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«Nuestras fronteras están donde nuestros intereses peligren»

Entrevista. Convencido de que «los sevillanos no saben qué se hace en Capitanía», el teniente general jefe de la Fuerza Terrestre, Juan Gómez de Salazar Mínguez, abre puertas para que la sociedad conozca la labor del Ejército

09 feb 2017 / 12:20 h - Actualizado: 10 feb 2017 / 13:50 h.
"Fuerzas Armadas","Ejército","Ejército: vocación y oportunidad"
  • El teniente general jefe de la Fuerza Terrestre del Ejército de Tierra, Juan Gómez de Salazar Mínguez, posa para esta entrevista. / Fotos: Jesús Barrera
    El teniente general jefe de la Fuerza Terrestre del Ejército de Tierra, Juan Gómez de Salazar Mínguez, posa para esta entrevista. / Fotos: Jesús Barrera

Madrileño de nacimiento, casado, padre de cuatro hijos y abuelo de tres nietos, Juan Gómez de Salazar Mínguez (1957) lleva cuatro años en Sevilla, aunque no salió de la «sala de máquinas» hasta hace uno y lo hizo para ponerse al frente de la Fuerza Terrestre del Ejército de Tierra, donde, como teniente general jefe, tiene a su cargo a más de 40.000 personas. Hijo de militar (Guardia Civil), aunque primero quiso ser médico, le «emocionó tanto» el acto en el que su padre celebraba las bodas de plata de su jura de bandera, en Zaragoza, que en 1974 ingresó en el Ejército. «Y no me arrepiento. Volvería a hacerlo», afirma sin dudar.

Hermano mayor honorario de La Paz y del Rocío de Sevilla —«para carretas, las de Sevilla»—por razón de su cargo, está «encantado» de vivir aquí: «Sevilla tiene una cosa buena: está perfectamente conectada con el orgullo de sentirse español. Las tradiciones aquí van a misa. Y esto es muy importante: Sevilla se siente orgullosa de su historia, sin entrar en ideologías», aunque muchos desconozcan el papel del Ejército.

—¿Se siente respaldado por la sociedad?

—Sinceramente sí. Desde un tiempo a esta parte tratamos esta circunstancia con mucha insistencia en el Ejército porque entendemos que la sociedad a la que pertenecemos y en la que estamos integrados, debe conocernos mejor para querernos más. El Ejército es un instrumento de la política del Estado y dentro de ésta está la de Defensa y tener conciencia de Defensa es una responsabilidad de todos los que ocupamos puestos de responsabilidad.

—¿Cómo hacer que el Ejército sea más cercano?

—Por un lado, nosotros tenemos que intentar abrirnos más. Los tiempos han cambiado, el Ejército no tiene nada que ver con el de hace 20-30 años. Además, creo que en la sociedad debe haber también preocupación por la cultura de Defensa. La forma de atraer a la gente es sencilla: convencerle de que los principios y valores de los que disfrutamos hoy en día –la libertad, la justicia, la igualdad, el derecho, la democracia– sólo se consiguen si hay seguridad y la seguridad tiene un precio, que es disponer de unas fuerzas armadas con las capacidades necesarias para garantizarla si llega el momento.

—¿Cómo reciben las opiniones de partidos políticos como IU o Podemos que cuestionan la necesidad de un Ejército?

—Las recibimos con sorpresa, pero estos movimientos son habituales, no sólo en España, también en nuestro entorno. Es un problema de percepción. Creo que el problema es que se confunde el deseo de que no haya guerra con la ilusión de que no vayan a producirse y eso es un error. Por desgracia los conflictos armados, nos guste o no, se producen, esto nos lo enseña la Historia, y desconocemos el momento y el lugar. Tenemos que estar preparados para esto. Quien no lo vea así es que no vive en este mundo.

—Pero el papel que juega ahora el Ejército se centra sobre todo en los conflictos internacionales.

—El Ejército español ha cambiado mucho en los últimos años. En los años 70 u 80 era inimaginable pensar en participar en misiones exteriores al lado de ejércitos tan cualificados como el americano, el británico, el francés, el italiano. Y hoy lo estamos haciendo al mismo nivel que nuestros socios y aliados. Y estamos defendiendo los intereses de España porque ahí estamos cumpliendo nuestros compromisos internacionales y combatiendo el yihadismo, que hoy por hoy es la principal amenaza de Europa. Los ciudadanos tienen que entender que cuando se está instruyendo al futuro Ejército de Irak se está luchando contra el Daesh y se está defendiendo a España. Ha cambiado la situación. Antiguamente los ejércitos se concebían –y la gente los entendía– para defender las fronteras y hoy nuestras fronteras están en el Sagel, en Irak... allí donde los intereses de España, de Europa y el mundo occidental se ven en peligro.

—¿Cómo combate el Ejército español el yihadismo?

—El terrorismo islámico es una de nuestras principales amenazas. No sólo de España, sino de todos nuestros aliados. Todos estamos concienciados de que la lucha contra el yihadismo hay que acometerla desde dos puntos de vista: el interno, con nuestras fuerzas y cuerpos de Seguridad del Estado y el Centro Nacional de Inteligencia, y el externo, que es donde el Ejército está tomando parte y participando con otros países europeos. En concreto, nuestra misión es formar a los ejércitos de estos países, en particular el de Irak, para que su lucha contra el Daesh pueda llevarse a cabo en las mejores condiciones.

—¿Por qué se le encomienda esta misión en particular al Ejército español?

—En Irak participa una coalición de naciones y gran parte de los ejércitos que están formando parte de esta operación tienen como misión fundamental formar a las diferentes unidades del ejército iraquí. En concreto, España aporta especialistas de operaciones especiales y unidades de tierra que están instruyendo y adiestrando a unidades del ejército iraquí, en todos los aspectos del combate.

—Y, en general, ¿cuál es el papel de España en los conflictos internacionales?

—Estamos al mismo nivel que nuestros socios. Ahora mismo las Fuerzas Armadas Españolas participan en 15 operaciones exteriores, desde Colombia hasta Afganistán pasando por los países africanos en los que estamos desplegados: Senegal, Mauritania, Malí, Somalia, República Centroafricana; asimismo Líbano, Bosnia, Irak. En total, 2.300 efectivos aproximadamente.

—¿De esto tampoco somos conscientes los españoles?

—La imagen de las Fuerzas Armadas ha mejorado. En las encuestas nunca salimos mal parados. Aún así, queda mucho por hacer. Gracias a la participación en este tipo de misiones, que comúnmente se llaman operaciones de paz, y también gracias al papel de nuestra Unidad Militar de Emergencias (UME), creo que la imagen del Ejército ha mejorado a nivel nacional.

—Volvamos a lo local. ¿Qué peso tiene Sevilla en la organización del Ejército?

—Estoy convencido de que paramos a un sevillano por la calle y no sabe qué hacemos en Capitanía. Pero tiene mucho peso. Desde Sevilla se mandan, dirigen, se adiestran y se preparan todas las unidades operativas que el Ejército español despliega en la península, Ceuta, Melilla y Baleares. Es decir todas las unidades operativas del Ejército español, salvo las que están en Canarias, dependen del Cuartel General que se ubica en la Capitanía General de Sevilla, en la plaza de España. Más de 40.000 efectivos, dos divisiones, con siete brigadas, unas fuerzas aeromóviles, un mando de operaciones especiales y todo el resto de unidades de apoyo al combate –artillería de campaña, ingenieros, artillería antiaérea, transmisiones...–. Nuestra principal misión es preparar a todas estas unidades para que estén en las mejores condiciones para que cuando sean desplegadas en el exterior o participen en otro tipo de misión tengan la garantía de cumplirla con éxito. Por esto se dice que nosotros somos un mando de preparación y generación.

—¿Cómo han sorteado los recortes impuestos a todos, tanto en presupuestos como en personal, por el Gobierno para hacer frente a la crisis?

—Hablar de recortes y quejarse de presupuesto en época de crisis es complicado. Nosotros somos conscientes de que todos los españoles se han apretado el cinturón y el Ejército y las Fuerzas Armadas se lo han apretado como el que más. ¿Qué hacemos? Pues asignar prioridades. No podemos abarcar todo lo que nos gustaría y estamos centrándonos en lo más importante: aplicando los recursos de los que disponemos a las actividades esenciales.

—¿Cuáles son?

—La preparación de las unidades que van a desplegar en el exterior para garantizar que allí no van a tener ningún problema. ¿Esto en qué se traduce? Pues en que en el resto de unidades que no les toca en ese momento participar ven limitadas sus posibilidades de prepararse, salir a ejercicios, mantenimiento, etcétera. Ahora mismo estamos en una situación crítica.

—¿Esto también se ha reflejado en una reducción del personal?

—No exactamente, aunque también. Esta reducción de personal ha venido como consecuencia de que la oferta de empleo, que se hace todos los años, se ha reducido por esta misma razón, por la falta de recursos, puesto que la tasa de reposición se limitó al 10 por ciento. Estamos ahora mismo en cobertura de tropa de la Fuerza Terrestre entre un 70-80 por ciento, dependiendo de la unidad, y en cuadro de mandos, en casi el 90 por ciento. Con esto podemos garantizar las misiones que tenemos asignadas.

—¿Qué solución ve a la situación en la que se encuentra el personal de tropa no permanente mayor de 45 años?

—Nuestro personal de tropa se agrupa inicialmente en dos categorías, todas profesionales: los militares de carrera y los temporales. Los de carrera son permanentes, hasta que llegan a la edad de la reserva (58 años), el resto se agrupa en dos grupos: los del compromiso inicial, que es hasta los seis años de servicio, y los del compromiso de larga duración, que es un contrato que firma el personal que ha cumplido ya los seis años de servicio, que quiere seguir en las Fuerzas Armadas, que se prorroga hasta que cumple 45 años. Así es que no es que se le esté rescindiendo el compromiso, ni se le está expulsando. Pero es una pena que un personal cualificado, que lo ha dado todo por España, que ha participado en misiones en el exterior, que ha sacrificado los intereses de su familia, cuando cumple los 45 años quede desvinculado. Pero no es responsabilidad solo de las Fuerzas Armadas, sino de toda la sociedad. Si consiguiésemos entre todos, en las administraciones locales y autonómicas, estatales, en el mundo empresarial, que este personal pudiese encontrar un puesto de trabajo, sería la mejor solución. Es un personal cualificado y de garantías. Leales y sacrificados.

—¿Y dentro del Ejército?

—A lo largo de este periodo han tenido opciones de promoción interna para acceder a la escala de suboficiales, oficiales, de personal permanente o incluso ingresar en los Cuerpos de Seguridad del Estado. En la Guardia Civil y en la Policía Nacional, así como en algunas Policías Locales, hay reserva de plaza para este personal. Muchos lo consiguen, pero otros no y a estos nos referimos. Los militares temporales, cuando firman el compromiso inicial, los estudios que se les exigen no son muy altos. En la última convocatoria, basttaba con 4º de la ESO.

—¿Están interesados los jóvenes en incorporarse al Ejército?

—Pienso que sí. Mucha gente piensa que se debe a la crisis. Puede ser que por la crisis haya más gente joven interesada en ingresar en el Ejército. Es un puesto de trabajo seguro, con cierta continuidad...

—Y arriesgado...

—A la gente joven suele gustarle el riesgo. Es cierto que hoy por hoy tenemos más peticiones de ingreso que hace unos años, pero al final es lo mismo, porque con la vocación se nace, pero también se aprende, y mucho de este personal acaba teniendo mayor espíritu militar que el de mayor vocación.

—¿Se ha normalizado la presencia de la mujer en el Ejército?

—Está tan normalizado que hasta las mujeres se han cansado de hablar el tema. No necesitamos asignar cuotas, están perfectamente integradas.

—¿En altos mandos?

—Hay que darle tiempo al tiempo. Como no hay ascensos por méritos de guerra, no hay posibilidades de ascender rápidamente. Como no hay distinción, todos estamos sometidos a las mismas vicisitudes, llegará el momento en el que haya una mujer general, claro que sí.

—¿En qué medida han notado el cambio al frente del Ministerio de Defensa, que por cierto, manda una mujer y no es la primera vez?

—Cada vez somos más conscientes de que en el Ministerio de Defensa se hacen todos los esfuerzos para que todo el mundo entienda, tanto en la política como en la sociedad, que la Defensa es una política de Estado. Si todos lo tenemos claro, poco influye que haya un ministro u otro, porque la línea de actuación está perfectamente marcada.

—Sin embargo, los cambios de Gobierno sí se notan respecto a la política exterior.

—Los analistas políticos comentan siempre de lo mismo: la política de Defensa, Exterior o Educación deberían ser políticas de Estado. En otros países esas políticas se mantienen. Nosotros vamos en esa línea.

—Cuando sucede un accidente como el del Yak-42 o el del helicóptero que cayó al Atlántico el año pasado... ¿cómo lo gestiona?

—La peor circunstancia por la que pasa un militar que tiene bajo su responsabilidad a subordinados es cuando fallece alguno de ellos. Da igual que sea en acto de servicio o que no. Es lo más duro aunque lo tenemos bien claro y asumimos este riesgo. Nuestro compromiso no está escrito, lo hacemos con un beso a la bandera, es firme: hasta la última gota de nuestra sangre, pero como he dicho antes lo tenemos metido en la cabeza pero es lo más duro de nuestra profesión. Y el caso del Yak-42 fue muy doloroso para todos. Gracias a Dios, parece que, por las declaraciones del presidente del Gobierno, la ministra de Defensa y los portavoces de los afectados, por fin, se van a hacer las cosas bien y va acabar bien.


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