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La parroquia de Santiago, manantial de iniciación cristiana, comprometida con la paz

El pasado domingo, 3 de febrero, la parroquia de Santiago el Mayor, de Alcalá de Guadaíra, vivió una jornada especial, en la que todos, y especialmente los niños, expresaron su compromiso con la Paz, con un lema simple y directo: “Dichosos los que trabajan por la Paz”.

Alberto Guillén Aguillenito /
04 feb 2019 / 16:10 h - Actualizado: 04 feb 2019 / 16:11 h.
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  • La parroquia de Santiago, manantial de iniciación cristiana, comprometida con la paz

Magníficas fueron las peticiones realizadas por los niños, expresión de su compromiso con la Paz, evidenciando el magnífico trabajo realizado por sus catequistas.

Recientemente se había celebrado en las Escuelas el Día Escolar de la No Violencia y la Paz, y en la Misa, en la que los niños fueron los protagonistas, se puso de manifiesto que no es posible la Paz sin AMOR. Como indica la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios, “si no tengo amor, no sería nada”. “En una palabra, quedan estas tres: la fe, la esperanza y el amor. La más grande es el amor”.

Los niños habían preparado dos palomas: una negra (símbolo del mal, las guerras, la violencia, la discriminación, la injusticia, la

marginación...) y otra blanca, con una ramita de olivo en su pico (símbolo de la paz, el perdón, la no violencia, la justicia y, sobre todo, el Amor), y entendieron que es esta última la que deben alimentar con el trigo de sus buenas acciones.

Como indicó el sacerdote D. Manuel María Roldán Roses, cura párroco de Santiago, la Paz no es solo ausencia de guerras. No es solo una cuestión de países, sino que la vivimos y construimos en nuestro entorno más cercano: no hay paz cuando marginamos a nuestros compañeros, no hay paz cuando nos burlamos y abocamos a nuestros compañeros a la soledad, no hay paz cuando no respetamos a los demás, no hay paz cuando no somos capaces de perdonar los errores de nuestro prójimo, no hay paz cuando no cumplimos con las normas y deberes que nos marcan nuestros padres y nuestros maestros...

La paz es un regalo de Dios, pero nosotros tenemos que actuar para que ese regalo dé frutos. Y puso el sacerdote un ejemplo muy didáctico: si te hacen un regalo y no lo abres, no lo disfrutas y no lo compartes, por lo que de nada habrá servido; solo cogerá polvo. Pero si lo abres, lo disfrutas, lo compartes, y lo pones en un sitio visible de tu casa, el regalo habrá servido. Igual ocurre con la paz. Dios nos la ha regalado, nacimos para vivir en paz, pero debemos abrir el regalo y actuar, conforme al Evangelio, para que esa Paz sea verdadera. No existirían guerras, no existiría violencia, si cumplimos el Evangelio, si cumpliéramos el mandamiento de Jesús: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”. Ese es el mayor regalo que ha recibido la

humanidad: la capacidad de amar, porque sin Amor no soy nada.


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