martes, 03 diciembre 2019
23:22
, última actualización

En su justo medio

01 abr 2016 / 22:36 h - Actualizado: 01 abr 2016 / 23:36 h.

En la hora del balance conviene ser prudente y huir de los extremos. Ni derrotismos que lleven a la inacción, porque todo parezca estar condenado al fracaso; ni tampoco triunfalismos que eleven a la gloria lo que solo fue un mediano acierto. Viene esto a cuenta del tan traído y llevado plan de seguridad de la pasada Semana Santa y del que, según donde uno arrime el oído, se escuchan solo vituperios o virtudes. Las autoridades se han inclinado por subrayar esto último, pero no parece de recibo que el mismo que diseña algo sea el único encargado de ponerle nota. Por otra parte, los corrillos a pie de calle y las redes sociales no ahorran críticas al uso excesivo de vallas y al modo de colocarlas. Convendría que unos y otros fueran más comedidos. No tiene sentido distanciar al pueblo de las cofradías que va a ver como si fuera una fiera peligrosa ni convertir las procesiones en meros desfiles de circuito cerrado; o decir que se va a aforar una zona cuando, en realidad, se ha prohibido por completo el acceso. Si en un lugar caben solo 200 personas que no haya más me parece correcto; pero que no haya ninguna me parece un atropello que desnaturaliza a las cofradías. En el lado opuesto, hay que ser consciente de que se ha abusado de la paciencia de las autoridades, del respeto a los nazarenos y de quienes se situaban con antelación en un lugar determinado. El plan ha funcionado mejor que otros, pero es también manifiestamente mejorable. ~


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