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«El cuento de las comadrejas»: Reconciliación con la humanidad

Si hay una película por la que merece la pena salir de las aguas estivales de la playa y obviar el adormecimiento, al que de un modo u otro algunos nos sometemos, es este último filme de Juan José Campanella, «El cuento de las comadrejas», remake de la datada en 1976 «Los muchachos de antes no usaban arsénico»

28 jul 2019 / 12:37 h - Actualizado: 28 jul 2019 / 12:49 h.
  • Escena de ‘El cuento de las comadrejas’. / El Correo
    Escena de ‘El cuento de las comadrejas’. / El Correo

«El cuento de las comadrejas» es una conciliación entre comedia negrísima con altas dosis de ternura y ficción dentro de la ficción.

¿Qué pasaría si a un conjunto de cuatro abuelos retirados en una casa señorial en medio de ninguna parte y que fueron viejas glorias del celuloide patrio, se le arrimaran como sabandijas dos especuladores inmobiliarios que sólo fingen conocerlos? La respuesta es de todo menos algo previsible, ya que, si hablamos en el elenco de Graciela Borges, Oscar Martínez, Marcos Mundstock (perteneciente a Les Luthiers) y Luis Brandoni, bien poco puede salir mal.

Basada pues en la historia original de Augusto Giustozzi y José Martínez Suárez, la película reconcilia con el ser humano, últimamente tan devastado por circunstancias no siempre tan ajenas a él mismo, y es que por encima de todo y sin que el título lleve a engaño, el film nos habla sobre la generosidad en una tercera edad si no olvidada, sí prácticamente defenestrada socialmente, una generosidad trabajada desde la elaboración de un guión prodigioso donde lo que hace posible el buen cine se da la mano para demostrar que es mucho más poderoso en su esencia, que toda maldad impostada y proveniente de fuera de un mundo que no sentimos como nuestro (el creado por Nicolás Francella y Clara Lago, la interpretación de esta última resultando bastante forzada).

Mara Ordaz es una Gloria Swanson casada con Norberto, un anciano que no ha sido actor por más que lo intentase porque no sabe mentir. A su vez, Norberto ha sido incapaz de huir de la sombra de dos tipos extraños y huraños, que son Martín Sarabia, guionista de abolengo, y Pedro de Córdova, un director de cine serio, que no desoye precisamente los consejos del segundo. Estos dos últimos personajes no tienen donde caerse muertos y su máximo enemigo no es sólo la especulación inmobiliaria, sino en principio el mismo carácter de diva de Mara.

«El cuento de las comadrejas»: Reconciliación con la humanidad

Recuerda toda esta historia a lo mejor de filmes como «Cocoon» o «El crepúsculo de los dioses», una fábula que salva gracias a la picaresca de lo más inmundo a una gente necesitada de ello, y lo hace desde el ingenio, la inteligencia y la elegancia. El sonido de Gonzalo Matijas está bien matizado hasta cuando oímos hablar a Martín Sarabia (Mundstock) con su voz más grave y el trabajo a la cámara de Félix Monti, resulta un logro por el que sabe cómo no destacar demasiado.

Por último, nos gustaría decir que se trata de una película que trata la solemnidad del homenaje con cierta retranca. Probablemente la única mancha en la carrera de Campanella para muchos sea su primera película, «El niño que gritó puta», rodada en EE. UU. en los 90; pues bien, el escritor sabe utilizar este recurso como arma arrojadiza contra el llamado cine de autor que jamás se equivoca, lo que resulta de una humildad desarmante.


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