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Pepe Zabala: en la piel de Van Gogh

Novillero, actor, alma de aquel pub ‘Fleming’ de la Macarena, la trayectoria vital de este sevillano de San Bernardo ha encontrado un nuevo molde en la obra del pintor holandés

19 nov 2022 / 10:04 h - Actualizado: 19 nov 2022 / 10:07 h.
"Toros"
  • El pintor y el autorretrato de su fuente de inspiración en la exposición de La Revuelta. Foto: Rodríguez de la Vega
    El pintor y el autorretrato de su fuente de inspiración en la exposición de La Revuelta. Foto: Rodríguez de la Vega

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Lejos de ser reproducciones al uso o copias más o menos afortunadas, la obra de Pepe Zabala (Sevilla, 1955) sorprende por su vibración, por la vida de sus pinceladas, la rotundidad de sus empastes y la ‘fauve’ de esos colores calientes que rebasaban el primer impresionismo para convertirse en una expresión de la atormentada psicología de Vicent Van Gogh. Pero Zabala, obviando cualquier superficialidad, se ha metido en la piel del creador holandés para reproducir su obra con absoluta fidelidad al impulso vital que la alentaba. Para ello necesitaba saber qué, por qué, para qué, llevándolo a su propio terreno... “La pintura de Van Gogh se asemeja al toreo; más que con la pintura pintaba con el corazón, como los toreros artistas y valientes” sentencia Pepe afirmando que la obra de aquel atormentado pintor del posimpresionismo “tiene la capacidad de mantenerse viva”.

A partir de ahí marca las diferencias entre una y otra expresión artística: “un cuadro se mantiene en el tiempo, la faena que dibujó el torero es efímera...” afirma Pepe trazando otros paralelismos entre la creación pictórica de Van Gogh y la interpretación de un torero: “la lucha, adversidades y contradicciones que tienen que sortear para concebir una obra les puede llevar a perder la vida a uno y la razón al otro”. Su amigo Moncho Borrajo ya había dado en el clavo: “el alma de Vicent ha dejado una huella tan grande en Pepe que pienso que los seres humanos tenemos un guía y la de Pepe es Van Gogh...”

Una amplia selección de esos cuadros deslumbrantes –de los girasoles al café de París pasando por el puente Langlois- se expone estos días en la sala La Revuelta, a dos pasos de la plaza del Pan. La visita merece muchísimo la pena. Pero... ¿Por qué Van Gogh? ¿Por qué establecemos esos paralelismos con el toreo? Para responder a esa pregunta hay que descender por el hilo vital de Pepe Zabala, hijo del gran orfebre de San Bernardo del mismo nombre –reconocido como un extraordinario artista por toda la profesión- que tuvo tanto arte y parte en la fastuosa corona de la Virgen de la Amargura que firmó Cayetano González.

Pepe Zabala: en la piel de Van Gogh

Pepe Zabala, en sus años de novillero en activo. Foto: Beret

El toro

Desde chico se vio con un lápiz en la mano pero también –el ambiente del barrio obligaba- soñando la remota gloria del toreo. Su progenitor le animó desde el principio y le llevaba a dar la puntilla al matadero del Cerro del Águila mientras se forjaba como becerrista. Eran los tiempos de entrenamiento en el viejo cine Andalucía, en el actual aparcamiento del bingo de la Ronda de Capuchinos. Por allí se dejaban caer Antonio Alfonso Martín, Rafael Torres –era el torero de moda-, el mexicano Manolo Arrruza y hasta Máximo Valverde, que también hizo sus pinitos y llegó a tomar la alternativa al calor de aquella fiebre taurina de los primeros tiempos de las televisiones privadas.

Pepe Zabala: en la piel de Van Gogh

En 1974 cortó una oreja dentro del primer ciclo de promoción organizado por Diodoro Canorea. Foto: Archivo J.Z.

Pepe Zabala llegó a engrosar aquella camada de novilleros –Serranito, Antonio Bocanegra, Fali, Enrique el Trola y tantos otros- que lograron hacer el paseíllo en el primer ciclo de noveles organizado por Diodoro Canorea en la plaza de la Maestranza. Ya ha llovido -fue en 1974- y la cosa no se dio mal: la oreja que cortó animó al recordado empresario manchego a rascarse la cartera e incluirle, ya con picadores, en aquel cartel de ‘Los seis ases’ que organizaba Gabriel Puerto Peralta. “Allí estaba Luis Reina, el infortunado Soto Vargas, Lázaro Carmona... creo que en una de las novilladas llegó a torear hasta Simón Casas”, evoca Zabala. Fueron cinco festejos y en el quinto, después de torear en Puerto Real, supo que había llegado el final. Así se lo hizo saber a Canorea y Puerto Peralta. “Aquello lo vi muy serio, me lo pensé, me iba a la mili...” Vendió todos los trastos, se separó del toreo. Se levantaba otro telón.

La escena

Para entonces ya andaba dando sus pinitos en el mundo de la interpretación, otra pasión vital que Pepe solapó con el toreo, formando parte de la agrupación Álvarez Quintero. “A veces tenía que ser sustituido si toreaba algún domingo”, evoca ahora –en la tarde de su vida- mientras pasea por la sala La Revuelta, contemplando esa fidelísima interpretación de las obras de Van Gogh que han salido de sus manos.

Fueron años de llenazos en el Lope de Vega compartiendo escena con Emilio Segura, Eulogio Serrano, Angelita Granja o Concha Villegas bajo la dirección de Manolo González. Aquel veneno acabó superando al del toreo –aunque torero nunca se deja de ser- para fundar el Giraldillo de Comedias junto a Reyes Ramírez y Juan Rodríguez, llevando el teatro a todos los hogares a través de las ondas de Radio Sevilla.

Pepe Zabala: en la piel de Van Gogh

El pintor, entre los cuadros de ‘Los Girasoles’ y ‘Los lirios’, dos obras emblemáticas de Van Gogh. Foto: Rodríguez de la Vega

El Fleming

Su vida experimentaría una nueva vuelta de tuerca en 1986. Junto a Manolo Villanueva montó el pub Fleming, al lado del hotel Macarena. La legión de amigos que atesoraban convirtió aquel local en algo más, muchísimo más que un bar de copas. El Fleming se mantuvo abierto un fecundo cuarto de siglo convirtiéndose en punto de referencia para actores, músicos, cantantes... Allí se recogió, en sus últimos años, la gran recitadora Gabriela Ortega, hija del Cuco, sobrina de Joselito, Rafael el Gallo, Ignacio Sánchez Mejías... La sacaron del sótano de su propia vida, encerrada en una pensión de mal pasar. “Vino casi hundida y en su ocaso y soledad, el calor del Fleming hizo que renaciera de sus cenizas y nos mostrara a todos la gran artista que era; todos aprendimos de ella durante los cinco o seis años que estuvo con nosotros, casi hasta su fallecimiento en 1995 en Aznalcázar”, rememora Pepe Zabala que recibió un curioso testamento – Gabriela no tenía nada- que era en realidad un compendio de últimas voluntades. Pidió ser incinerada y enterrada en el fastuoso mausoleo que labró Mariano Benlliure a la muerte de Gallito. “Costó un mundo que nos permitieran abrir el panteón pero al final se consiguió; las cenizas de Gabriela están sobre el féretro de su tío Rafael”, desvela Pepe.

Al torero, actor y pintor se le ilumina la mirada recordando aquellas veladas inolvidables del Fleming, esos buenos tiempos vividos que nunca volverán. Por el pub pasaron el maestro Solano, Ana del Río, Paco Valladares... Allí se sumaba a la fiesta -era uno más- un jovencísimo Alejandro Sanz que ya sorteaba las primeras cortes de fans. “No me olvido de la gran Imperio Argentina, habitual en el pub, que nos hizo disfrutar con su voz en el escenario con el maestro Mudarra al piano; yo ni me lo creía...”. Aquellas historias merecerían su propio libro pero también tuvieron su final a la vez que la edad pedía otra calma. Los años le han devuelto –nunca se fue- al calor del mundo taurino mientras se vuelca en la pintura a través de la mirada de Van Gogh. “El toreo condensa y resume todas las artes”, sentencia.

Datos de interés:

La exposición de Pepe Zabala se puede visitar en la sala La Revuelta (calle Siete Revueltas 33, en la esquina de Alcaicería) hasta el 30 de noviembre.

El horario es de 18.00 a 21.00 horas los martes, miércoles y jueves.


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