Los meloncillos amenazan a las fincas de la Sierra Norte

Gallinas, ocas, chivos y cabras son las principales víctimas de este mamífero de origen africano. La ausencia de un predador natural y el hecho de que no sea una especie cinegética complican su control

04 sep 2016 / 22:00 h - Actualizado: 04 sep 2016 / 22:43 h.
"Ganadería","El campo y su agroindustria"
  • La finca Dehesa Frías se ha visto obligada a suspender la cría de gallinas en libertad. / El Correo
    La finca Dehesa Frías se ha visto obligada a suspender la cría de gallinas en libertad. / El Correo
  • Parte de una cabaña de ocas atacada por meloncillos. / El Correo
    Parte de una cabaña de ocas atacada por meloncillos. / El Correo

La Sierra Norte es un referente europeo en lo que a ganadería extensiva se refiere. No sólo por ser de los enclaves de dehesa más vasto que se encuentran en el sur de Europa, sino por sus posibilidades. Más allá de la ganadería tradicional, se erige como una oportunidad para la diversificación de la comarca. A los toros de lidia, al cerdo ibérico y al ganado ovino se suma la cría de ocas y de gallinas ponedoras en libertad para la producción de huevos ecológicos.

Sin embargo, esta apuesta por la diversificación está amenazada por la elevada presencia de mangostas –popularmente conocidas como meloncillos–. Este mamífero, procedente del norte de África, ataca a todo lo que se encuentra por el camino. De hecho, ha sido uno de los responsables de acabar con la población de conejos silvestres en la comarca. Gallinas, ocas, chivos y cabras son sus piezas favoritas. Una amenaza que ya denunció la organización agraria Asaja-Sevilla hace un año.

Frenar el ataque del meloncillo es casi imposible por varias razones. Uno: no tiene predador natural, lo que facilita que la población se reproduzca y crezca libremente. Dos: no está dentro del Reglamento de Ordenación de la Caza, que recoge las especies aptas para la caza; un factor difícil de salvar si se tiene en cuenta el nulo interés cinegético de este mamífero.

Por ello, ganaderos de la zona proponen a la administración competente, en este caso la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, que permitan la captura en vivo en aquellas fincas que cuenten con un plan técnico de caza para desplazar el meloncillo a zonas con menor carga ganadera como medida de descaste. Por su parte, desde Asaja proponen «una revisión de la normativa para que se autoricen los lazos con tope y para que se faciliten los trámites para la instalación de jaulas-trampa, dos de las medidas que contribuirían a frenar los ataques y a controlar, parcialmente, las poblaciones».

Ante la virulencia con la que atacan los meloncillos, la finca Dehesa Frías, ubicada en Constantina, se ha visto obligada a suspender una de sus actividades que mejor comportamiento estaba teniendo en el mercado: la producción de huevos de gallinas criadas en libertad. El pasado viernes, a través de su canal de WhatsApp y su página de Facebook, anunciaba que esta actividad era «inviable» debido al «exceso de predadores en la Sierra Norte de Sevilla (especialmente de meloncillos y zorros) y las constantes bajas por ataques de estos animales» a su cabaña de ponedoras. Las agresiones han llegado a mermar hasta en un 30 por ciento la cabaña de gallinas, asegura el gerente de la finca, José Miguel Martín.

Se retira «con la desazón de saber que el mercado funciona». La cría de gallinas ponedoras era una de las apuestas de esta finca por la diversificación de la dehesa. Una actividad en consonancia con la tendencia de consumo de productos ecológicos; de hecho, Martín asegura que en alguna ocasión la demanda fue tan elevada que no pudo cubrirla con la producción.

Sus gallinas no son las únicas que han sufrido los ataques del mamífero africano, también sus ocas. Aunque por el momento mantiene su cría en libertad, los meloncillos han provocado que de tener la camada más grande de Europa, hace tres años, con 7.000 ocas, hoy tenga 1.500 «escondidas en un rincón para que no se las coman».

Para Dehesa Frías este problema es un obstáculo para su apuesta por la diversificación. Uno de los motivos por los que Martín apostó por la cría de ocas en libertad es porque era una alternativa al cerdo ibérico. Gracias a estas aves de origen francés la finca no sólo ha mantenido el empleo de doce familias, sino que ha aportado productos alternativos al consumo como los guisos tradicionales, libres de aditivos, o la sobrasada de oca, entre otros.

También chivos y cabras han sido víctimas de las mangostas. Martín y otros ganaderos han visto cómo animales recién nacidos han sido atacados, así como las placentas de sus madres. Además, junto a los meloncillos y los zorros, otra de las grandes amenazas de la Sierra Norte es el buitre. Debido a la normativa que obliga a incinerar a los animales muertos, este carroñero ha aprendido a atacar a los animales vivos, por lo que muchos ganaderos han tenido bajas en corderos y cabras.

Martín reconoce que cuando se cría en libertad «asumes determinadas bajas», sobre todo teniendo en cuenta que esta finca de la Sierra Norte participa en un programa para recuperar el águila imperial. Sin embargo, el problema está en que el meloncillo «se come una pieza y se carga otras treinta».


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