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Los medios y los días

Doña Letizia se enfada con don Felipe

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30 mar 2023 / 04:00 h - Actualizado: 30 mar 2023 / 04:00 h.
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  • La reina Letizia. / EFE
    La reina Letizia. / EFE

Ahora ya casi todo se sabe, menos lo verdaderamente importante, casi todo está al alcance del ciudadano. Hasta las desavenencias matrimoniales de los reyes. Avanzamos. Recuerdo cuando no se podía ni pensar mal de la monarquía en España, de ahí hemos pasado a la famosa portada de El Jueves -secuestrada, de todas formas- y a los desplantes y disensos de la reina con su señor marido y con su excuñado -o cuñado, que no sé por dónde va eso- Iñaqui Urdangarin.

No sé si trae cuenta meter a plebeyos en La Zarzuela porque dan muchos disgustos. La reina ni se persigna en las misas ni aplaude a su marido cuando habla, no me extraña que los monárquicos de toda la vida siempre hayan criticado la presencia de plebeyos en las altas esferas monárquicas. Hace un par de días les explicada a mis alumnos cómo es posible que hoy puedan coincidir en un mismo acto social la nobleza, la burguesía financiera y algún elemento popular y destacado de la plebe. Parece una evidencia pero no lo es, para que eso suceda se han tenido que librar batallas y guerras en las que al final ha prevalecido el pensamiento y el hacer burgués sin que la nobleza desapareciera. Más tarde, como hay que cambiar todo para que todo siga igual, las noblezas y las coronas han metido en sus casas a los de abajo. En el siglo XIX y por supuesto antes, los comerciantes eran unos palurdos a los ojos de la nobleza y de la plebe ni hablar.

Doña Letizia pasó del micrófono y los telediarios a las estancias reales y eso es un salto muy grande en cantidad y calidad. Me dicen los medios que se atreven que la reina está disconforme con que su hija Leonor -la futura reina que por desgracia no veré, cosas de la biología- haga una “mili” de tres años que debe empezar en verano. Y que su discrepancia con la norma la expresa a veces a bocinazo limpio con el rey quien tampoco se queda atrás en esto de levantarle la voz a su señora. Los periodistas expertos en reinología aseguran que los empleados de palacio no van despacio y lo filtran. Mal hecho, qué clase de empleados son esos, el rey y la reina deben tomar cartas en el asunto. En otros tiempos les habría costado la cabeza, hoy con un despido basta, hemos avanzado, hemos avanzado.

A la reina siempre se le ha visto un ramalazo “progresista” que en el contexto en el que está llama mucho más la atención. Es evidente que no sabemos de la misa la media de lo que realmente está ocurriendo en este tema en ámbitos reales. Si es cierto lo que he leído tenemos a una reina que se resiste a que su hija cumpla la Constitución como está mandado -no a medias- en el sentido de que su hija va a ser la capitana generala de todo el ejército español y tendrá que saber qué es un cetme, qué es un barco de guerra y qué es un avión de combate y deberán quitarle desde el ejército las simplezas y las ingenuidades propias de su juventud. Ahora resulta que cuando nadie de su edad va a la mili -y así están los niños y las niñas de consentidos- ella tiene que hacerla y de tres años. La que algo quiere algo le cuesta. O mucho. Si doña Leonor desea ser reina y presume por ello, con perdón, pero la que quiere peces debe mojarse sus reales posaderas y la madre debe permitirlo. No creo que desee doña Letizia que su hija no desarrolle su formación, tal vez aspire a poner por delante la formación universitaria. Pero, si le sirve de algo a su majestad y colega en el periodismo, en la universidad, profesores y alumnos estamos faltos de un baño intenso por las realidades de la vida para, desde ellas, investigar y teorizar sobre lo divino y lo humano. Sin eso el saber se convierte en humo del que ciega los ojos. Por tanto, como doña Leonor va a ser reina -si Sánchez y sus aliados no lo evitan y los poderes de verdad tragan con eso- mientras más baje la muchacha a la realidad mejor reina reinará en Estepaís.


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