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Indignación

28 abr 2018 / 21:11 h - Actualizado: 28 abr 2018 / 22:45 h.
"Siempre de frente"

He estado dando vueltas para esquivar el asunto de la semana. Quería pasear guiada por el pregón de Juanma Labrador entre Sevilla y Triana recorriendo devociones íntimas que están recuperando el brío de otros tiempos, detenerme en sus detalles y reconocer su historia siguiendo las explicaciones del pregonero mientras nos deleitamos ante las imágenes letíficas de esta Sevilla mariana acompañados por los acordes de las marchas que trufaron su intervención el viernes en la Catedral.

Quería asirme a ese «vamos a dejar las cosas que han salido bien tal cual» para mantener el acuerdo de la Madrugá de este 2018 para la próxima Semana Santa con algún retoque que ya solo depende y atañe a una hermandad, la de la Esperanza de Triana, que podría tomar por Méndez Núñez para no tener que aguardar comprimida en el entorno de la Magdalena –parroquia y plaza– mientras El Calvario sale y, pasando por el Museo, alcanzar la Campana; pero sobre todo como argumento de la Macarena para repetir su paso por la Alfalfa. Y pensaba incluso aplicar este axioma para defender el Martes Santo al revés, que resultó como un reloj.

Quería deleitarme ante todos los anuncios que nos aproximan un nuevo Pentecostés en las Rocinas: la restauración del Simpecado trianero, los carteles de las hermandades de Sevilla y Triana, el pregón de Juan Márquez ayer en Villamanrique, o ese extenso, completo y variado programa de actos –con himno y exaltación de Rafa Serna y película de Carlos Colón y Carlos Valera– diseñado por la Matriz para conmemorar el primer centenario de la coronación de la Virgen del Rocío, promovida por el canónigo hinojero Muñoz y Pabón en las páginas del decano de la prensa sevillana; la corona que las filiales regalarán a la Reina de las Marismas y la que Almonte ofrendará al Pastorcito Divino, diseñadas por los sevillanos Hermanos Delgado.

Buscaba excusas en temas cofradieros para esquivar comentar esa sentencia que ha indignado prácticamente a todos los españoles y que, ciertamente, no tiene nada que ver con estos asuntos. Pero no lo he logrado. No soy capaz de aislarme hasta ese punto, ni creo que ninguna persona lo sea. Ni ningún cristiano deba: tenemos que denunciar las injusticias, aunque sean cometidas en nombre de la Justicia. Probablemente los jueces del tribunal de la Audiencia de Pamplona se hayan ceñido estrictamente a las pruebas y han aplicado las leyes tal como están –lo del voto separado supera cualquier capacidad de indignación– pero que no se planteen si quiera que una mujer sola ante cinco hombres a los que no conocen no tiene más defensa que aguantar que pase todo y denunciar esperando una mínima reparación de lo sufrido y que esto se llama violación –o agresión sexual, como se recoge en el Código Penal– es que no tienen sensibilidad para ponerse del lado de la víctima. De momento, van a cambiar las leyes. Y los cofrades tenemos que estar con los que sufren.


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