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Anguita, kalifa del comunismo

Juan-Carlos Arias jcdetective /
16 may 2020 / 13:36 h - Actualizado: 16 may 2020 / 13:38 h.
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  • Anguita, kalifa del comunismo

El comunismo, según se conviene, es un sistema político y organizativo que suprime la propiedad privada y las clases sociales colectivizando los medios productivos. Basado en el colectivismo agrario medieval ‘utópico’, la doctrina del socialismo científico de Marx y Engels fue la que acaparó las tesis comunistas. La Rusia zarista fue donde sus teóricos pronosticaron que jamás reinaría el comunismo. Craso error.

En la Rusia del derroche y la pobreza, del imperio y el esclavismo imperó una revolución desde los años de la primera gran guerra mundial, poco antes del Crack bursátil de 1929. El mismo que refugió en la URSS muchos norteamericanos soñadores que acabaron con pesadillas pro retorno. La dictadura del proletariado soviética fascinó a Largo Caballero e importó armas, soldados y espías asesinos en la guerra fratricida española (1936.1939). Vinieron a imponerse y guillotinar la disidencia, dentro y fuera de tierras españolas (Trotsky, Nin...).

El ‘eurocomunismo’ que acuñó Santiago Carrillo desde París y Bucarest en su plácido exilio tuvo más dogmas y sombras que realidades españolas. Los comunistas del interior sufrieron cárcel, paredón y estigma durante el franquismo. Julio Anguita (nacido en Fuengirola en 1941) caligrafió la mejor etapa del comunismo español. El es patrimonio existencial, impagable, ejemplar e irredento referente político.

Hoy se paró su corazón. Flaqueaba, tras mimarlo con el cariño del infartado. Hoy, el comunismo español, el socialismo real que envidian los del partido y cargos, está de luto. Hoy, estimados lectores y lectoras, nace la leyenda de Julio Anguita. Si se admite un permiso, sería nuestro ‘Ché’ revolucionario, pero educado, elegante, conciliador, cordobés de bien, generoso y empático hasta trascender ideologías.

Militó en la buena política: la del avance, aporte, la de sumar que aplaude en silencio el ciudadano y votante. Inolvidable Alcalde de Córdoba (1979-86) adoptó el mote de Califa por su planta de sensato dirigente que trasformó la capital más importante de Al Andalus. La ‘k’ al mote se la regalamos porque trasformó y renovó un lánguido Partido Comunista que rebajó Carrillo y recuerdos bélicos de quienes se exiliaron. La fórmula de Anguita tiene dos letras: IU-Izquierda Unida. La coalición triplicó diputados e hizo un ejemplo de dialéctica, oposición, lucha por la desigualdad, debate y ‘programa, programa, programa’ que exigía a los políticos españoles. Los que descendieron al hoy con improvisación, incapacidad y pelea de egos.

En Andalucía la gloria de IU fue una Convocatoria que pactó con el PSOE. Anguita le recordaba a Carrillo, como ladrón de las Juventudes Socialistas Unificadas-JSU, que pasó en masa al PCE los primeros días de la guerra fratricida. Anguita revolvía del banquillo azul del Congreso a Felipe González, nacionalistas y bisagras de la política. Su dedo y barba señalaban con argumentos. Su discurso proponía, combatía la pobreza, el paro, la política de la palabrería y el postureo. Por eso, lo retiró de la política el bipartidismo PP-PSOE. Le ayudó un débil corazón que palpitaba verdades, mensajes honestos y comprensibles. Aunque su discurso pro IIIª República da miedo a algunos/as

Fue impagable el señorío de Anguita cuando, al conocer el asesinato en la guerra de Irak de su hijo periodista, Julio Anguita Parrado, pronunció una frase legendaria: ‘Malditas las guerras y los canallas que las hacen’. Las lágrimas y el luto desfilaban por el corazón. Compartía así el grito popular contra la barbarie, incluida las que causaron desde el Kremlim en nombre del comunismo.

Entre las enseñanzas que deja a su alumnado, el Profesor Anguita, destacamos ‘Corazón Rojo’ (La Esfera 2005). Es una didáctica obra que anima a quienes sufrieron infarto o patología cardiovascular a seguir con una vida plena, con dieta saludable y ejercicio. Su ejemplo lo llevó a superar las carencias del corazón 15 años. Y lo compartió para que los males del corazón no sólo sean sentimentales.

Otro dato destacable sobre su perfil es la envidia, que definió entre los españoles Unamuno, Ortega y Machado, que siempre ha despertado nuestro Kalifa. Es titánico, inviable, encontrarle un reproche por su integridad personal y política. Basar la descalificación es el caldo de cultivo de envidiosos y los resentidos. Una anécdota lo refleja.

Una tarde de tertulia, a finales de los ochenta, en La Alameda y cuando era diputado andaluz se sentó en una mesa. Quien suscribe compartía con uno de sus asesores parlamentarios unas cervezas. Salió el tema de cómo le buscaban rendijas para el ataque furibundo por su gestión como Alcalde de Córdoba. Bajo toda clase de excusas le buscaron sombras de corrupción, documentos comprometedores, decisiones prevaricadoras.... Muchas visitas extrañas conocieron las dependencias municipales cordobesas. Demasiado trabajo en vano, pues en la Alcaldía le apoyaron hasta terratenientes, Obispado y opositores. Los ‘agentes’ que buscaban fallos venían desde la cloaca del PSOE. Su aparato no soportaba que pasara a la historia como un estadista.

Así lo consideran muchos obituarios a Don Julio Anguita. Alguien que trabajó para las futuras generaciones, no en las próximas elecciones. DEP. Maestro, Kalifa del comunismo. Y perdone, ciudadano Anguita, por tan coloquial licencia.


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