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Los paisajes de Fátima Pemán en Fundeca

La autora jerezana residente en Valdelarco expone una serie de paisajes inspirados en este lugar de la Sierra de Aracena.

21 oct 2021 / 08:39 h - Actualizado: 21 oct 2021 / 08:42 h.
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  • Los paisajes de Fátima Pemán en Fundeca

EL CORREO DE ANDALUCÍA, fiel a la programación artística de gran parte de los eventos que se “cuecen” en nuestra ciudad, no quiere perderse una de las últimas Exposiciones del año y por eso le encargan a esta cronista-reportera, que cubra la información relativa a la muestra individual de una de las autoras paisajistas más destacadas de la actualidad.

Los paisajes de Fátima Pemán en Fundeca

La exposición que ahora tiene lugar en la FUNDECA -Fundación Andaluza de Cultura (calle Salmedina 3, de Sevilla) hasta el 14 de noviembre- puede dividirse en tres partes, aunque la principal la constituye los paisajes que durante los dos últimos años ha venido captando de la misma manera que lo hacían los plenairistas, postimpresionistas y barbizonianos, en medio del paisaje del cual ella forma parte, aunque ella los haga más expresionistas e incluso más abstractos, porque esa fluctuación entre ambos conceptos compositivos hasta ahora ha sido su manera de captar esa realidad cargada de ficciones como es el arte.

Los paisajes de Fátima Pemán en Fundeca

Fátima Pemán pintaba como alumna que fue de Bellas Artes en Sevilla primero y en la New York Studio School después, retratos, bodegones, obras abstractas y figurativas, y por supuesto también paisajes. No será hasta 2015, cuando instale su residencia en el campo, en la localidad onubense de Valdelarco y en el entorno de la Sierra de Aracena, cuando se dedique casi exclusivamente a captar no lo que ve, sino lo que oye, siente, huele y le trasmite –también por “los sentidos psíquicos” la Naturaleza.

Esto no quiere decir que entre una y otra obra –entre representar un fragmento del bosque en un mediano o gran formato realizado en óleo sobre lino- no continúe con sus diferentes series de dibujos abstractos sobre papel o sobre un soporte tan curioso como son frascos y botellas de cristal. Objetos que viene decorando desde hace mucho tiempo en una especie de reciclaje ecológico-artístico. En ellos, líneas, círculos, espirales, polígonos, ...van incorporándose íntegramente alrededor de su superficie en una suerte de caligramas o ideogramas, que pueden interpretarse como un peculiar vocabulario suyo.

Los paisajes de Fátima Pemán en Fundeca

A veces, separa alguna de las múltiples formas de ese puzle de recuerdo figurativo a veces y casi abstracto todas y que impregna con figuras negras sobre fondo blanco para que ampliando su tamaño para que existan solas.

Los paisajes de Fátima Pemán en Fundeca

Esta pequeña muestra formada con las dos series abstractas –en papel y en cristal- convive con los doce cuadros donde la frondosidad de los árboles, matorrales y caminos, es la protagonista. En ella irán emergiendo los colores, unos tonos que como el “diccionario” anterior, son también suyos, resultado de una observación paciente de la claridad y de la umbría.

Tonalidades púrpuras, magentas, turquesas, esmeraldas, azules, verdes, amarillos,... que no existen en el Pantone, porque ella los “fabrica” con sus mezclas. Es su retina la que se va adaptando al entorno y porque somos nosotros los que nos adaptamos al paisaje y no a la inversa.

Los paisajes de Fátima Pemán en Fundeca

Un día Fátima Pemán recogió sus bárulos de pintura, cerró su estudio de la sevillana calle Betis donde tantos alumnos han aprendido con ella y optó por una vida integrada en lo vegetal y mineral que somos, en una armonía que tiene mucho de bucólico o idílico, o lo que es lo mismo: en un mundo apartado de todos los ruidos.

Senderos, claros, masas forestales, barrancos, canteras, flores, árboles,... van definiendo una coreografía interior, porque los paisajes son pasajes del alma o del ánima (si somos animistas) y se pintan siempre desde el interior de cada persona que coloca un caballete o un cuaderno, frente a ese espectáculo que fluye en paralelo. También, desde el interior de cada persona que contempla lo representado.

Un cuadro de paisaje no es sino el marco que le ponemos a lo que tenemos por delante, que no es otra cosa que la vida misma. Una vida que fluye en la savia vegetal, en la sangre que recorre nuestro cuerpo y durante estos días en la sala David Puentes de la FUNDECA, en la pintura de Fátima Pemán Enrile y en todos los que vayan a verla.


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