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El tren de la bruja del alcalde

El alcalde regala a Sevilla su tren de la bruja para crear esa tormenta perfecta que sería fotografiarlo junto al gofre hortera de La Encarnación

17 feb 2020 / 08:01 h - Actualizado: 17 feb 2020 / 08:03 h.
"Desde la espadaña"
  • El tren de la bruja del alcalde

No sé si alegrarme o hacer otra elegía por las calles sevillanas. Porque conocer que el alcalde de Sevilla ha conseguido la Santa Trinidad de las promesas políticas (Altadis, Palmas Altas y ampliación del metro-centro) me da tanto miedo como respeto. Y de alguien que se ha colocado las mallas para salir corriendo de la Plaza Nueva, personalmente, me da cierta jindama. Pero si algo me produce un canguelo terrible es esa ampliación del metro-centro hasta Santa Justa (¿y por qué no hasta el aeropuerto de San Pablo?) y posteriormente hasta La Campana. Un día, más despacio, habrá que hacer un análisis que nos lleve a estudiar esa simbiosis entre la manía política de ahogar la esencia de Sevilla y el emperramiento en traer aquí lo que no se puede.

Hemos amortajado a base de dinero público tantos proyectos que al final, una filosofía tan elemental como seguir viviendo en la Sevilla que todos conocemos por su historia y patrimonio (el poco que nos van dejando) desaparece y al político le sale la vena necrófila por la ciudad. Pensar que la gran promesa municipal de la ampliación del metro-centro viene precedida por unas cubiertas de la Copa Davis que nos han costado (por ahora) dos millones de euros o unas Setas de La Encarnación que inicialmente estaban proyectadas en 58 millones de euros y ya van por 140, hace preguntarme si en esa trinca municipal nadie alza la voz sobre la necesidad o no de un metro en superficie que llegue hasta la Campana con vagones obligadamente más estrechos que los actuales y que reventará la estética y la historia de las calles sevillanas. Una idea que se proyecta sobre una zona ya comunicada por el transporte público con paradas cercanas del verdadero metro ¡subterráneo! y que lo aleja de los verdaderos problemas de movilidad y comunicación de la ciudad. El Ayuntamiento promete el desarrollo de los barrios, pero le da opacidad a una movilidad eficiente mientras cree, iluso, que los turistas visitarán más el nuevo metro-centro que la Catedral, aunque, eso sí, les harán parada en cada uno de sus hoteles.

Para más inri, y digan lo que digan, a un casco histórico que se está despoblando por la marabunta municipal de hoteles y apartamento turísticos ahora quieren adobarlo con un tren de la bruja al más puro estilo costero donde nos montaremos con canciones de Enrique y Ana para amenizar el trayecto. Un medio de transporte como el metro-centro que pierde viajeros año tras año no puede tener como prioridad el destrozo estético y la contaminación acústica y visual de las calles de Sevilla (ahora que hablamos tanto de sostenibilidad) ¿Por qué llevar el metro-centro hasta la Campana si entre este punto y la parada de Plaza Nueva existen escasamente 600 metros?

Con este proyecto aprobado se está buscando una huida hacia adelante a tenor de las pérdidas que sufre este medio de transporte desde su puesta en funcionamiento. Le recuerdo que desde el 2010, el metro-centro lleva perdidos un millón de viajeros. Lento, caro y desesperante en sus tiempos de espera que nos da para convertir, pruébelo, el trayecto San Fernando-Plaza Nueva en un agradable, bello y educativo paseo. Una modernidad que nos ha llevado a que cuando sumamos el espacio de rodadura, los veladores y el carril bici, el peatón se convierte en pulga saltando entre carriles hasta descubrir ese pasillo de noventa centímetros que le ha dejado el Ayuntamiento. ¿Y esto es lo que quieren para la zona histórica y central de Sevilla? A ver quién es el guapo que pasea por la Puerta Osario o Escuelas Pías cuando de la cara el tren de la bruja; miedo me da. De momento, se estima en unos 50 millones la obra, pero viendo los precedentes de la ciudad (atentos a las obras en San Francisco Javier), procuren aprovisionar mucho más. Y mientras, barrios alejados en pleno auge de crecimiento que sólo pueden atenderse con alguna línea de autobús a expensas de tantos factores que seguramente no llegará a tiempo a su destino.

Priorizar este tipo de proyectos es perder la directriz y la historia de la ciudad y es buscar la infidelidad a las líneas alegres y de bella construcción sevillana que nos caracteriza. Falta claridad intelectual y elegancia en muchos de estos responsables que pretenden hacernos ver que vagones en superficie recorriendo la Campana es signo de ciudad moderna mientras yo les digo que esto es no saber andar por la Sevilla más pura. Y ¿qué hacemos en los periodos de Semana Santa, Navidades o manifestaciones? pues se quedará fuera de servicio. La realidad y el deseo es que donde Sevilla se despuebla, el alcalde quiere entorpecer (qué no arreglar) la movilidad. Consideramos la muerte sólo en las personas, pero con este tipo de proyectos también matamos esa iglesia centenaria, ese palacio mudo que se contempla desde el exterior o aquellas cornisas vencida por la pesadumbre del tiempo.

Alcalde, recuerde que las ciudades también fallecen. Empiezan por la huida de sus vecinos y terminan con proyectos que introducen un tren por las entrañas de sus calles. Se equivoca con Sevilla y me confirma que si el ayer no le preocupa (en el bienio 2008/09 el metro-centro perdió 7,5 millones de euros), el mañana tampoco. No me quiera vender modernidad y sostenibilidad con este proyecto y sí una ciudad limpia de calles organizadas, de movilidad clara e inteligente y unas vías en perfecto estado de construcción y mantenimiento. Y, sobre todo, una Sevilla de rica personalidad, humana y armoniosa en sí misma.


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