José Tomás: acontecimiento en los márgenes

El diestro de Galapagar reaparece este domingo en Jaén, rodeado de una gran expectación, para estoquear cuatro toros en solitario pero lejos de la verdadera batalla del toreo

11 jun 2022 / 10:17 h - Actualizado: 11 jun 2022 / 10:19 h.
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Hace tiempo que logró lo que otros sólo sueñan. Situarse por encima del bien y del mal y convertir cada uno de sus contados paseíllos en un grandioso acontecimiento que brilla por sí mismo, ajeno a la verdadera contienda del toreo que se dirime en otros ruedos, que pertenece a otros nombres. Tomás ya había renunciado a esa lucha hace muchos años después de construir los cimientos de su propio mito. Lo consiguió a raíz de aquella larga ausencia que se resolvió con su reaparición de 2007, llenando hasta los topes la Monumental de Barcelona que ya había iniciado su propia agonía.

Esta postrera etapa ha estado jalonada por otros sucesos que siguieron alimentando la leyenda: desde su puntual vuelta a la plaza de Madrid –fue un matar o morir-, hasta aquella reaparición en la Feria de Julio de Valencia en 2011 que siguió a la horrenda cornada de ‘Navegante’, el toro que pudo cambiarlo de orilla pero que, paradójicamente, le terminó de franquear la puerta del olimpo. Un año después llegaron los seis de Nimes y, cada año más, la escueta dosificación de sus actuaciones que, hay que reincidir en el dato, nada tienen que ver con el verdadero pulso de la temporada.

Esta vez será en Jaén, en un fin de semana de hondo significado social y religioso para la ciudad del Alto Guadalquivir que este mismo sábado celebra la fiesta y la procesión de su patrona: la Virgen de la Capilla. Sea como sea, la nueva venida del divinizado diestro de Galapagar consiguió agotar las localidades disponibles a las pocas, poquísimas, horas de ponerse a la venta a la vez que ha operado otros beneficios indirectos para la capital del Santo Reino: lleno absoluto de las plazas hoteleras y dificultades extremas para encontrar mesa en cualquier restaurante. Resumiendo: ambientazo por las nubes, alegría en la calle. No es poco para la que está cayendo. Aunque hay que advertir otro dato: la presencia de Tomás se alimenta a sí misma y no opera ningún beneficio palpable en la recuperación taurina de las plazas que pisa. Gloria para un día. Pero al fin al cabo, gloria...

Nada que, pese a su extraordinaria trascendencia, sea nuevo en las contadas comparecencias del pétreo diestro de Galapagar que ha sabido convertir cada una de estas (re)apariciones en un acontecimiento singular reforzado por la totemización de su propia figura, los resultados de sus bolos anteriores, la glosa exacerbada de las mismas y la fe inquebrantable de sus fieles, que surcan cielo y tierra para no perderse cualquier gesto de su ídolo sin poder adivinar cuándo llegará el definitivo fundido a negro.

José Tomás: acontecimiento en los márgenes
El pintor mallorquín Mikel Barceló es el autor del cartel anunciador de esta nueva comparecencia de José Tomás.

Tomás no se asomaba al ruedo de una plaza de toros desde el Corpus granadino de 2019. Entonces escogió la fórmula de estoquear cuatro reses dejando dos para un rejoneador que abría y partía plaza, colocado como relleno inevitable. Era el mismo esquema que se había preparado para las comparecencias fallidas de Nimes en la temporada de 2020. El matador madrileño iba a hacerse presente por Pentecostés y en la Vendimia contando con Hermoso de Mendoza y Lea Vicens de teloneros más o menos ilustres. El estallido de la pandemia acabó cancelando el grueso de la temporada 2020 sin que hubiera fumata blanca en los cielos de Estepona para la campaña de 2021, sujeta aún a demasiadas restricciones de aforo. No era el mejor caldo para cocinar el estratosférico caché de Tomás. Tocaba esperar. También cambiar de rumbo.

Nuevas estrategias

Porque lo que sí es absoluta novedad es el planteamiento de esta aparición jiennense que tendrá continuidad el 7 de agosto en Alicante. En ambos acontecimientos –no se ha hablado si habrá un tercero- se aplica la misma fórmula: cuatro toros escogidos entre sus vacadas talismán para ser estoqueados en solitario sin opción a competencia con otro matador. La última vez que lo hizo, con Miguel Ángel Perera, fue en la Feria Real de Algeciras de 2018. También se excluye ahora –y se agradece- la figura de un telonero ecuestre que nada añade a la esencia del asunto pero la novedad más trascendente hay que buscarla en las estrategias.

En los últimos años se habían seleccionado abonos cortos de ferias concretas. El negocio era redondo para todos, especialmente para los empresarios que conseguían colocar todas las entradas, incluyendo novilladas y rejones en los que conseguía beneficios insospechados que apuntalaban, y de qué modo, el astronómico caché de José Tomás que solía intervenir personalmente para impedir cualquier alza de los precios.

El asunto ha cambiado en Jaén y Alicante: se escogen dos plazas de alto aforo pero lejos de sus fechas más habituales –San Juan en la ciudad mediterránea y San Lucas en la capital del Santo Reino- renunciando al amparo económico de esos rentabilísimos abonos. El festejo tiene ahora que funcionar por sí mismo: para el empresario –ha habido que alzar los precios- y el matador que ha reseñado los toros a matar entre las ganaderías de Juan Pedro Domecq, Victoriano del Río y Álvaro Núñez Benjumea, que ya ha debutado con un interesantísimo encierro en la pasada Feria de la Salud de Córdoba. Al evento no le falta un cartel de Barceló, un pintor que se ha destacado en el anuncio de las apariciones estelares del diestro de Galapagar como ya hizo en Barcelona, Granada, Algeciras o la corrida coral organizada en Valladolid en homenaje a Víctor Barrio. El ruedo del coso de La Alameda es ahora un folio en blanco para seguir escribiendo la leyenda. Se lo vamos a contar aquí, en la sección taurina de El Correo de Andalucía.


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