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Ojana in Excelsis

El chino ‘miarma’

Phon es el mejor ejemplo de adaptación y supo juntar en una pared al Gran Poder y a Bruce Lee

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Juanmi Vega @Juanmivegar
20 jun 2020 / 06:00 h - Actualizado: 20 jun 2020 / 06:00 h.
"Ojana in Excelsis"
  • El chino ‘miarma’

A Darwin se le atribuye la frase «las especies que sobreviven no son las más fuertes, ni las más rápidas, ni las más inteligentes; sino aquellas que se adaptan mejor al cambio». Sea del naturalista inglés o no, lo cierto es que es una verdad como un templo.

En la plaza Carmen Benítez hay un local regentado por una familia asiática. Llevan muchos años en la esquina donde la calle Arroyo desemboca. Lo que más me llamó la atención el otro día que pasé por allí fue el letrero que tenía puesto: ‘El chino sevillano’, se podía leer.

Este letrero me retrotrajo a un bar de la calle Francisco de Ariño, que estaba regentado por un chino llamado Phon, aunque él prefería que lo llamaran Alfonso.

La historia de Alfonso es peculiar. Empezó en un barco pesquero, llegó a Sevilla y se puso a cocinar en un wok del centro comercial Nervión Plaza, adquirió una pequeña tienda de comestibles en la calle Francisco de Ariño y cuando vio el letrero de ‘se vende’ colgado en la fachada del bar ‘La Cigala’, no lo pensó. Se embarcó en la aventura de la hostelería.

No crean que Phon cambió las tapas. Allí seguían poniendo ensaladilla, papas aliñadas, serranitos, pescado frito... y rollitos de primavera. Ese fue el único toque exótico que tenía el bar. Ese y un poster de Bruce Lee junto a un cartel del Gran Poder. Eso sí que es una alianza de civilizaciones y no la que promulgaba Zapatero.

Phon es el mejor ejemplo de adaptación. Había calado a los sevillanos a la primera y sabía lo que tenía que ofrecerles.

El anterior dueño del local pasó sin pena ni gloria, pero el protagonista de nuestra historia era capaz de hacer que acudiese gente de lugares retirados sólo para verlo a él.

Está claro que no es normal que un chino te salude con un ¿‘Qué pasa, miarma (sic)? De hecho, era el que mejor lo decía, porque los sevillanos solemos cambiar la L por la R, así que él sí decía bien mi alma.

Ya con esa frase te dejaba ver que no estabas en un sitio normal. Ya si encima tenías confianza con él, lo mismo te soltaba un ‘malicona’ (sic) y se quedaba tan pancho.

Otra de las costumbres de Phon era que siempre te regalaba la última. Pagabas y se repetía la misma frase: «¿Quieres un buchito, Juan?»

Gracias a esa adaptación al estilo sevillano, Alfonso hizo mucho dinero. Tanto es así que un año se fue al Rocío en una carriola.

Llegó a abrir otro negocio en la avenida Miraflores, pero la diferencia era que no estaba él y la gente iba para verlo. No funcionó.

Alfonso hizo mucho dinero, pero no supo adaptarse al cambio de una vida con lo justo a una a todo tren. Vendió el bar y se le perdió la pista.

Un día, un parroquiano que había bebido más de la cuenta le soltó que él siempre seguiría siendo chino y nunca español. Phon sacó su cartera, le enseñó la nacionalidad española y le dijo, «yo soy igual que tú, mialma». Y tanto que lo es.


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