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La utopía del Museo Arqueológico

Ese es el gran reto que no se acaba de acometer: modelar la utopía, darle vida y metamorfosear la vetustez del caserón actual en un Museo Arqueológico propio de nuestro tiempo y digno de Sevilla

30 dic 2016 / 06:21 h - Actualizado: 29 dic 2016 / 21:22 h.
"Un museo por explotar"
  • La utopía del Museo Arqueológico

Por Pilar León-Castro Alonso

No han faltado intentos, pero como si hubiera tras ellos un maleficio, todos han resultado fallidos. Y la verdad es que no hay maleficio, pero tampoco hay voluntad firme de arreglo, la peor de las carencias. Mientras las instituciones fácticas –todas– no acuerden sacar adelante el proyecto del Museo Arqueológico que Sevilla reclama, todo será inútil. Lo del dinero viene después; es capítulo de importancia, pero no el primero, porque sin aquella voluntad aunada no hay avance posible. Habrá dificultades, pero no son insalvables y los intentos antes mencionados lo demuestran.

El mejor antídoto contra las dificultades es creer en la utopía, aferrarse a ella, o sea, concebir una idea factible y clara de un espacio cívico y cultural en el que salgan a nuestro paso las Musas, que ese es el origen del mouseion. A las Musas hoy día las reconoceríamos en algunas de las piezas maravillosas conservadas en el Museo, así como también en la inspiración, en los pensamientos, en las ideas que nos pueden llegar mientras deambulamos por las salas y espacios del Museo; se las puede reconocer igualmente en la comodidad de unas instalaciones confortables, en la contemplación del escenario abierto a la Plaza de América, en la distensión mental y espiritual que estará dispuesto a experimentar el visitante.

Nadie piense que esto es andarse por las ramas. Es la realidad que ofrecen hoy otros museos de menos enjundia que el Museo Arqueológico de Sevilla y que muchos lectores habrán tenido ocasión de visitar y conocer. Por eso surge la pregunta: ¿por qué en Sevilla no, cuando sus colecciones y piezas arqueológicas son de primera? ¿Vamos a seguir renunciando a que nuestro Museo Arqueológico sea lo que le corresponde? Ni puede ni debe ser. La Dirección del Museo se desvive por atenuar la impresión desangelada del actual espacio museístico y lo consigue, sobre todo, porque conoce como nadie el potencial extraordinario de los fondos del museo tanto en el plano estrictamente científico y arqueológico como en los planos del ocio y de la difusión cultural.

Este es otro punto crucial. El museo es por definición un centro formativo, entendido no sólo como contenedor de conocimiento y cultura sino como generador de ellos, aspecto prioritario de su misión educativa y formativa. Nuestro Museo Arqueológico tiene condiciones óptimas para convertirse en un referente modélico en este sentido, si se dan las circunstancias para que así sea. Cualquiera que lo conozca admitirá que desde la Prehistoria a la Edad Media exhibe piezas de primera categoría, en las que se revela la capacidad del hombre para crear instrumentos, ingenios, recursos, arte, manifestaciones todas del poder de superación que el hombre ha desarrollado a lo largo de la Historia, para avanzar en la existencia y en la vida.

Hay que tener en cuenta, que cuando se habla del Museo Arqueológico de Sevilla, se está haciendo referencia a piezas y a obras cuyos nombres son como aldabonazos de grandeza en la historia de la Arqueología, de la española y de la andaluza; juzgue si no el lector: puntas de flecha de cristal de roca del dolmen de Ontiveros; tesoro del Carambolo; Astarté del Carambolo; Venus, Diana, Hermes, estatua heroica de Trajano, busto de Adriano de Itálica; la principal colección conocida de bronces jurídicos romanos.... No hace falta seguir. Un museo de lujo desgraciadamente desaprovechado.

Creo que habrá acuerdo en que algo hay que hacer. La voz cantante tienen que llevarla las instituciones y autoridades involucradas, aunque nosotros, los sevillanos, no podemos escudarnos en eso y quedarnos de brazos cruzados. Incluso en el estado actual debemos agradecimiento a nuestro Museo Arqueológico por proporcionarnos tantas posibilidades de conocer un mundo que ya no es, pero al que pertenecemos; de llenar nuestra curiosidad; de sorprendernos con la belleza. Un agradecimiento que es de justicia personificar en quienes trabajan en el museo y se afanan por mostrarnos su mejor cara.

La mejor forma de hacerlo, la más sencilla y la más beneficiosa es ir al museo, visitarlo, apoyarlo con nuestra presencia y hacer que ésta se convierta en un reclamo y en una exigencia de cambio inminente. Vamos a intentarlo. Merece la pena, saldrá bien y nos alegraremos.

1A. León, El Museo. Teoría, praxis y utopía, 1978.


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