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La Gazapera

Joselito el de La Gabriela

Manuel Bohórquez @BohorquezCas /
16 may 2020 / 07:28 h - Actualizado: 16 may 2020 / 07:31 h.
"La Gazapera"
  • Joselito el de La Gabriela

Alguna vez he contado que de niño quería ser torero porque deseaba que mi madre dejara de levantarse cada día a las 5 de la mañana para ir al almacén de aceitunas donde estuvo 17 años, El Pollo, en Coria del Río, que estaba donde hoy está Mercadona, en la carretera de Almensilla. El toreo era mi pasión mucho antes de que me picara el bichito del cante jondo. Veía las corridas con mi abuelo Manuel en la televisión y con 10 años sabía quiénes eran Jaime Ostos, Diego Puerta, Antonio Ordóñez, Pepe Luis Vázquez y El Cordobés. Lo que no sabía se lo preguntaba a mi abuelo, que era buen aficionado, o a Matías Prats, el viejo catedrático de la tauromaquia. Alguna vez estuve en la Real Maestranza, un día viendo a Curro Romero, con un calor espantoso y el Faraón de Camas un tanto huidizo. Una mala experiencia, sin duda. Pero otro día me invitaron a una novillada de noche y tuve también la mala suerte de que mataron de mala manera a un novillo a tres metros de donde yo estaba. Casi me salpica la sangre en la cara, de lo cerca que me senté del albero. El pobre animal murió con el estoque atravesándole el cuello y antes de morir, con los ojos blancos, vueltos, me miró y me preguntó: “¿Qué haces tú aquí, Manolito?”. Y nunca más volví a ver una corrida de toros. Es más, dejé de ser aficionado y aunque no soy un activista antitaurino, si un día el pueblo decidiera que desapareciera, en un referéndum, diría como el sevillano Pepe Díaz, el que fuera secretario general del Partido Comunista de España, cuando le hicieron esa misma pregunta: “Lo aceptaría, pero diría que, por primera vez, el pueblo se ha equivocado”. Esto lo pienso hoy sábado, seguramente porque escuché decir a Pablo Iglesias, el vicepresidente segundo del Gobierno, que le incomoda bastante que se considere Cultura la tauromaquia. A lo mejor, el Coletas ha logrado que regrese al toreo, aunque nunca más vaya a pisar una plaza de toros en honor de aquel novillo que me miró de aquella manera y me dijo lo que me dijo. Hoy se cumplen cien años la trágica muerte de José Gómez Ortega, Joselito el Gallo, que fue cogido por un toro, con resultado de muerte, en Talavera de la Reina, el mismo día que Juanito Valderrama cumplía 4 añitos. Un genio se fue y otro estaba formándose en el arte del cante. Soy un gran admirador de la figura de Joselito y he investigado tanto a su familia, los Ortega de Cádiz, que podría escribir diez libros sobre él. Solo mirando una fotografía de José experimento más amor por la cultura andaluza, que yendo a veinte conferencias sobre el arte de lo que sea. Joselito era torero, pero también flamenco. Era hijo de la bailaora gaditana, gitana, Gabriela Ortega Feria. Por tanto, nieto por línea materna de Enrique Ortega Díaz El Gordo, cantaor y matarife. De ese gordo, don Enrique, el amigo de Silverio, salieron bailaoras como Rita Ortega y bailaores como Rafael Ortega Monge, bisnieto de El Planeta. Y Manolo Caracol, el más grande de todos los tiempos, hijo de un gitano con arte y gracia, Manuel Ortega Fernández el del Bulto, quien a su vez lo fue de José Ortega Feria El Águila. ¿Qué no es una manifestación cultural el toreo? Que le corten las orejas.


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