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José Joaquín León: «¡No dejen al Santísimo sin nadie!»

El periodista exaltó a la Eucaristía en la Sagrada Cena

Juanma Labrador jmlabradorj /
12 jun 2022 / 14:41 h - Actualizado: 12 jun 2022 / 14:43 h.
"La Cena"
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“De rodillas, Señor, ante el Sagrario, estamos Tú y yo”. Así inició el laureado periodista José Joaquín León Morgado su Exaltación a la Eucaristía en la Hermandad de la Sagrada Cena, una disertación que puede ser reconocida como una pieza profunda y sentida, de una honda y brillante calidad literaria y con un mensaje rotundo y contundente. “Señor, se está bien aquí, en tu casa del Sagrario, pero guíanos para buscarte”, insistió.

Ante un público selecto que sabe a lo que acude, a oir a hablar del Señor vivo en la Hostia pura e inmaculada, el exaltador recordó cómo la Virgen del Subterráneo, titular dolorosa de la corporación anfitriona, fue, precisamente, el primer tabernáculo de Cristo, y evocó sus vivencias con cofrades de la Cena que ya se fueron como Juan Palacios Ávila o José Antonio García-Tapial, u otros que aún siguen entre nosotros, como el entrañable Jesús Creagh. Así mismo, definió su intervención como una exaltación y no un pregón, dándole un especial valor a ese vocablo, exaltación, como se advoca el crucificado de Santa Catalina, cuya cofradía ha tenido que salir recientemente desde la iglesia de la calle Sol a lo largo de tres lustros por las obras que se acometían en su sede canónica.

José Joaquín León: «¡No dejen al Santísimo sin nadie!»

Hizo José Joaquín León un breve recorrido por la historia de la hermandad, citando al inolvidable cofrade Juan Delgado Alba, al que le leyó cómo éste recordaba a la cofradía de la Sagrada Cena siendo la que abría la Semana Santa en la carrera oficial, antes de que se fundase la Paz, años aquellos en los que esta señera y centenaria corporación residía en Omnium Sanctorum. Recordó, por otra parte, a Luis Ortega Bru, autor del apostolado del misterio sacramental por antonomasia, donde reflejó un “torbellino de sentimientos”, y que acertó plenamente al respetar el mantenimiento de la actual imagen del Señor de la Cena de Sebastián Santos Rojas, en cuya mirada se refleja, paradójicamente, la Humildad y Paciencia de la otra imagen cristífera a la que rinde culto la hermandad desde hace siglos.

Anecdóticamente, cuando habló de la traición de Judas Iscariote se produjo un apagón en el templo, a lo que León Morgado, con gracejo y buen humor, apostilló: “a lo mejor ha sido cosa de Judas para que no hable más de su papel”. Tampocó olvidó la figura de Teresa Enríquez, “La loca del Sacramento”, que fundó la primera hermandad sacramental en Torrijos, sin que no se entienda cómo es posible que aún no haya sido canonizada, si bien su causa está abierta en la congregación de los santos, a la que pertenece nuestro arzobispo Saiz Meneses: “A ver si monseñor da un empujoncito para que doña Teresa suba a los altares”.

José Joaquín León: «¡No dejen al Santísimo sin nadie!»

Se centró León en el significado del Jueves Santo como día del Amor Fraterno, y mientras las cofradías hacen su estación de penitencia, no quiso olvidarse el orador de esta otra “tarde de Jueves Santo en los sagrarios pobres, los de aquellos conventos íntimos y de los que habló Joaquín Romero Murube”, exaltando la oración discreta y callada de las monjas de clausura, no sólo durante la primera jornada del triduo sacro de cada Semana Santa, sino todos los días del año. Igualmente, tuvo la valentía de criticar la negativa acción de no abrir las parroquias el Jueves Santo para evitar las visitas de turistas y fotógrafos, manifestando en alta voz: “¡No cierren las iglesias, no dejen al Santísimo sin nadie, en un templo vacío donde no puedan arrodillarse los adoradores!”.

José Joaquín León: «¡No dejen al Santísimo sin nadie!»

Repasó las procesiones eucarísticas de nuestras hermandades sacramentales, tanto puras como fusionadas, resaltando la de su corporación de la Soledad de San Lorenzo, de suma belleza, o los tradicionales Corpus de Triana o de la Magdalena, o los que se celebran en tantos barrios del extrarradio, y elogió el exaltador cómo Sevilla supo defender el mantenimiento del jueves para la solemnidad del Corpus Christi, como en Málaga y en Toledo, y recalcó que Roma y el Vaticano también siguen celebrando esta fiesta el jueves, como recuerdo del Jueves Santo. Tampoco se olvidó del cardenal Amigo Vallejo, “porque su labor pastoral fue importante para revitalizar la procesión del Corpus catedralicio en tiempos difíciles”, nombrando también al cofrade Benito Rodríguez Gatius, fallecido hace escasos meses y que era oficial de junta de la Sagrada Cena, y concluyó su discurso con un mensaje claro y directo: “Cristo mira al cielo en los Terceros y se queda con nosotros en su Sagrario”.

Presentó al exaltador el propio hermano mayor, Álvaro Enríquez, como es costumbre, definiendo a este periodista como un gaditano sevillano, o un sevillano gaditano, ya que nació en Cádiz pero se halla plenamente identificado con Sevilla, dándose una curiosa anécdota en su persona, y es que nació el mismo año que Sebastián Santos talló al Señor de la Cena, 1955. En la presidencia del acto estuvieron presentes, además, el sacerdote Juan Antonio Carrera, director espiritual, Francisco Vélez, presidente del Consejo, y José Rodríguez, hermano mayor de la Soledad de San Lorenzo, habiendo también representaciones de las hermandades de la feligresía, y hasta de la Cena de Salamanca. Musicalmente intervino la Banda del Maestro Tejera, que interpretó las marchas “La Sagrada Cena” de Gámez Laserna, “La Soledad” de Pedro Morales y “Virgen del Subterráneo” también Gámez, además de “Triunfal” durante la procesión claustral con Su Divina Majestad con la que concluye este acto que en 2023 cumplirá sus bodas de oro.


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