El Gran Poder en los barrios de Zoido

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24 oct 2021 / 04:00 h - Actualizado: 24 oct 2021 / 04:00 h.
"Tribuna"
  • El Gran Poder por los Pajaritos. / Jesús Barrera
    El Gran Poder por los Pajaritos. / Jesús Barrera

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El Gran Poder ya está casi de vuelta al viejo barrio de San Lorenzo, pero aun permanecerá dos semanas más en Los Pajaritos, donde yo moré cuando aún tenía la inútil ensoñación de terminar Derecho y a veces el aire era una inmensa pesadilla.

Aquel era un ejemplo del urbanismo que desdeñaban para si los conservacionistas, trabajadores de la nada, para los que merendar en La Ponderosa o traspasar la barrera de la Gran Plaza, constituía un sendero a veces demasiado largo para poder retornar a la hora señalada por tu madre.

De vez en cuando, alguien saltaba ese muro imaginario y superaba eso del “extrarradio” o la “periferia” conque algunos manuales calificaban todo lo que no fuera casco histórico. Aun algunos cronistas, invariablemente agitan la misma semántica.

Cada plaza escondía la alegría cotidiana en un sin fin de fruterías o pescaderías, que no he visto lugar donde florecieran más tiendas de alimentación y menos farmacias; ni parque como el de Amate en el que no asomara un rayo amarillo cuando ibas a la conquista de alguna compañera, a la que mirabas embelesado en el eterno discurrir de la Línea 25 del bus. Tan largo era el trayecto, como el remordimiento de no haber tenido bemoles de abordarla, antes de arribar a los cuarenta metros útiles, donde todo era concurrido, desde las literas hasta la cola matinal del único baño.

En sus cercanías, Zoido ganó la Alcaldía, con un irrepetible spot donde un carnicero del barrio, decía algo así como “yo confío en Juan Ignacio”. Su ideólogo, se define en su estado como “fuerza y honor” y enorgullece críticamente La Sexta de García Ferreras.

Tal vez si Zoido no se hubiera apartado de aquellas parroquias y mercados, cambiándolas por el consejo de cofradías, aun Sevilla asombraría un mapping en la Plaza de San Francisco por Navidad.

Dentro de dos semanas, la ácida fragancia de la resina de Dios, asomará al Ayuntamiento, ya no en parihuelas, sino a hombros de costaleros. Resulta inverosímil que Espadas o Cabrera se acodaran en el Congreso de Pedro Sánchez, en lugar de ausentarse apenas cuatro horas para acompañar al Gran Poder en su provisional de cruz y hambre. Pero así enfocan sus campañas y tal les irá...

Así las cosas, la única duda que queda es qué música sonará en la carrera oficial de alfombras rojas de turistas sudorosos y capillitas miarma en la Plaza Nueva.

Les confieso que, a mí, al iniciar esta crónica, el cuerpo me pedía “Suspiros de España”. Ya saben, la que no dejaron de escuchar los españoles exiliados allende fronteras.

Pero tal vez, lo justo sea el mismo círculo y las mismas aristas que en Madre de Dios o Palmete, ahora repletos de ojos achinados. Sí, no hay mejores notas que las del silencio. El maldito estruendo mudo de nuestra España, que solo se enardece contra el Papa Francisco o ante la enésima pifia del Betis en el descuento.

Sí, Dios es todo: yo soy nada.

Y por hoy basta.


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