única en mi dolor y que a mucha gente le pasa, pues aquí está mi música para compartirlo de esta manera.

Reconoce que su carácter se parece mucho a su música. «Dicen que una persona canta según como es. Cuando es dulce, su música es dulce. O cuando es tímida, su música también lo es. O alocada». «A mí me encanta la música de antes. Me parece que ya está todo hecho, todo creado, todo fusionado, todo inventado. Y la música de antes es muy pura y muy buena. Eso sí, la copla española no es mi estilo; claro que he escuchado a esos artistas, pero no he bebido de ellos. Y sobre el flamenco... El flamenco es el flamenco y no hay que tocarlo. Otra cosa es que yo luego, por la influencia que tenga, pues a lo mejor me apetezca en mi música meterle un destello con la voz, o que se note. Pero todo lo que se fusiona deja de ser flamenco, porque ya toma otro camino. El flamenco tiene que ser de silla, guitarra y fatiga, cante jondo. Mi música no es flamenco. Otra cosa es que a mí, cuando canto con pena, me salga un quejío».

Y en el futuro... «Me veo cantando lo mismo que ahora pero con más sello. Creo que me he colocado en muy buen comienzo de camino, pero todavía me queda por decir, con toda seguridad, esta soy yo. Lo intento ser ya, pero comprendo que la gente, conforme va madurando, toma sus caminos. No sé por dónde tiraré, pero sé que seguiré siendo yo misma».


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