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Érase un museo en pausa

El Museo Arqueológico de Sevilla acumula años de promesas incumplidas. Intacto desde la década de los 70, el proyecto de remodelación de Vázquez Consuegra lleva guardado en un cajón desde que se anunció en el año 2009

29 dic 2016 / 21:01 h - Actualizado: 30 dic 2016 / 08:00 h.
"Un museo por explotar"
  • El Museo Arqueológico es uno de los edificios del 29 más característicos de cuantos circundan la Plaza América en el Parque de María Luisa. / Jesús Barrera
    El Museo Arqueológico es uno de los edificios del 29 más característicos de cuantos circundan la Plaza América en el Parque de María Luisa. / Jesús Barrera
  • Rehabilitación en una cornisa del museo. / Fátima González
    Rehabilitación en una cornisa del museo. / Fátima González
  • Turistas dentro del Arqueológico. / El Correo
    Turistas dentro del Arqueológico. / El Correo
  • Plano de la rehabilitación diseñada por Vázquez Consuegra. / El Correo
    Plano de la rehabilitación diseñada por Vázquez Consuegra. / El Correo

Desde 1867 Sevilla tiene su Museo Arqueológico, y ahora hace 75 años que se yergue en el corazón del Parque de María Luisa, en la Plaza América. Su historia, como impregnada por lo milenario de sus contenidos, parece escribirse en una pausa constante, como si nunca hubiera prisa para nada, como si cualquier actuación fuera fácilmente postergable.

Su primera sede fue el Real Alcázar, pero a partir de 1875 la colección se trasladó al antiguo Convento de la Merced, donde también se albergaba el Museo de Pinturas. Debido a la creciente falta de espacio, y por acuerdo de 31 de diciembre de 1941, el Pabellón de Bellas Artes de la Exposición Iberoamericana de 1929, construido por Aníbal González en el Parque de María Luisa, se eligió como nueva sede del Museo Arqueológico Provincial.

Una vez realizadas y verificadas las obras de adecuación en el edificio, se trasladaron allí las diferentes colecciones, inaugurándose la nueva instalación museográfica el 25 de mayo de 1946, con ocho salas, biblioteca y dirección. El 1 de marzo de 1962, el edificio y las colecciones del museo fueron declarados Monumento Histórico Artístico. Finalmente, a lo largo de los años 70 se reorganiza el museo, sufriendo obras de ampliación y mejora, inaugurándose diecinueve salas más, hasta las 27 actuales. Y, desde entonces, prácticamente es como si un fantasma hubiera pulsado el botón de stop.

En líneas generales los museos sevillanos son los grandes damnificados de la cultura andaluza. El de Artes y Costumbres Populares, vecino del Arqueológico, lleva años con salas cerradas a cal y canto e iluminación y servicio de calefacción anticuados. Demanda a gritos una intervención que modernice su capacidad expositiva. El Bellas Artes, joya de la corona, ve pospuesto año sí y año también en los presupuestos una ampliación en el Palacio de Monsalves que nunca llega. Y el Arqueológico arrastra seguramente la lista más extensa de promesas sistemáticamente incumplidas.

En agosto del ya algo lejano 2009, el BOE publicaba una resolución del Ministerio de Cultura convocando el concurso para la redacción del proyecto para la remodelación del Arqueológico, que finalmente ganó el estudio de Guillermo Vázquez Consuegra. La convocatoria establecía que las obras de mejora debían comenzar en la segunda mitad de 2010 para concluir a principios de 2013. La inversión recogida en el pliego de condiciones ascendía a 33.461.375 euros. Para 2010 había prevista una inversión de 1.213.000 euros; para 2011, 8.250.000, y para 2012, otros 8,6 millones. Del resto, no se detallaba nada.

«El óvalo, que articulará el edificio y el sistema de comunicación vertical adosado a la fachada trasera del inmueble, son las bases de este proyecto en el que pretendo antes que cualquier otra cosa llenar de luz natural las salas y crear una comunicación entre el edificio y la frondosidad del aledaño Parque de María Luisa. También vamos a ganarle un metro al sótano para convertir un espacio completamente lúgubre en algo habitable», detalló Vázquez Consuegra sobre un proyecto, en pausa, en el que contó con el arquitecto León Carlos Álvarez y el artista Paco Pérez Valencia

El pasado mes de abril el descubrimiento de las 19 ánforas con más de 600 kilos de monedas de bronce del siglo IV reabrió con cierto ímpetu el debate sobre las obras de rehabilitación del Arqueológico. La Asociación Velázquez por Sevilla criticó las «nulas inversiones» del Ministerio de Cultura, cuyo cronograma económico ha sido «sistemáticamente incumplido» desde los presupuestos del ejecutivo de Rajoy del año 2012. En este sentido, señalaron que «para colmo, argumentan como excusa el sobrecoste para el Ministerio de Cultura de las obras del Arqueológico Nacional, lo cual no hace otra cosa que alimentar el malestar que existe hacia la desmedida hiperoferta cultural que aglutina la ciudad de Madrid».

Tras ocho años como máxima responsable del Museo Arqueológico de Almería, Ana Navarro llegó a la dirección del de Sevilla en septiembre de 2013, con el plan de rehabilitación integral del viejo edificio ya paralizado por el Gobierno central. «Es verdad que parece que nunca es el momento del museo», dijo a este periódico en una entrevista en 2015. Una opinión que ha vuelto ha refrendar estos días. «Es urgente comenzar, dar el primer paso. El edificio ha sido analizado y se conocen bien sus patologías: necesita una reforma estructural e integral, de cerramientos, iluminación, fontanería, mobiliario... hasta los carteles informativos, necesitamos recursos museográficos nuevos», argumenta.

Otro asunto que siempre ha estado sobre la mesa –más bien una demanda de la sociedad civil– es que debería ser este centro el que exhibiera el Tesoro del Carambolo. En marzo de 2010, cuando concluyó la exposición que celebraba el 50 aniversario de su descubrimiento, este fue retirado del Arqueológico. Llegó inmediatamente una batalla política bastante estéril en el que unos y otros se señalaban por la imposibilidad de que este museo pudiera garantizar de forma permanente la seguridad del hallazgo. El Ayuntamiento de Sevilla –que tiene la potestad del mismo– decidió encerrarlo de nuevo en el banco, donde permanece. Sin embargo, su exhibición pública de forma permanente sería un acicate más para el turismo cultural hispalense. Hoy día, con el debate dialéctico apaciguado, nadie osa en airear este asunto desde ninguna tribuna. Mientras que la remodelación no se lleve a cabo y las instituciones no aporten los fondos suficientes, llevar el Carambolo a la Plaza de América sería una temeridad por la que nadie apuesta ya. La clave sería la contratación de un vigilante las 24 horas.

El diagnóstico que en 2009 hicieron los técnicos de cara a su ahora paralizado proceso de restauración indicaba que «el edificio se encuentra en un estado general de deterioro». Y presenta lesiones de todo tipo: una gran fisura que atraviesa el inmueble, humedades, instalación eléctrica obsoleta, mal estado general de la red de saneamiento, rejas oxidadas, hongos en el artesonado y, en general, «graves deterioros» que incluso obligaron al apuntalamiento de galerías exteriores y hasta al cierre preventivo de una sala expositiva. «Es como si estuviéramos enseñando Historia con libros de hace 30 años», lamenta su responsable, Ana Navarro. El ejemplo es, desgraciadamente, la mejor y más rápida fotografía que podemos tener ahora mismo de la situación de nuestro Museo Arqueológico.


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