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La Gazapera

¿Qué le pasa al baile flamenco?

La Bienal hizo mucho por el baile en sus inicios, pero enseguida comenzaron a producir espectáculos aburridos y pobres, alejándose cada vez más de la esencia del baile jondo

Manuel Bohórquez @BohorquezCas /
01 nov 2019 / 10:25 h - Actualizado: 01 nov 2019 / 11:00 h.
  • Imagen de archivo del espectáculo "Yo Carmen" de la compañía de María Pagés, en el teatro de la Maestranza de Sevilla. EFE/Raúl Caro.
    Imagen de archivo del espectáculo "Yo Carmen" de la compañía de María Pagés, en el teatro de la Maestranza de Sevilla. EFE/Raúl Caro.

Hace unos días hablaba durante horas en el centro de Sevilla con una maestra del baile, sevillana, alejada ya de los escenarios, y me decía que cada día le costaba más trabajo ir a ver espectáculos de baile en los teatros porque sufre mucho. No es la única maestra que piensa así y prueba de ello es que van ya poco al teatro. ¿Estamos atravesando una mala etapa del baile flamenco? Sin duda alguna.

Recuerdo que Mario Maya se aburría también cada vez que iba a alguno de los teatros sevillanos a ver un espectáculo. Le acompañaba a veces e insistía en la baja calidad. Tenía mucha gracia cuando se ponía crítico. Un día fuimos juntos a ver una obra que se llamaba Las cuatro estaciones, en el Lope de Vega, y se aburrió como una ostra. Más o menos a la mitad de la obra me preguntó: “Manuel, ¿tú has visto por algún lado la primavera, el verano, el otoño o el invierno”.

Se quejaba de la poca coherencia en los coreógrafos y, sobre todo, que no cuidaban los detalles. La Bienal hizo mucho por el baile en sus inicios, logrando que surgieran compañías nuevas y que se produjeran buenos espectáculos. Bailaoras como María Pagés, Sara Baras, La Yerbabuena o Isabel Bayón tuvieron un enorme protagonismo y triunfaron con buenos espectáculos. Igual que bailaores como Antonio Canales, El Pipa o Israel Galván. Pero enseguida comenzaron a producir espectáculos aburridos y pobres, alejándose cada vez más de la esencia del baile jondo.

Solo disfrutábamos cuando bailaban Milagros Mengíbar o Pepa Montes, por el clasicismo de ambas, o con bailaores como Javier Barón o Joaquín Grilo, innovadores y artistas. Pero en la actualidad, sinceramente, cuesta ver un buen espectáculo de baile por derecho, sobre todo que nos interese por el trabajo coreográfico y el cuidado de los detalles. Cuando aciertan con la coreografía fracasan en la música o desatienden los cuadros.

No voy a decir que se han acabado las bailaoras y los bailaores de arte, porque no es verdad. Pero sí que el baile ha tomado unos derroteros preocupantes, con figuras como Rocío Molina e Israel Galván, que ya hacen poco flamenco y sí mucha danza contemporánea teatralizada. Aburren a las ovejas, aunque llenen teatros y el público, a veces, se ponga en pie, sobre todo en la Bienal, donde en ocasiones aplauden hasta a los acomodadoras.

Hace unos días bailó María Moreno en el ciclo de Cajasol y según algunos expertos y algunas expertas, el espectáculo fue decepcionante. Sin embargo, la crítica, salvo excepciones, la puso por las nubes. ¿Ya no hay buenos críticos de baile en Sevilla, donde tan bien se ha bailado siempre? Hace años vi un espectáculo de baile con Pilar López, la hermana de La Argentinita y una de las grandes maestras del baile, y cuando acabó la obra me dijo: “Mañana leeré los periódicos, aunque ya no hay críticos. En mis tiempos te hundían una obra si no estabas bien”.

No creo que el problema del baile esté en la crítica, pero es cierto que si no hay críticos que sean valientes y que sepan de verdad de baile, el artista se relaja y nos cuela la bacalada. En cada Bienal nos colocan siempre unas pocas, en parte por un problema de dirección.


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