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Infoca: siempre alerta contra las llamas

El Cedefo y base Brica de Madroñalejo, en Aznalcóllar, tienen la particularidad de combinar efectivos provinciales y regionales preparados para desplazarse a combatir incendios en cualquier punto de Andalucía

21 ago 2017 / 20:45 h - Actualizado: 22 ago 2017 / 10:54 h.
  • El técnico de operaciones Pedro Suero observa el helicóptero Tango 8. / Jesús Barrera
    El técnico de operaciones Pedro Suero observa el helicóptero Tango 8. / Jesús Barrera
  • Infoca: siempre alerta contra las llamas
  • Infoca: siempre alerta contra las llamas
  • El técnico contempla un informe sobre el incendio de Moguer. / Jesús Barrera
    El técnico contempla un informe sobre el incendio de Moguer. / Jesús Barrera

La calma de quienes toman el aire bajo un árbol, de quienes juegan al dominó en la sala de estar o de aquellos que revisan los helicópteros a diario es solo aparente. En el Centro de Defensa Forestal (Cedefo) y base de la Brigada de Refuerzo Contra Incendios de la comunidad autónoma de Andalucía (Brica) de Madroñalejo, ubicado en el término municipal de Aznalcóllar, se está en una alerta constante desde el 1 de junio y hasta el 15 de octubre, periodo en el que se activa el dispositivo para la prevención y extinción de incendios forestales en Andalucía, más conocido como Plan Infoca. Porque, en cualquier momento, la emisorista puede recibir el aviso de un fuego forestal, ya sea a través de los más de 200 puntos fijos de vigilancia repartidos por Andalucía o tras la llamada de un ciudadano al Servicio de Emergencias 112.

«Entonces suena la sirena», explican los técnicos de operaciones (TOP) Pedro Suero y Fernando Pavón, y se deja todo lo que se esté haciendo para movilizar de inmediato a los medios disponibles en este centro, uno de los dos que existe en la provincia de Sevilla –hay 23 en toda la comunidad– junto al de El Pedroso y el único de Andalucía que combina Brica –al frente de la cual está Suero– y Cedefo –liderado por Pavón–.

No importa un ápice que las temperaturas den una tregua –la visita se produce precisamente un día de bajada de los termómetros–, pues el riesgo de ignición continúa siendo alto todo el verano, sobre todo si la humedad relativa es baja y el viento azota con fuerza. «El combustible –para el resto de los mortales, la vegetación: matorral, pasto o arbolado– está más seco que otros años, en una gran disposición de arder», apunta Suero, y forma un cóctel explosivo con rachas de viento como las que, por ejemplo, se dieron el fin de semana del incendio que arrasó Doñana el pasado mes de junio.

De aquel desastre fueron testigos directos los medios que descansan en Aznalcóllar. El Hotel 8 y el Tango 8, dos imponentes helicópteros que pueden llegar a cargar 1.200 y 4.500 litros de agua, respectivamente. El primero de ellos, además, es el encargado de transportar a la Brica, considerada un equipo de élite de actuación regional, cuyos 11 componentes –incluido el capataz y a los que se suma el técnico de operaciones– tardan apenas 15 minutos en estar listos para actuar una vez reciben el aviso del incendio. También se ubican en Madroñalejo los terrestres, esto es, los retenes de bomberos que van en coches o camiones y que previamente han estado haciendo labores de vigilancia por los montes públicos de la provincia.

Horas antes del fuego de Moguer, muchos de ellos habían estado interviniendo en otro declarado en Alanís. «Se trabaja en unas condiciones duras, no solo por la imposibilidad de predecir lo que va a ocurrir y las horas de más que hay que echar, sino por el riesgo físico al que nos enfrentamos», señala Pavón. Por eso, aparte de ser un trabajo «muy vocacional», los efectivos tienen diariamente sesiones de gimnasia que les permiten aguantar las largas caminatas en las intensas jornadas de extinción a las que tienen que hacer frente.

Para hacerlo con éxito, la coordinación es clave. «Imagina que hay un incendio en Villamanrique de la Condesa», relata el técnico de operaciones del Cedefo. «En un principio, los retenes intentarán apagarlo con sus propios medios, sin pedir permiso a nadie. Si pueden extinguirlo, perfecto, si no, ya entra en juego el Centro Operativo Provincial (COP) de la provincia en la que se declare», afirma Pavón. El COP mantiene informado al Centro Operativo Regional (COR) sobre el estado del fuego, y ahí se decide si se movilizan medios regionales, como la Brica, y se solicita apoyo del Estado si fuese necesario. En este centro regional, que tiene su sede en la Consejería de Medio Ambiente, se encuentra una «figura esencial» como la del analista, que se encarga de interpretar el comportamiento del fuego. Lo hace contemplando diversas variables como el viento, la temperatura y la orografía, datos con los que dibuja un escenario probable del incendio y su posible evolución. Gracias a esta información, se toman las decisiones técnicas a la hora de afrontar el combate contra las llamas, «porque no es igual actuar en un terreno llano como el de los pinares de Doñana que en una orografía tan complicada como la del parque natural de las sierras de Cazorla, Segura y las Villas», asegura Suero sobre una de las últimas intervenciones destacadas de la Brica de Madroñalejo.

Otras tareas

La de atajar los incendios no es la única labor del Plan Infoca. De hecho, una de sus tareas más importantes es la de la prevención, que se lleva a cabo durante la época de bajo riesgo, es decir, desde finales de octubre a principios de mayo, aproximadamente. En concreto, se trabaja en la selvicultura preventiva, que considera que el inicio o la propagación de un incendio forestal depende, en gran medida, de la estructura espacial y composición de la vegetación que puede verse afectada, y que determinarán las condiciones de comportamiento y propagación dinámica del fuego. De esta forma, las distintas actividades vinculadas a la selvicultura preventiva atienden a la creación y mantenimiento de cortafuegos, así como a la disminución del combustible vegetal mediante la ejecución de tratamientos selvícolas en las masas forestales existentes.

Los puntos calientes de la provincia de Sevilla, en los que se pone especial atención con estos trabajos preventivos y los que más quebraderos de cabeza dan cada año al Infoca, son «la zona del Corredor Verde, los pinares de Aznalcázar y Villamanrique, además de municipios como El Ronquillo o El Castillo de las Guardas, más en la Vía de la Plata». En estos lugares se da además la circunstancia de que son zonas interfaz, en las que se implican personas, viviendas y masa forestal, y pueden requerir también la actuación de la Unidad Militar de Emergencias (UME) o la de Protección Civil, entre otros. Pese a todo, Sevilla es la provincia en la que menos Cedefo hay, ya que el Valle del Guadalquivir, «que tiene mucha zona agrícola, no tiene tanto riesgo de incendio forestal» como sí existe por ejemplo en Huelva, donde hay mucho combustible, manifiesta Suero.

En cualquier caso, tanto el funcionamiento como el despliegue de medios que tiene el Plan Infoca «ya lo quisieran otras comunidades autónomas e incluso otros países», aseveran estos técnicos de operaciones, que destacan la capacidad de la región para mantener en el tiempo un dispositivo que está siempre alerta contra el mayor enemigo de los paisajes andaluces, y que cuenta con más de 4.000 personas luchando por mantenerlos a salvo de las llamas.


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