miércoles, 25 noviembre 2020
17:59
, última actualización
Ojana in Excelsis

El trago más amargo y rápido

No soporto cuando llegas a un sitio, te sientas, te pides una copa, te la sirven y a los cinco minutos te dicen que ya hay que irse.

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Juanmi Vega @Juanmivegar
25 ago 2020 / 06:00 h - Actualizado: 25 ago 2020 / 06:00 h.
"Ojana in Excelsis"
  • Viñeta del Loco del Color
    Viñeta del Loco del Color

Cuando pagas por una copa en un establecimiento no sólo te dejas el dinero por el líquido elemento. Estás pagando un momento, un instante de conversación, unas vistas o un rato de evasión.

Esto que voy a relatar me ha pasado un par de veces y nunca le había dado mucha importancia hasta el otro día, que uno se cansa ya de los engaños.

No quiero que estas palabras sirvan para generalizar y atacar a un gremio que lo está pasando muy mal, pues por lo general, la mayoría de los camareros son profesionales y evitan estas prácticas.

El otro día subí a una de esas terrazas en las que se contempla la Giralda a cierta altura y pagas la copa a precio de botella. Es normal, no sólo abonas el líquido elemento, también lo haces por las vistas, el servicio y un agradable rato.

Cuando llegué allí busqué al encargado y le pregunté si se podía tomar algo. Muy amablemente me contestó que por supuesto y me asignó una mesa.

Todo fue bien hasta que, cinco minutos después de que sirvieran las copas, llegó una agradable camarera y dijo que tenía que recoger. Mi cara tuvo que ser tan de sorpresa que la chica me preguntó si no me habían dicho nada referente al tiempo que iba a tener para tomarme la copa. Le dije que no, que si me llegan a decir que sólo tengo cinco minutos me voy y no pasa nada. Hubiese vuelto otro día.

El trago más amargo y rápido

Al final tuvimos que irnos de allí porque ya cerraban. Le di un buche largo rememorando mis años de facultad y me fui, con la promesa de no volver nunca más.

Han ganado 20 euros en una noche, pero han perdido un cliente que solía ir y que recomendaba el sitio.

No digo el nombre del sitio porque la chica que estaba trabajando allí y que tan bien me atendió, siendo comprensiva y educada, no tiene que pagar los platos rotos de un encargado prepotente, que se pone de rodillas cuando ve una camisa de Tommy Hilfiger desfilar por allí, aunque sea falsa. Las apariencias.

El problema es que esta actuación no es la primera vez que ocurre. Los negocios tienen hora de cierre y hay que cumplirla, pero si uno se sienta en un local no es para que a los cinco minutos lo echen. Ganan más si avisan que si callan.

Con estas prácticas lo que ganan es que la gente se meta en las casas a tomar copas o hagan botellón, a pesar de estar prohibido. Otro día podríamos hablar de la calidad del alcohol en ciertos sitios, que eso sí que es una ojana gorda.

La próxima vez que me tome una copa, lo haré con los pies en el suelo. Lo prefiero a estar cinco minutos en las alturas.


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