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«Con sumo placer»: Bienvenidos a donde Leoncio

La editorial internacional bajo demanda Bokeh ve publicado el cuarto libro (tercera novela) de Fernando González Nohra. La novela practica un mestizaje explosivo y violento más que interesante

13 feb 2020 / 11:14 h - Actualizado: 13 feb 2020 / 11:37 h.
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  • Fernando González Nohra. / Fotografía: La revista diversa
    Fernando González Nohra. / Fotografía: La revista diversa

Si en «Carroñero» el autor supo coger a la mascota del protagonista y convertirla en condición sine qua non de lo visual en sus tramas, es en «Con sumo placer», donde a través de la voz de Aldo Peña, un tipo que evoluciona de pelele a fiera una vez más, cobra sentido un mundo excesivo y explosivo.

Al mismo tiempo, las posibles influencias literarias responden a un mestizaje, por el que el humor clásico se va volviendo cada vez más negro, por mor de la soledad con la que acompañamos en su pensamiento a un Peña al que a pesar de lo brutal de todo lo que le sucede nos creemos sobremanera, y con el que llegamos a empatizar, pues su juego vengativo, tan característico de Ripley, lo convierte en un Raskolnikov peruano que recorre buenamente los escenarios limeños de cochambre tras el cierre del Z así como los inicios de la literatura del siglo XX, para trascenderlas al XXI, y que nos hacen pensar que el personaje es un esteta de la catadura de Oscar Wilde, cuyo póstumo libro «De profundis» recuerda tanto a ese diálogo final con el comisario, de aproximadamente diez páginas, a través del que la figura de su amada Clara queda aún más sublimada.

«Con sumo placer»: Bienvenidos a donde Leoncio
Portada de «Con sumo placer», novela de Fernando González Nohra

También el negrísimo sentido del humor debe a lo hispano o latino su existencia. Alguien ha dicho igualmente que en una infancia dickensiana (los padres de Aldo probablemente fueran narcotraficantes o extorsionadores ajusticiados) podría basarse esta truculenta y a la vez divertida fábula de supervivientes natos que saben que su vida ha sido y será breve, como la degustación y la gula.

La historia a su vez se disfruta desde la cualidad que llevaba al protagonista de «El perfume» de Patrick Süskind a escanciar olores, además dándole a la carne humana esa esencia de romero que propicia el canibalismo, metáfora de los más bajos instintos. Y es que con cada uno de los personajes desaparecidos (Perales y su tío, asesinados con una pata de jamón, el resto formando parte de un secreto que le lleva al más y más) la mayor parte de ellos despreciables, nos hacen identificarnos con este anti-héroe, que parece querer decirnos bajito al oído aquella célebre frase como de bocadillo de cómic que no le hace justicia, conocida por estos lares: «En un mundo sin ética, a los supervivientes sólo nos queda la estética».

El detonante de la acción, que no es otro que la muerte de su amado tío Leoncio, llevará a un cúmulo de acontecimientos propios de un género negro que pretende eludir con presteza el costumbrismo.

Se trata pues de una gran novela de risa y miedo en la que vamos entrando despaciosamente y que como en toda buena mezcla de fondo y forma, no dejará indiferente a ningún paladar, pero gustará más a los amantes de las emociones fuertes.


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