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La familia y uno mismo ante la muerte

La sociedad actual ignora que la vida se acaba y el momento final genera tensiones difíciles de sobrellevar

27 nov 2017 / 22:30 h - Actualizado: 27 nov 2017 / 22:01 h.
"Salud","Muerte digna"

«Una de las cosas más curiosas del ser humano es que negamos lo que nos frustra y las cosas malas las asociamos a la decrepitud y la muerte», explica Miguel Garrido, profesor de Facultad de Psicología de la Universidad de Sevilla y experto en terapia de familia.

«Ahora quitamos a los niños de enmedio, pero quienes nos hemos criado en un pueblo hemos visto morir a las generaciones anteriores y la importancia de los rituales de una realidad de la que no podemos escapar: la propia muerte y la de los seres queridos».

«Cuando», prosigue, «la muerte se anuncia en forma de cáncer lleva todo un proceso aceptarlo y se pasa muy mal. Hay quien vive como si no se fuera a morir nunca, y afrontar la muerte es parte del ciclo de la vida». «Claro que», ironiza acerca de la cultura urbana y del éxito, «de eso solo somos conscientes a partir de los 50 años, cuando muere mucha gente gente alrededor».

La muerte digna para él pasa por saber uno que se va a morir y que en ese trance no lo maltraten. Eso incluye desde «a los ancianos que viven en un cuarto y se pasan sus últimos años sin poder pisar la calle» a los tratamientos médicos obstinados e inútiles, e influye mucho una contradicción: las familias no ven el sufrimiento del paciente mantenido a toda costa con vida porque les apena que se muera.

«Las familias deben contar con mecanismos para hacerse cargo de la realidad. No lo hacen con mala intención, pero se bandean como pueden ante una realidad fastidiosa y aparecen las guerras internas porque una enfermedad terminal es un bombazo en el sistema familiar».

Para que los adolescentes actuales se conciencien este psicólogo propone que acompañen como voluntarios a pacientes en un hospital, o mejor, a su vecino del bloque, «y así dejar de ver la muerte por ideas preconcebidas, ideológicas muchas veces. Y hay que cuidar al a gente que necesita ayuda social, a esos que no tienen medios, porque el envejecimiento es cada vez más frecuente».

Almudena Serra es experta en duelo y directora ejecutiva del I máster de Educación Emocional e Inteligencias Múltiples de la Universidad Pablo de Olavide. «La familia asume la proximidad de la muerte tal como la asume el enfermo por las neuronas espejo, por contagio emocional. Y estos tienen por lo general tres reacciones: evitar hablar del tema y ocultar lo mal que están, enfadarse con los que piensan que son los culpables, o con el sistema; y por último aprovechan el tiempo para disfrutar con los suyos lo que les queda. Esta última es la única actitud sana, lo que no quiere decir que no sea dolorosa. De las otras lo único que sale es culpa para que se la repartan los que quedan aquí, lo sano es aceptar el dolor como parte de la vida y acompañar a quien se está yendo».

«Sin herramientas emocionales el miedo a la pérdida del ser querido provoca más dolor. No se quieren despedir y se agarran a un clavo ardiendo. Cuando llega el fallecimiento se echa la culpa a los médicos, a otros familiares, nos la echamos a nosotros mismos...».

«La muerte», prosigue, «es un tabú. No nos enseñan que es parte de la vida y mi asociación (Asociación Española de Educación Emocional, Asedem) propone que se hable de forma natural de esto en los colegios.

«Los médicos son mucho más sensibles con este asunto, y también con los partos, de lo que eran hace solo 10 años. La tendencia es humanizar la forma de transmitir esos momentos».


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