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Los medios y los días

Adriana Lastra protege la vida

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20 jul 2022 / 04:00 h - Actualizado: 20 jul 2022 / 04:00 h.
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  • Adriana Lastra, en un acto del PSOE. / E.P.
    Adriana Lastra, en un acto del PSOE. / E.P.

La que se formó hace nada cuando Adriana Lastra decidió renunciar al podio de plata del PSOE. La muchacha no es ya tan muchacha y se le ha juntado el hambre con las ganas de comer. A los habituales enfrentamientos que se dan entre los hombres y mujeres alfa en el interior de los partidos -como en el interior de todos los grupos humanos- se le ha unido la biología. Lastra es una hembra de la especie y como tal puede -y debe- quedarse embarazada. Digo “debe” porque, narices, la población en España sube a pesar del Covid pero sobre todo por obra y gracia de los inmigrantes, la raza ibérica está estresada y zángana.

Lastra quiere ser madre pero a los medios les interesa más que se haya ido por sus desavenencias con el poseedor del podio de bronce cuyo nombre me trae ahora sin cuidado, cuando haga algo de importancia lo memorizaré. De manera que si, por casualidad, la única razón de su marcha ha sido un embarazo de riesgo superlativo porque la señora ya es mayor para parir (43 años), los medios inflan el asunto llevándolo todo a las batallitas que eso vende más.

Batallitas hay, pero a mí me interesa la Lastra mujer que se retira para proteger la vida de su hijo. Cada vez que veo por la calle a una mujer embazada me dan ganas de hacerle una foto y ponerle una medalla porque resulta que se ven de higos a brevas, el otro día divisé a una al término de un concierto de esos de los jardines del Alcázar y, si llego a saber hacerlo, le hubiera cantado una saeta. Celebro y alabo a Adriana Lastra que ha decidido dejarse de peleítas para centrarse en su hijo. Ahora espero que no le salga de esos llorones insoportables, no es lo mismo levantarse diez veces por la noche a callarlo con 25 o 30 años que con 43 por mucho que lo haga también la pareja. Hemos olvidado el viejo dicho: cada cosa a su tiempo.

Hay otra cuestión. Irene Montero va a tener que pensar en cómo arreglar esta desigualdad consistente en que una mujer se tiene que retirar del campo de batalla por culpa de una barriga y el hombre se queda ahí, tan pancho y con el terreno despejado. Es decir, el embarazo masculino por decreto puede estar ya planeándose. Pedro Sánchez deberá ahora hacer como cuando se cargó de un plumazo a Carmen Calvo y a Iván Redondo por llevarse mal. Tendrá que decirle al supuesto rival de Lastra que renuncie también y buscar otra parejita, todo al cincuenta por ciento, faltaría más.

Voy a olvidar ahora que Adriana Lastra mandó a callar a Felipe González, Alfonso Guerra y demás ancianos socialistas que criticaban la política de alianzas del PSOE. En su momento le contestó Felipe que a él no lo mandaba a callar nadie y si alguien que se considera socialista lo hace es que no es socialista. La Lastra estaba ya bien respondida. Eso no tiene importancia, los políticos de mis tiempos no eran tan maquiavélicos como estos millennials de hoy que pactan con el diablo con tal de seguir figurando. Son chiquilladas procedentes de su educación gringa así que mejor es olvidarlo o divertirse con el fenómeno.

Lo que ahora debemos hacer es apoyar a Adriana Lastra en su quietud, acompañarla en su reposo, agradecerle en nombre de su futura criatura que haya apostado por su venida a este mundo cruel pero apasionante y desearle una horita corta cuando llegue el momento decisivo.


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