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María Moreno en el corazón de la soleá

La bailaora María Moreno culmina el ciclo del Festival Internacional de Danza de Itálica 2021 en el Castillo de Alcalá de Guadaira

16 jul 2021 / 20:18 h - Actualizado: 16 jul 2021 / 21:49 h.
"Flamenco","Danza"
  • María Moreno. / Foto: Lolo Vasco
    María Moreno. / Foto: Lolo Vasco

La bailaora gaditana María Moreno se hizo con el premio ‘Giraldillo al momento mágico’ en la última Bienal de flamenco de Sevilla gracias al comienzo de la solea que bailó en su espectáculo More (no) More. En esta propuesta, que lleva por título ‘Verso suelto’ se adentra de lleno en ese palo, al que ella contempla como ‘un plato de buen jamón’

Y es que, según nos dice María con voz en off, y más tarde corrobora Carmen Ledesma en el escenario, el buen jamón hace feliz tanto al que lo ofrece como al que lo recibe, y eso es lo que ella siente cuando baila este palo, uno de los más señeros del corpus del flamenco. De ahí que, tras su éxito en la Bienal, se haya decidido por hacer girar esta nueva propuesta alrededor de la soleá, y qué mejor que llevarla a una de sus cunas, Alcalá de Guadaira, patria chica de Joaquín el de la Paula, el creador de uno de los estilos más populares de este palo, ‘La soleá de Alcalá’.

Aunque forma parte de la programación del Festival Internacional de Danza de Itálica, se trata de un proyecto todavía en ciernes, eso que en el mundillo de la danza contemporánea se ha popularizado con el nombre de “work in progress”. De ahí que, de momento, María renuncie al color y salga al escenario vestida de riguroso blanco, con una suerte de batin largo blanco y una mantón bordado que abandonará tras la primera escena, cuando entrega su baile a la herencia tradicional con una ‘Soleá de Alcalá’ de larga duración, acompañada del toque limpio, cálido y certero de Juan Requena y la voz dulce, rotunda y emotiva de Pepe Pura. En un momento determinado la bailaora y reputada maestra Carmen Ledesma, interrumpe a María para versar desde el patio de butacas sobre la soleá, a la que denomina ‘la madre’. Acto seguido cruza el círculo de sal que rodea el escenario, tal vez a manera de protección, y una vez en el escenario la bailaora sevillana nos regala, con el solo acompañamiento de las palmas de María, una pincelada por solea que, aunque breve, derramó todo el torrente de emociones que este baile puede llegar a desatar cuando, como ella sentencia, “nace de las tripas”.

Carmen nos dejó con la miel en los labios, pero María tenía un as en la manga, y nunca mejor dicho porque en ese momento se arremanga, se desabrocha parte de la bata y sale a escena La Tremendita, marcando el compás de la solea con un bajo eléctrico, que más adelante le sirve también de acompañamiento para cantar una soleá cargada de desgarro y rebeldía. Una curiosa mezcla de tradición y vanguardia a la que María se entrega, animada por Carmen Ledesma a que encuentrare su propio camino, o lo que es lo mismo, su propia forma de sentir la solea.

Junto a la Tremendita el baile de María se torna poderoso y vulnerable a un tiempo, y alcanza momentos mágicos de complicidad, una magia que tiene visos de definir el espectáculo, a poco que la dirección de Rafael R. Villalobos consiga dar una mayor continuidad y fluidez en el ritmo y que la bailaora vaya encontrando “los colores”.


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