El ADN busca poner fin a 82 años de injusticia en Utrera

Muchas familias de represaliados se realizan pruebas que les indiquen si sus parientes están entre los 21 cuerpos hallados en la fosa común del cementerio

05 abr 2018 / 22:11 h - Actualizado: 06 abr 2018 / 10:15 h.
"Guerra Civil Española"
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Utrera ha comenzado este miércoles a arrojar un poco de luz a uno de los episodios más oscuros de su historia, la de la Guerra Civil y la posterior represión franquista, época en la que hay documentadas 400 defunciones por violencia desde el golpe de Estado de julio de 1936.

Tras detectarse en la excavación de una de tres fosas de represaliados que ha existido en el cementerio municipal de Utrera restos de 21 represaliados, probablemente 19 hombres y dos mujeres, este miércoles era día escogido para iniciar el proceso de identificación de los restos mediante la toma de muestras de ADN a los familiares de los represaliados, entrevistas personales con ellos y recogida de fotografías para ayudar a la identificación.

La iniciativa ha desbordado las previsiones ya que, aunque se había reservado para ello toda la mañana y la tarde, el proceso ha debido de suspenderse hasta nueva fecha al mediodía, porque ya se habían agotado los 30 bastoncillos con que contaba para la recogida de muestras de ADN. Por ello, se ha anunciado que en breve se dará a conocer una nueva fecha para seguir con el proceso.

Desde primera hora de la mañana, los familiares de los represaliados se dieron cita en el centro cívico La Fontanilla de Utrera, donde se han realizado las pruebas y hasta donde se han desplazado, además de los familiares de represaliados residentes en Utrera, otros de diferentes lugares como Sevilla o Madrid interesados en hallar los restos de sus antepasados.

En la jornada se han vivido momentos emotivos con los familiares, que han narrado su historia y cómo se vieron afectados por esta etapa tan oscura de la historia de España. La Asociación de Familiares Fosa Común de Recuperación de la Memoria Histórica (Amehis) Utrera, integrada por miembros de una veintena de familias montó a las puertas del Centro Cívico de La Fontanilla una mesa informativa con el fin de intercambiar información que se acercaron a realizarse las pruebas de ADN.

Uno de los portavoces del colectivo, Juan Valle, explicó que «cada caso es un caso especial» y que el objetivo es que la excavación continúe para que aparezcan más restos de los hasta ahora encontrados y se puedan resolver todos o al menos el máximo de identificaciones posibles. En algunos casos, según dijo, «no será posible porque, o ya no existen descendientes o están ilocalizables o, en otros, porque ya se sabe que no van a aparecer los restos de todos los represaliados que se ejecutaron en Utrera».

El caso de la familia de Juan Valle es uno de los más sangrantes. Él mismo recuerda cómo fueron a buscar a su abuelo, Juan Valle González, y cómo no lo encontraron. «pegaron un tiro en el ojo a una fotografía suya [que él mismo muestra] y le dieron varios culatazos con el fusil y nos dijeron que eso le harían si lo encontraban, como así fue».

Otro de los casos que afloraron en esta jornada fue el de Carmen Luna Alcázar, apodada La Luna, que tiene dos hermanas vivas con cerca de un siglo de vida: una, residente en Utrera, a la que le han sido tomadas las muestras de ADN, y otra en Francia. Su nieta, Rosario Ruiz Peña, fue la encargada de recordar el sangrante caso de esta mujer que regentaba un puesto en la plaza de abastos, militaba en CNT y fue fusilada tras ser detenida y encarcelada el 18 de septiembre de 1936, «paseándola con la bandera y la cabeza rapada». Después le dieron muerte. Hay una alta probabilidad de que sus restos pudieran ser uno de los dos femeninos encontrados en la excavación, ya de los 416 represaliados documentados, todos son hombres, salvo 16 mujeres.

El caso de la familia Padilla tiene una doble vertiente, según explicó Manuel Padilla Mellado. Por un lado, su tío Manuel Padilla Romero, que fue llevado a la cárcel por falsas acusaciones de una antigua novia y cuando sus familiares fueron a verlo le mostraron su cuerpo con la cabeza destrozada a golpes y no lo pudieron recuperar ni conocer su lugar de enterramiento. Por otro, el de otro hermano, Francisco Padilla Romero, que cuando fue detenido su mujer marchó a toda prisa a Mairena a recoger un salvoconducto del marqués de Gandul que le valiera la liberación cuando estaba a punto de ser obligado a subirse a un camión con rumbo desconocido.

La de ayer fue una jornada intensa de emociones, sentimientos y deseos de encontrar unos restos de unos antepasados a los que se desea dar una sepultura digna, un lugar junto a sus familiares y hacer al menos una pequeña justicia para rescatarlos de la oscuridad, del olvido y de una barbarie que nunca debió suceder.


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