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Méritos sin rédito

Molina, Salvador y Lauri merecieron entrar en la final del próximo jueves aunque el jurado escogió a los tres aspirantes que ya habían logrado cortar una oreja en el ciclo

22 jul 2016 / 10:55 h - Actualizado: 22 jul 2016 / 13:03 h.
"Novilladas de promoción en la Maestranza"
  • Rodrigo Molina, en la briega de muleta con uno de sus astados. / Manuel Gómez
    Rodrigo Molina, en la briega de muleta con uno de sus astados. / Manuel Gómez

Poco después de finalizar el festejo se hacía público el veredicto de los asesores artísticos de la presidencia de la plaza de toros: Juan Márquez, Jesús Muñoz y Antonio Medina eran los escogidos para pasar a la gran final del próximo jueves con la novillada de Espartaco. Los tres habían cortado una oreja y sus compañeros habían pasado en blanco en el marcador aunque en los corrillos de aficionados coleaban algunas preguntas: ¿habían sido los mejores del ciclo? Cada profesional o aficionado tendrá su propia respuesta.

El nivel del ciclo 2016 no ha mantenido, ni de lejos, los niveles de calidad vividos en las últimas ediciones pero también hay que poner sobre la mesa algunas certezas: los tres aspirantes de ayer hicieron méritos de sobra para entrar en esa final, con o sin las orejas que han argumentado la clasificación de sus compañeros. Rodrigo Molina –que metió más gente en la plaza que muchos matadores- pudo cortar una oreja que el palco puso muy cara. David Salvador trazó la faena de mayor diapasón artístico de todo el certamen y el malagueño Lauri mostró ser el novillero más preparado, capaz y resolutivo de toda la nómina.

A partir de ahí, que cada uno juzgue por sí mismo... pero conviene ir por partes. Se notó en los tendidos la extensa legión de amigos y allegados que arroparon a Rodrigo Molina, un chaval de estirpe ganadera –criador de bravo fue su bisabuelo Javier y lo siguen siendo varios de sus tíos- que también contó con el calor del universo humano que rodea al Club de Aficionados Prácticos, al que se encuentra muy vinculado. A Rodrigo le falta rodaje en las plazas pero cuenta con una envidiable preparación campera que le permitió solventar la papeleta con absoluto desahogo y desparpajo.

Molina apunta buenas sensaciones con el capote y no vuelve nunca la cara con la muleta en la mano. El bravo y exigente primero se lo brindó a su tío Federico, responsable de la ganadería de Villamarta. Faltó algo de acople en las primeras series aunque Rodrigo se mostró siempre resolutivo. Un desarme, lejos de cortar el hilo de la faena, dio lugar al toreo más ligado y reunido. No se libró de cobrar una voltereta y aunque el acero funcionó con solvencia y la petición fue más que mayoritaria el chaval se tuvo que contentar con una agridulce vuelta al ruedo. Rodrigo Molina volvió a mostrar su seguridad con un cuarto al que habría aprovechado mejor con más y mejores tablas. El animal lo pedía todo en la distancia larga y protestaba en la corta. El acero, esta vez, se atascó.

No terminó de convencer a la parroquia el maño David Salvador con un novillo, el segundo, que tuvo mucho que torear. El chico enseñó su buen corte pero se difuminó en una faena larga y sin tensión argumental que remató de una estocada desprendida. Lo mejor iba a llegar con el quinto, un eral abanto, suelto y definitivamente manso que rompió con dulce clase en la muleta. Salvador lo toreó a placer por ambas manos prescindiendo de la espada de ayuda en todo momento. Hubo naturales por los dos lados llenos de cadencia y excelente trazo pero la espada se empeñó en emborronar la que ha sido, con diferencia, la faena de mayor nivel artístico.

Dejamos para el final la labor del malagueño Lauri, un chico de Alhaurín de la Torre al que apoya El Cid que permanecía en el callejón –luciendo una barba babilónica- muy pendiente de las evoluciones de su pupilo. Lauri ha sido el aspirante más preparado del ciclo. Lo demostró mostrándose templado, resolutivo y sereno con el complicadete tercero, al que acabó toreando muy hacia adentro sin importarle sus miraditas. El malagueño supo ser dueño de la escena en una faena dictada de menos a más en la que también hubo sal y son de detalles como un perfumado trincherazo. El acero entibió el asunto y lo enfrió definitivamente con el sexto, al que se arrimó con sinceridad después de ser cogido. Antes lo había toreado muy ligado, siempre relajado y –sobre todo- resolviendo todas las dificultades que le planteó.

PLAZA DE TOROS DE LA REAL MAESTRANZA
Ganado:
se lidiaron seis erales de Cayetano Muñoz, correctamente presentados y de interesante juego global: unos por bravos y exigentes –caso del primero- y otros por clase y toreabilidad como el manso quinto. Se dejó el segundo; lo quiso todo en la distancia larga el cuarto; resultaron algo más molestos los jugados en tercero y sexto lugar.
Aspirantes: Rodrigo Molina (Sevilla), de lavanda y oro, vuelta al ruedo tras fuerte petición y silencio tras aviso.
David Salvador (Escuela de Salamanca), de azul de Prusia y oro, ovación y vuelta.
José Antonio Lauri, de azul de Mahón y oro, ovación y silencio.
Incidencias: la plaza registró más de tres cuartos de entrada en noche de calor sideral.


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