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La vida del revés

Amazonia, codicia y estupidez humana

23 ago 2019 / 08:26 h - Actualizado: 23 ago 2019 / 08:56 h.
  • Uno de los incendios que están arrasando la Amazonia. / Europa Press
    Uno de los incendios que están arrasando la Amazonia. / Europa Press

¿Cómo se puede reducir la cantidad de CO2 en el planeta Tierra? ¿Cómo puede liberarse oxígeno en cantidades enormes? Fácil. Uno conserva intacto el medio ambiente y las plantas capturan millones de toneladas de dióxido de carbono a diario para realizar la fotosíntesis. Es decir, si nos cargamos la Amazonia (que es exactamente lo que estamos haciendo), si nos dedicamos a destrozar el planeta sin contemplaciones (que es exactamente lo que estamos haciendo), si tratamos de convertir todo el entorno en dinero (que es exactamente lo que estamos haciendo), nos ponemos sin ayuda de nadie a los pies de los caballos, en la frontera de nuestra propia extinción como especie. Se escribe fácil, en un momentito, pero bien pensado el vértigo es brutal.

El mundo está lleno de personas codiciosas que solo piensan en su insignificante existencia. ‘Voy a destrozar lo que haga falta para poseer cosas; total esto dura un rato’. Y no existen límites. Cuando tienen suficiente para vivir mil años sin complicaciones quieren más. Lo importante es lo de cada uno, el presente y solo el presente. Un asco.

El mundo está lleno de personas poderosas que tienen inteligencia para levantarse, darse una vuelta sin darse contra la pared y volver a la silla. Llegan a ser presidente de un país y dejan que un capitalismo demoledor y sus propios intereses arrasen con la Amazonia, con media Siberia o zonas del mundo que quedan deforestadas durante décadas.

El clima del mundo entero se regula gracias a las plantas. Si tenemos agua dulce es gracias a ellas. Y todas las especies dependen de nuestros bosques. Incluido el ser humano. En zonas selváticas que estamos destruyendo sin sentido alguno, podrían existir plantas y animales desconocidos que pudieran ser la solución al cáncer. Pero nada, aquí prima que los pobres lo sigan siendo, que se queden más allá de las fronteras y que las cuentas corrientes nos permitan una vida casi vergonzosa. Sí, vergonzosa. Estamos mirando cómo destrozamos nuestra casa sin inmutarnos. Miramos a los que pasan hambre sin inmutarnos. Las guerras nos quedan lejos. Sí, vergonzosa.

Donald Trump niega el cambio climático; Bolsonaro acusa veladamente a las ONG’s de ser las causantes de los incendios extravagantes que asolan el pulmón del mundo; Rajoy tiene un primo que dice que eso del cambio climático son paparruchas. No somos capaces de cuidar de nosotros mismos y, así, estamos cavando nuestra propia tumba. Porque nos estamos cargando el planeta Tierra, el único que tenemos.

No somos capaces de cuidar de las gentes que huyen del hambre y la guerra, les acusamos de estar gorditos y de tener buen aspecto, vemos en las cubiertas de los barcos atestados de inmigrantes desesperados una especie de ejército invasor. ¿Cómo vamos a pensar en los bosques de Siberia o en la Amazonia? Somos una pena.


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