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Parténope: Hermoso canto de sirenas

Casi trescientos años después de su estreno, esta ópera de Häendel, representada por primera vez en el Teatro Real de Madrid, demuestra que aún es posible actualizar la lectura del mundo contemporáneo revisitando a los maestros antiguos

14 nov 2021 / 11:02 h - Actualizado: 14 nov 2021 / 11:14 h.
"Ópera","Críticas"
  • Todas las fotografías: Javier del Real
    Todas las fotografías: Javier del Real

Parténope es una de las primeras óperas con características cómicas que se presentó en Inglaterra. Se estrenó en Londres en 1730. Mezcla el universo musical barroco con los enredos sentimentales a varias bandas de la opera buffa. Su título procede del ser mítico que dio nombre al lugar de la ciudad que hoy conocemos como Nápoles. Parténope fue una de las sirenas que, desesperadas, se lanzaron al mar tras el paso de la nave de Ulises después de intentar atrapar con sus cantos a su tripulación.

El montaje que se presenta ahora en Madrid reúne todos los elementos de una opera magna, incluido un argumento enredoso que, sin embargo, la dirección artística consigue salvar, descontextualizándolo, rematando con ello una actualización memorable.

Todo se sostiene sobre la música, la admirable partitura de un Georg Friedrich Häendel en estado de gracia que reparte equitativamente el virtuosismo entre todos los cantantes. Utiliza con maestría todos los recursos a su alcance para generar variedad y distraer al público con una concepción hedonista del espectáculo, como recuerda José Máximo Leza en el programa. Esto se amplifica poniendo, en esta versión, todos los recursos al servicio de la música para generar un espectáculo contemporáneo. La homofonía convoca en la sala una atmósfera barroca, sostenida por las cuerdas y guiada por el clave, que nos envuelve durante tres horas en una caja mágica. El propio director musical Ivor Bolton acompaña los recitativos con su clavecín y dirige con pasión una ejecución impecable de la orquesta. En el estreno, tanto la dirección como los músicos han sido muy aplaudidos.

La dirección escénica de Chistopher Alden, crea un entorno vanguardista, en el que la soberbia interpretación de los contratenores, más una cantante travestida, ponen una nota definitivamente queer y contemporánea. La gran inspiradora del montaje es la socialité Nancy Cunard en cuya mansión tienen lugar las escenas. La época a la que se traslada son los felices 20 del siglo pasado. Persistente en el minimalismo de sus montajes, Alden ha sido galardonado por este con un premio Oliver y con un Helpmann. Su marido, Peter McClintock y su hermano David Alden son, así mismo, directores de ópera.

Aristócrata, divorciada, amante de un músico de jazz afroamericano, algo que fue considerado en su momento escandaloso, Nancy Cunard fue una mujer empoderada, creadora de tendencias; fue también protectora de escritores a través de su propia editorial Hours Press y activista en favor de los negros. Colaboró con la resistencia durante la Segunda Guerra Mundial y ayudó a los refugiados españoles al finalizar la contienda civil. Un personaje sin duda transgresor y anticipadamente moderno. Algunas de las imágenes más poderosas que nos han quedado de ella son las fotografías que le tomó Man Ray con los brazos cubiertos de pesadas pulseras africanas, hoy en la colección del Centro Pompidou de París, cuyo recuerdo se suscita sobre el escenario. Trasladar este montaje a su particular universo es un acierto.

Paerténope-Cunard es una anfitriona deseada, acechada por un grupo de personas que al mismo tiempo tienen intereses cruzados entre ellos. Personas: el género es fluido. Las mujeres se comportan como varones, los hombres cantan con voces mujeriles. Ellas se visten con trajes masculinos y ellos adoran contonearse. Los jóvenes aman con la intensidad que prevemos para el género femenino, mientras que ellas dirigen esa tormenta de amores enredosos y encontrados con fuerza viril. Se deslizan fetiches dadaístas: fotografías, guantes, pulseras, sombreros de copa. Se amagan actos obscenos. Se apuesta por el burlesque. Es inevitable la reflexión a la que nos mueve sobre la ambigüedad de los conceptos de rol y la construcción polifónica de las identidades a lo largo del tiempo, con el deseo como auténtico motor de la escena.

Parténope: Hermoso canto de sirenas

El apartamento vanguardista de la Cunard se convierte así en un divertido partouze blanco en el que nada es lo que parece. Christopher Alden propicia una atmósfera deseante, recrea un Olimpo que resulta tan familiar para nosotros, y al mismo tiempo tan elevado, como lo fue para sus contemporáneos la mitología impostada del libreto original.

La soprano norteamericana Brenda Rae, ejerce de anfitriona de la fiesta demostrando no solo unas dotes líricas admirables, sino también el dominio escénico de una gran actriz. Rae, que ha sido artista residente de la ópera de Frankfurt entre 2008 y 2017, es aclamada como la “incansable soprano de oro” por el diario The Times y destacada por su “deslumbrante y precisa coloratura por Opera News. Su repertorio es amplio e incluye ópera lírica, romántica y barroca: Offenbach y Rossini, Haendel y Verdi, Wagner, Strauss, Vivaldi o Donizetti. Consigue transmitir una vivacidad al personaje de Parténope con la que integra a todos los componentes del elenco, erigiéndose en una especie de cautivadora sirena. Se convierte sin duda en el alma de la función.

Parténope: Hermoso canto de sirenas

Destaca Anthony Roth Constanzo como Armindo, en un personaje que requiere además de una voz maravillosa, algunos esfuerzos físicos que supera con notable destreza. Notables también Iestyn Davies como Arsace y el tenor Jeremy Ovenden como Emilio. Poderosa la mezzosoprano italiana Teresa Iervolino, contrapuesta a los demás en su identidad encubierta de varón. Entre todos convocan una divertida performance surrealista. Colaboran a ello, con acierto, algunos sutiles experimentos coreográficos.

Los personajes van develando una riqueza de matices que los va dibujando poco a poco, humanizándolos -recordemos que son príncipes y princesas- acercándolos a un mundo de sentimientos que todos podemos reconocer. En eso nos igualamos a los primeros espectadores que escucharon la ópera y que sintieron lo mismo que sentimos nosotros sobre el amor, la traición, los celos, el engaño, la infidelidad y las veleidades.

Ciertos minoritarios abucheos a la dirección artística denotaron que hay algunos que no entendieron nada. O que hubieran preferido a los cantantes castrados, con trajes de época, nadando entre nubes de algodón.

Presidieron el estreno el rey y la reina vestidos, respectivamente, de hombre y de mujer.

Parténope es una coproducción de la English Opera, con las óperas de San Francisco y de Australia. El libreto es anónimo, adaptado del de Silvio Stampiglio para la ópera homónima (1725) de Leonardo Vinci. Es la primera vez que se representa en España.


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