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Otoño en el campo bravo: el toro como activo turístico

Las rutas ganaderas de la provincia de Sevilla muestran los secretos de la crianza de las reses de lidia y se revelan como una novedosa, atractiva y original alternativa al ocio tradicional

27 oct 2022 / 12:36 h - Actualizado: 27 oct 2022 / 15:09 h.
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  • Toros bravos en una ganadería del entorno de Sevilla. Foto: Maurice Berho
    Toros bravos en una ganadería del entorno de Sevilla. Foto: Maurice Berho

El toro bravo despierta un interés especial en su hábitat natural. También para los más escépticos con la tauromaquia y hasta para los que, abiertamente, están en contra de su definitivo destino final, el que da verdadero sentido a su cría: ser lidiados en una plaza y muertos a estoque. En cualquier caso, la rotunda presencia de las reses bajo las encinas o los alcornoques otorga carácter a la dehesa mediterránea y sigue ejerciendo una poderosa atracción al visitante que se adentra en lo desconocido. Son territorios que siempre estuvieron vedados al neófito. Pero el campo –la economía también manda- ha sabido abrir sus cercas para acercar los secretos de la crianza de una especie única que es el resultado de la intuición y los criterios de selección de distintas generaciones de criadores a lo largo de casi tres siglos.

La génesis del toro bravo está íntimamente unida a las tierras del viejo reino de Sevilla. En su provincia pastan algunas de las vacadas más importantes del firmamento taurino, mudadas en su mayoría de sus antiguos predios marismeños –la primitiva bravura se cocinó entre Dos Hermanas y Utrera- a las rutas serranas que hoy conforman sus paraísos en torno a zonas como la que marca la carretera de Aracena y el curso alto del Guadiamar –con epicentro en Castillo de las Guardas-, la Vía de la Plata o el camino que va de Villanueva del Río y Minas a Constantina sin olvidar algunos hierros que pastan en la Vega o la Campiña. No hace falta nombrar ninguna; la lista de ganaderías se haría interminable...

‘Aprende de toros’ es una de las empresas más relevantes dentro de este sector emergente vinculado al turismo taurino. Su gerente, José María Ramos, pertenece a este mundillo desde su niñez por su vinculación con el universo de los festejos populares pero ha hecho de la crianza del ganado de lidia el hilo conductor de una actividad profesional que le ha permitido mostrar la verdad más desnuda del toro –siempre entendido en su propio hábitat- a visitantes de numerosas nacionalidades y dispares vinculaciones con las reses de lidia. No han faltado participantes que, partiendo de la más clara hostilidad, han acabado rendidos por la belleza y los valores ecológicos y ambientales de la ganadería brava. Anécdotas hay muchas...

Otoño en el campo bravo: el toro como activo turístico
José María Ramos explica los secretos de la crianza del toro bravo en la ganadería de Soto de la Fuente. Foto: Rodríguez de la Vega

La verdad desnuda

Se trata de mostrar el animal en estado puro, vinculado al hombre que lo cría y en su hábitat natural; entendido como pieza maestra de la dehesa más allá de su destino a ser lidiados en la plaza, que tampoco se puede obviar como fin último de su crianza y justificación fundamental de la existencia de su entorno natual. La apuesta de ‘Aprende de toros’, advierte José María Ramos, pasa por abrir una puerta a esa auténtica realidad de las vacadas de casta, alejada de otras propuestas –absolutamente válidas– que virtualizan la crianza del ganado. “No queremos montar ningún espectáculo ni contratar venenciadores o cuadros flamencos”, señala José María, afirmando que “el toro interesa y genera una demanda”. Este particular gestor turístico precisa que su trabajo es complementario al del ganadero: “ellos se limitan a abrir las puertas de su casa y a acompañar a la gente”. En esa línea, algo tan básico como dar de comer a las reses desde la trasera de un remolque se convierte en una experiencia única para el cliente. “La gente participa de la realidad y del manejo cotidiano del ganado, no de un espectáculo más o menos vistoso” recalca José María.

Otoño en el campo bravo: el toro como activo turístico
Grupo de visitantes contemplando las reses en la ganadería de Juan Pedro Domecq. Foto: Maurice Berho

La clientela es diversa. Franceses, peruanos, hasta suizos... todos se van sabiendo mucho más de lo que sabían y, sobre todo, pulverizando muchos prejuicios y estereotipos después de comprobar como nacen, viven y se perpetúan las reses bravas en su cuna. En ese sentido, sentencia el creador de esta singular empresa, “lo primero que hay que explicarles es que se trata de una raza autóctona, única, y que no tiene nada que ver con una vaca lechera o una raza de carne”. En esa línea, apunta Ramos, “hay que hacerles comprender lo que supone la presencia del toro en unos parajes que, de otra forma, se convertirían en campos de golf, un hotel o un cultivo de arroz”. Pocas personas saben que una vaca madre muere de vieja en el campo; que a los buenos sementales se les deja, cumplida su función, pasar sus últimos años y sus achaques como glorias de la dehesa...

El toro bravo y la estacionalidad del campo

La llegada del otoño, pese a la persistencia de este calor indeseado, sigue siendo un reclamo para adentrarse en los cercados y conocer qué, cómo, cuándo... sin hacer demasiados kilómetros. El entorno de Sevilla ofrece una amplia y diversa oferta de ganaderías que se han adaptado a esta nueva forma de turismo ecológico y ambiental sin modificar su esencia. Ramos, que también tiene que lidiar con los vaivenes de las economías familiares, advierte del leve descenso de la demanda que se produjo a la vez que se desbordaba la inflación pero advierte del repunte que ha acompañado el cambio de estación poniendo el acento en el visitante internacional a la vez que traza interesantes paralelismos con el sector de la hostelería que también ha experimentado su propio bajón en verano.

¿Qué se puede encontrar el curioso que se decide a visitar una ganadería brava en el otoño sevillano? “Puede conocer la sierra y sus dehesas, la campiña y las marismas del Guadalquivir”, advierte Ramos haciendo nexos entre la estacionalidad de las labores del campo y la propia crianza del toro, maridado con el cultivo del arroz, la montanera, las cosechas y los barbechos... “Con el otoño comienzan los herraderos, se hacen los lotes de vacas, se reorganizan las ganaderías después de la temporada...”, explica el gerente de ‘Aprende de toros’ volviendo a poner el acento en la autenticidad de una actividad que muestra las cosas como son. Como siempre fueron.


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