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Patrimonio

La Real Maestranza de Sevilla cumple 350 años en 2020

La institución nobiliaria –propietaria de la plaza de toros- mantiene vivas sus señas de identidad en torno a su fidelidad a la Corona y su apuesta decidida por la cultura, el mecenazgo, la filantropía y la Tauromaquia

09 ene 2020 / 13:57 h - Actualizado: 09 ene 2020 / 14:03 h.
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  • Casa de los Maestrantes en el Paseo de Colón (Sevilla). / El Correo
    Casa de los Maestrantes en el Paseo de Colón (Sevilla). / El Correo

Hay que remontarse al lejano año de 1670, a la corte de Carlos II, el último rey de la casa de Austria. Fue El Hechizado el que rubricaría la creación del Real Cuerpo de Maestranza de Sevilla –pronto hará 350 años- que siguió un proceso fundacional similar al resto de corporaciones nobiliarias –Ronda, Zaragoza, Valencia o Granada- establecidas en la segunda mitad del siglo XVII. El objeto de alentar ese flamante cuerpo de caballeros pasaba por el adiestramiento de la nobleza en el arte de la jineta para nutrir los cuadros de oficiales del ejército y estar preparados para la guerra, siempre al servicio de la Corona.

Pero los antecedentes de esa hermandad de caballeros no eran nuevos. Hay que retroceder hasta la conquista de la ciudad a manos de Fernando III, más de cuatro siglos antes. Los caballeros que le habían acompañado en la toma de Sevilla ya se habían agrupado como hermandad bajo la advocación de San Hermenegildo. El objeto era el mismo: permanecer entrenados en las tácticas bélicas y permanecer preparados para el combate. Aquella primitiva cofradía nobiliaria decayó con el tiempo hasta darse por perdida y hubo que esperar hasta la segunda y más oscura mitad del Siglo de Oro, después de los sucesivos apremios de Felipe II y Felipe III, para verla rehabilitada con nuevo patronazgo e idéntico espíritu batallador y ecuestre.

La corporación estableció desde su génesis el culto a la Virgen del Rosario en la capilla que poseía en el desaparecido convento de Regina Angelorum, junto a la actual plaza de la Encarnación. Los caballeros contaron con el concurso de los mejores artistas de la época como el escultor Pedro Roldán y el retablista Francisco Dionisio de Ribas. La decadencia del convento también alcanzó al abandono de la capilla aunque algunos maestrantes providenciales supieron salvar aquel ingente patrimonio antes del derribo del coqueto templo en 1905. Todos enseres, con la Virgen del Rosario de Cristóbal Ramos a la cabeza, serían reinstalados en la actual capilla de 1956, anexa a la Casa que la Maestranza levantó junto a la plaza de toros en vísperas de la exposición del 29 bajo la dirección del arquitecto Aníbal González y los postulados regionalistas. La reja de la antigua capilla, diseñada por el propio Roldán, fue instalada en el túnel de la Puerta del Príncipe.

Los caballeros y Felipe V

Conviene retomar el hilo de la historia: la corporación de caballeros, que hubo de ser reorganizada en 1725 después de algunos años de postración, recibió un especial espaldarazo de Felipe V, el primer rey de la casa de Borbón, que pasó una larga estancia en Sevilla para curar su melancolía. En 1729, don Felipe concedió a la Maestranza el privilegio de uso de su vistoso uniforme y estrechó los vínculos con la Casa Real nombrando a su propio hijo, el infante don Felipe, Hermano Mayor de la institución. Eso sí, habría que esperar hasta Fernando VII, que ya lo había sido como infante, para ver la primera testa coronada como Hermano Mayor.

Se inauguraba así una constante que no se ha interrumpido hasta ahora, incluyendo a don Juan de Borbón y Battemberg –abuelo del actual monarca- que aunque no fue rey de hecho sí lo fue de derecho y mantuvo la condición de Hermano Mayor de la Real Maestranza de Sevilla –y el maestrazgo de las órdenes militares- hasta su fallecimiento en 1993. Don Juan III mantuvo el cargo a pesar de haber cedido todos los derechos de la corona a su hijo Juan Carlos en aquella sencilla pero trascendente ceremonia celebrada en el Palacio de la Zarzuela en mayo de 1977: “Majestad: por España, ¡todo por España!”. Desde el momento de su proclamación, el Hermano Mayor de la Real Maestranza de Sevilla es el rey Felipe VI. Su teniente es Santiago León y Domecq desde el primero de julio de 2017.

La plaza de toros

Si el último monarca de la casa de Austria había dado carta de naturaleza al instituto de la Real Maestranza, también fue el primer Borbón el encargado de concederle el privilegio de celebrar fiestas de toros para sostener la corporación. Hay que remontarse hasta 1730, año que marca el comienzo de esa fecunda relación con el mundo de la Tauromaquia. El privilegio real impulsó la construcción de la actual plaza de toros aplanando el antiguo Monte Baratillo, una auténtica escombrera que estaba destinada a convertirse en templo del toreo. El primer recinto, cuadrado, provisional y construido en madera, estaba limitado por el antiguo Convento del Pópulo –actual mercado del Arenal- y el propio monte Baratillo. El segundo, de forma circular, ya se elevó sobre la antigua escombrera. Pero aún se llegarían a montar otros dos cosos provisionales a la vez que se construyen las primeras dependencias de obra hasta el inicio, en 1761, de las obras del definitivo recinto taurino.

Era el comienzo de un largo proceso constructivo que no alcanzaría su primer punto y aparte hasta 1881, cuando el arquitecto Juan Talavera cerró la arquería. Pero el proceso no estaba cerrado: en 1914 la ciudad mudó su piel, preparándose para la demorada Exposición Iberoamericana que acabó celebrándose en 1929. La plaza de la Maestranza no fue ajena a esa marea regionalista que supuso una reducción del inmenso ruedo y, sobre todo, la sustitución de los viejos tendidos de piedra por unos de ladrillo visto que terminaron de otorgar a la plaza la inconfundible fisonomía que ha llegado a nuestros días.

La Real Maestranza hoy

Hay que partir de una premisa: la lealtad inquebrantable al Rey y todo lo que representa en la España constitucional de hoy. A partir de ahí, la acción social y cultural de la Real Maestranza de Sevilla ha sabido adaptarse a los tiempos sin abandonar la fidelidad a sus constituciones. Los caballeros preparados para la guerra y el arte ecuestre mantienen idéntico ese espíritu operando y favoreciendo el mundo de la cultura, las artes, la beneficencia...

Dentro del campo benéfico-social, el cuerpo nobiliario mantiene intacto su compromiso de patrocinio con las Cocinas Económicas de Triana y las Escuelas de la Macarena, fundadas por la propia corporación. Ese mecenazgo, que sería incontable, se hace extensivo a los campos de la sanidad, la asistencia social, la educación, el ámbito de las cofradías, la restauración del patrimonio, las numerosas publicaciones, su apoyo al mundo ecuestre... además de aportaciones puntuales a cualquier causa que lo merezca e iniciativas como los premios universitarios que distinguen a las cabezas de cada promoción desde 1965 que se suman a los trofeos taurinos que se entregan cada temporada. Pero la Real Maestranza de Caballería tiene su auténtico mascarón de proa en el mantenimiento de su plaza de toros, uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad que cuenta con uno de los museos y la pinacoteca más visitados. 350 años después, el espíritu de su fundación permanece intacto.


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