Candyman: interesante manera de denunciar el racismo, no da miedo pero asusta

28 ago 2021 / 12:48 h - Actualizado: 28 ago 2021 / 12:49 h.
"Críticas"
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Las primeras manifestaciones de racismo en los Estados Unidos se remontan a la época colonial británica. A partir de la segunda mitad del siglo XVII se impulsó la demanda de la mano de obra esclava necesaria para mantener la economía de los estados sureños. Los esclavos y esclavas se convirtieron en el 40% de la población del sur. Ante el temor a un levantamiento o una insurrección de una proporción tan grande de personas que vivían sin libertad ni derechos, pero que a la vez eran necesarios para mantener la economía de los estados sureños, las élites terratenientes endurecieron el control y las medidas coercitivas contra los esclavos y esclavas. Así, se crearon los códigos de esclavitud, que eran leyes que regulaban su trato, y que llegaban a permitir castigos y medidas brutales sobre estas personas y sus familias.

Son los cimientos sobre los que se empieza a construir la futura nación del norte de América.

No fue hasta finalizada la guerra de secesión cuando en 1865 se aprobó la Décimo Tercera Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos, en la que se abolía oficialmente la esclavitud.

Una vez conseguida la igualdad por Ley, los estados sureños comienzan a crear leyes específicas para recortar las libertades de las personas afroamericanas, imponiéndoles desde toques de queda, la prohibición de tener armas, o la segregación en el ámbito público. El deseo de los estados norteños vencedores de reconciliarse con el sur perdedor hizo que se relajaran ante las nuevas leyes racistas que se estaban instaurando en el sur.

Esto propició la formación de grupos paramilitares como el Ku Klux Klan o los Caballeros de la Camelia Blanca, que a través de la violencia directa y la intimidación continua hostigaban a quienes eran de origen afroamericano. Surgía el ideal supremacista blanco, el que justifica la violencia y el racismo en virtud de la superioridad del hombre blanco sobre el negro, el que va introduciéndose poco a poco en las instituciones sureñas, justificando las leyes que segregan y limitan los derechos de los afroamericanos y afroamericanas. Naturalmente las mujeres blancas, en su mayoría, quedaban al margen, silenciadas.

Estos son los pilares excluyentes, que tras los cimientos han ido solidificando a lo largo de los años la sociedad estadounidense.

Las bellas artes no han dejado de investigar y de denunciar estos hechos en sus diferentes manifestaciones, sobre todo las barbaridades cometidas. En el campo audiovisual, ha sido evidente la necesidad de difundir esta temática en películas como Conspiración de silencio(1955) de John Sturges, Arde Mississippi (1988) de Alan Parker, la ganadora del Oscar 12 años de esclavitud(2013) de Steve McQueen, o la serie televisiva Raíces(1977).

La película Candyman, el dominio de la mente (1992), se basaba libremente en una novela del escritor y director británico Clive Barker. En ella se explica el origen de Candyman, un espíritu vengativo de un esclavo que tras acusado de una violación de una mujer blanca es vejado y mutilado por una horda de supremacistas blancos. Más tarde aparece en un barrio humilde de la ciudad de Chicago rodeado de abejas y con un garfio en la mano.

Candyman, su secuela, llega en un momento en el que los asesinatos por motivos raciales de personas afroamericanas en el país de las oportunidades son constantes. El caso de George Floyd muerto a manos de la policía dio la vuelta al mundo y levantó una ola de indignación en todo el país.

La directora Nia DaCosta y Jordan Peele, coproductor y coguionista en esta película; responsable de Déjame salir (2017) y Nosotros (2019), aprovecha la leyenda de Candyman para reinterpretarla y adaptarla. En ella nos muestra con los resortes y mecanismos de una película de terror una denuncia social. Esa de la que venimos hablando en esta crónica, la interiorizada y aún no superada del racismo connatural de la sociedad norteamericana.

El punto de vista de los responsables es interesante pues tratan de aprovechar un género de masas como herramienta para mostrar una realidad lacerante. Pero ni el terror que debe provocar el monstruo, ni el mal de la sociedad que denuncian logra encontrarse. No lo consiguen porque el maridaje necesitaba de un puntito más de pericia, de más tensión, de más nervio. Así que, la película navega por un sendero que no da miedo, pero asusta.

Candyman * *

Estados Unidos 2020 91 min.

Dirección Nia DaCosta Intérpretes Yahya Abdul-Mateen II, Teyonah Parris, Nathan Stewart-Jarrett, Colman Domingo, Kyle Kaminsky, Vanessa Williams.

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