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Protección versus intimidad

Las cámaras de seguridad, las alarmas y la presencia de vigilancia privada se han revelado ineficaces para impedir la acción aislada de un trastornado. ¿Son los templos seguros?

17 sep 2016 / 21:23 h - Actualizado: 17 sep 2016 / 21:27 h.
  • El capiller de la Macarena y el vigilante de seguridad tienen acceso al circuito cerrado de cámaras de seguridad con el que cuenta la Basílica. / Pepo Herrera
    El capiller de la Macarena y el vigilante de seguridad tienen acceso al circuito cerrado de cámaras de seguridad con el que cuenta la Basílica. / Pepo Herrera
  • Un vigilante permanece siempre en el camarín de la Esperanza. / Pepo Herrera
    Un vigilante permanece siempre en el camarín de la Esperanza. / Pepo Herrera
  • En 2010, tras el ataque al Señor del Gran Poder en el que se le arrancó un brazo y mientras se instalaba la nueva mampara trasera, un vigilante de seguridad custodiaba los besos de los fieles al talón. / Javier Díaz
    En 2010, tras el ataque al Señor del Gran Poder en el que se le arrancó un brazo y mientras se instalaba la nueva mampara trasera, un vigilante de seguridad custodiaba los besos de los fieles al talón. / Javier Díaz

La hermandad del Gran Poder se está planteando mantener abierta durante las misas la puerta de salida del camarín del Señor que comunica la planta circular de la Basílica con la anexa capilla del Sagrario para no perder la visibilidad de esa zona del templo, donde actuó este pasado lunes el individuo que provocó el incendio de un paño de altar. Hasta ahora, las dos puertas que dan acceso al camarín permanecían cerradas durante la celebración de las misas para evitar que los asistentes a la eucaristía vieran distraída su atención con el reguero de fieles que acude a la capilla sacramental y a besar el talón del Señor. Esta es, por el momento, la única mejora en los procedimientos de seguridad del templo que se plantea la hermandad tras el incendio provocado que afectó este lunes a la tarima donde reposa el Sagrario y a resultas del cual ardieron los dos paños de altar que en ese momento ornamentaban el mismo. «Se van a revisar las medidas de seguridad, pero nada drástico. La idea podría ser en principio mantener abierta la puerta que da de la Basílica al Sagrario, aunque con un cordón como se ha hecho otras veces, de manera que siempre se tenga visibilidad de esa zona», ha comentado a El Correo de Andalucía el hermano mayor, Félix Ríos, tras una semana en la que en la plaza de San Lorenzo ha vuelto a flotar una preocupante «sensación de vulnerabilidad».

Si las carreritas del año 2000 destaparon la vulnerabilidad de los cortejos procesionales en la calle, los dos episodios registrados en la Basílica del Gran Poder en el transcurso de seis años –en junio de 2010 un perturbado le arrancaba un brazo al Señor– han servido de toque de atención para que muchas hermandades se cuestionen las medidas de seguridad de sus templos. Nadie está libre de los malévolos pensamientos de cualquier demente. Para el hermano mayor del Dulce Nombre, Manuel Casal, ningún templo está preparado para evitar un incidente como el del pasado lunes. «Es muy fácil actuar en una iglesia. Cualquier trastornado con un cuchillo puede hoy día acercarse a una imagen o pegarle un golpe. Y aunque siembres de cámaras el templo, sólo servirán para identificar al individuo, nunca para impedir la acción».

En el caso de la hermandad del Gran Poder llueve sobre mojado. Dos actos sacrílegos en un intervalo de seis años. Pese a todo, el hermano mayor del Gran Poder no da pábulo a las teorías conspiratorias. «No tengo la sensación de que este acto en concreto haya sido fruto de un caldo de cultivo antirreligioso. Se ha tratado más bien de la obra de un perturbado. Cuando alguien tiene perturbadas sus facultades mentales, ¿dónde está el agravio?».

Félix Ríos mantiene que las medidas de seguridad del templo deben en todo caso conciliarse con la necesaria preservación de la intimidad de los fieles. «No hay que perder de vista que las iglesias son lugares de culto y encuentro con Dios. No podemos pervertir esa naturaleza ni colocar un policía detrás de cada persona que entre» reflexiona.

La Basílica del Gran Poder cuenta desde el año 2008 con un sistema de videovigilancia dotado de diez cámaras de seguridad, amén de disponer de alarmas anti intromisión y contra incendios. A ello se une la presencia de dos capilleres de forma permanente en el templo y de un vigilante de seguridad nocturno. «La capilla del sagrario es el sitio de mayor recogimiento del templo. ¿Qué vas a hacer allí? No podemos poner un vigilante de seguridad», manifiesta el hermano mayor.

En 2010, tras el ataque de un perturbado al Señor, la hermandad reforzó la seguridad de la imagen instalando una mampara trasera.

Otro de los templos más blindados de la ciudad es, sin duda, la Basílica de la Macarena. El templo cuenta con un sistema de videovigilancia compuesto por entre 26 y 28 cámaras de seguridad que graban permanentemente tanto el interior de la basílica, las salas del tesoro, algunas zonas de la casa de hermandad e incluso el exterior y el recinto del atrio, siempre salvaguardando la ley de protección de datos. Estas cámaras han ayudado en más de una ocasión a resolver algunos incidentes menores ocurridos en el templo. «Gracias a las grabaciones se pudo identificar en enero de 2015 al individuo que se llevó metida en una bolsa una de las jarritas de plata del paso de palio y gracias a ellas también se han resuelto algunos hurtos de bolsos de algunas señoras que estaban rezando», refiere el teniente de hermano mayor macareno, Santiago Álvarez Ortega. «E incluso no es raro, cuando ocurre algo en el entorno de la Basílica, que la Policía venga y nos pida la grabación de determinadas cámaras», añade. Tanto el capiller como el vigilante de seguridad tienen acceso permanente al circuito cerrado de cámaras de televisión y pueden visionar en tiempo real cuanto sucede en cualquier rinción de la Basílica. De hecho, el hermano mayor, el mayordomo y algunos oficiales de junta tienen también acceso desde su móvil a todas las cámaras por lo que, si en algún momento dado saltara la alarma, pueden comprobar inmediatamente desde su teléfono la veracidad del aviso.

Álvarez Ortega califica lo sucedido el lunes en la Basílica del Gran Poder como un «hecho aislado perpetrado por gente que no está bien de la cabeza». «Por muchas medidas de protección y seguridad que se adopten, es inevitable. Si quieren, lo pueden hacer».

Y otro testimonio más, el del hermano mayor de la Paz, Santiago Arenado, quien apuesta por que los templos actualicen sus medidas de seguridad. «Hace un año en la parroquia de san Sebastián hemos instalado cámaras de seguridad con idea de ampliar el horario de apertura del templo, algo a lo que estás obligado al estar declarado Bien de Interés Cultural».


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