Los Reyes Magos llegan a Sevilla buceando entre tiburones

Sus majestades aparecieron en el estanque principal del Acuario y se mojaron para saludar a los niños que los esperaban

Manuel Pérez manpercor2 /
04 ene 2018 / 22:13 h - Actualizado: 05 ene 2018 / 07:30 h.
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Esta vez, los Reyes Magos sí han llegado pasados por agua. Que no cunda el pánico, porque, en esta ocasión, la lluvia no tuvo nada que ver. Sus majestades emergieron desde las profundidades oceánicas que recrea el estanque principal del Acuario de Sevilla, que es el más profundo de la península Ibérica con nueve metros de fondo. Una entrada que resultó toda una sorpresa entre los más pequeños, que vieron a los Reyes Magos enfundados en trajes de neopreno saludando entre tiburones y águilas de mar.

No faltaron las risas entre los niños que acudieron a este novedoso acto cuando vieron a la mascota del acuario, la tortuga Chelo –un ejemplar de tortuga caretta caretta, también llamada tortuga boba–, juguetear con la corona del rey Baltasar. Al parecer, Chelo no está acostumbrada aún a la presencia de tan destacados personajes en ese estanque. Los Reyes Magos se pasearon por las profundidades marinas, codeándose con varios tiburones –uno de ellos un tiburón nodriza de unos tres metros de longitud y un tiburón toro de 2,5 metros aproximadamente– y varias águilas de mar dibujando una escena mágica.

Los niños no daban crédito. El sólido cristal, que servía al público de ventana a una simulación muy cercana de lo que es el océano Atlántico, reflejaba las caras de asombro de los chiquillos. «No me lo creía, ¡los Reyes Magos han venido buceando!», exclamó una niña que venía acompañada de su abuela. «Hemos venido y de casualidad nos hemos encontrado con esto», reconocía la abuela, que estuvo animando a sus majestades al grito de «¡Vivan los Reyes!».

Los Reyes Magos iban dejando su estela en forma de columna de burbujas por todo el estanque. Unas pompas que iban perdiéndose y fundiéndose con la piel plateada de los escualos, que se dejaban acariciar por sus majestades. Quién sabe si los marrajos le susurraron a Melchor, Gaspar y Baltasar sus cartas y cuántas cosas han pedido.

Quienes han pedido sin parar han sido los niños que presenciaron la acuática escena. Muchos pidieron bicicletas, videojuegos, algún que otro crío pidió un libro, cosa que es de agradecer en estos tiempos que corren. Uno de los niños, avispado y ágil, nervioso en sus movimientos y en su habla, confesó su perplejidad ante lo que había vivido. «¡Ha sido increíble!», exclamó con inquietud. La misma inquietud con la que añadió una cosa más a su carta, la cual se la sabe de memoria: «Yo también quiero bucear con los Reyes Magos».

Al final, sus majestades se fueron y Chelo seguía queriendo jugar con ellos. Como tantos y tantos niños desean estar estos días con los Reyes Magos. En esta ocasión, Melchor, Gaspar y Baltasar se mojaron para sacar una extraordinaria sonrisa a los críos. Ojalá el agua se quede hoy en el acuario y siga remojando a los escualos, que los Reyes Magos tienen mucha tarea que hacer y muchos regalos que repartir esta noche.


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